CONTENIDO

         Capítulos
  1. El uso de anticonceptivos orales
  2. Continuación y cambio
  3. Cómo pueden ayudar los medios de difusión pública
  4. Orientacíon sobre la píldora
  5. Mantener al día las directrices científicas
  6. Mejoramiento del acceso

Temas principales

Publicación del Population Information Program, Center for Communication Programs, The Johns Hopkins School of Public Health, 111 Market Place, Suite 310, Baltimore, Maryland 21202-4012, USA

Volumen XXVIII, Número 2
Verano del 2000
Serie A, Número 10
Anticonceptivos orales

Parcialidad de los dispensadores de atención

Algunos dispensadores de atención se dejan llevar por sus opiniones personales y no dejan que las clientes elijan libremente entre todos los métodos disponibles (199). Por lo común, les imponen sus propios valores sociales. Por ejemplo, casi un tercio de los dispensadores de atención de Burkina Faso y cerca de 10% de ellos en Kenia dijeron que piden el consentimiento del cónyuge para el uso de AO (137). Muchos dispensadores e incluso programas de planificación familiar se niegan a ofrecer sus servicios a las jóvenes, especialmente si no están casadas (161).

Los dispensadores de atención pueden creer erróneamente que algunos grupos de mujeres no pueden usar la píldora eficazmente. En Vietnam, por ejemplo, los dispensadores de atención a menudo se abstienen de recomendar AO porque piensan que las clientes no pueden acordarse de tomar una píldora todos los días (78). También en Sudáfrica las mujeres con menos educación usan sobre todo inyectables, mientras que las que han recibido más educación usan, en su mayoría, la píldora. Esto se debe a que los dispensadores de atención suponen erróneamente que sólo las mujeres con una buena educación pueden usar la píldora regular y correctamente (41, 174). Otros pueden juzgar a las clientes de acuerdo a su condición socioeconómica y tratar mejor a las de condición socioeconómica más alta. En Gujarat, India, por ejemplo, se encontró en un estudio de dispensadores de AO que éstos dedicaban más tiempo a la orientación de clientes de posición social más alta (204). Muchos dispensadores de atención son descorteses con las clientes pobres, como se encontró en un estudio llevado a cabo en Bangladesh (190).

Algunos dispensadores de atención forman su opinión de acuerdo a la percepción que tienen de la situación particular de la mujer. Por ejemplo, si los dispensadores de atención piensan que una mujer no quiere que su marido sepa que usa anticonceptivos, tal vez no le ofrezcan la píldora pues suponen que si ella esconde el paquete de píldoras le resultará muy difícil tomarlas regularmente (15).

La parcialidad de los dispensadores de atención y de los programas en favor de los AO puede en realidad contribuir al uso ineficaz y la interrupción temprana entre algunas usuarias. Ningún método es ideal para todas las usuarias todo el tiempo. Si los dispensadores de atención tienen la noción preconcebida de que ciertas clientes “deberán” usar AO, algunas de las clientes terminarán con un método que no es muy adecuado para ellas. Es poco probable que estas clientes usen la píldora correctamente o por largo tiempo. De manera similar, los programas que ofrecen AO y sólo uno o dos métodos más dejan a muchas mujeres con la sola alternativa de usar AO, sea que les resulten o no adecuados.


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