CONTENIDO

         Capítulos
  1. La brecha entre el uso y la necesidad: una crisis sanitaria
  2. El comportamiento sexual y los condones
  3. Conocimiento de los condones y del SIDA
  4. ¿Cuán eficaces son los condones?
  5. Nuevos condones para el nuevo milenio
  6. Mejoramiento del acceso
  7. Promoción de los condones
  8. Políticas para incrementar el uso de condones

TEMA PRINCIPALES

Publicación del Population Information Program, Center for Communication Programs, The Johns Hopkins University School of Public Health, 111 Market Place, Suite 310, Baltimore, Maryland 21202,USA


Volumen XXVII, Número 1,
Abril de 1999

Serie H, Número 9
El comportamiento sexual
     y los condones


Algunos llaman al SIDA la “enfermedad comportamental” (12). Si el número de personas que evitan el comportamiento sexual arriesgado fuera mayor—usando condones o absteniéndose de tener relaciones sexuales excepto dentro de una relación monógama—ellas podrían evitar contraer infecciones de transmisión sexual (ITS) como el SIDA.

Pero no es probable que el comportamiento de la mayoría de las personas respecto del condón llegue a cambiar, a menos que las normas sociales cambien (74). En algunas culturas las poderosas normas que rigen la masculinidad desalientan el uso del condón y fomentan la conducta sexual arriesgada de los hombres, como las visitas a trabajadoras del comercio sexual (TCS) y las relaciones sexuales con numerosas compañeras. Algunas personas pueden pensar, equivocadamente, que corren poco o ningún riesgo. Otras tal vez eviten los condones porque no les inspiran confianza o les disgusta la idea de usarlos.

Es evidente que si los condones fueran más accesibles y se promovieran más, habría más personas que los usen (ver Capitulo 6). Pero el acceso y la promoción no son suficientes. Al aumentar la necesidad del uso de condones y prestarse más atención a las relaciones sexuales libres de riesgo, las cuestiones relativas a la confianza, la negociación y la comunicación entre las parejas están adquiriendo creciente importancia y necesitan ser abordadas por los programas.

Normas sociales y culturales

Las normas sociales y culturales, y especialmente las normas relativas al género, suelen hacer desistir a las personas de usar condones, incluso cuando están en peligro de contraer ITS. Las normas incitan a los hombres a llevar una vida sexual que los pone en riesgo y disuaden a las mujeres de cuestionar la actividad sexual del compañero (186).

La desigualdad de los géneros—el hecho de que las mujeres tengan menos poder que los hombres—impide que muchas mujeres usen condones o incluso que hablen sobre su uso con la pareja (269, 339, 440, 566, 587). Para pedirle al marido que use condones se necesita que la esposa sea más decidida que lo establecido por las normas en la mayoría de las culturas (237, 563).

En general, cuando las mujeres dependen de los hombres, es más difícil para ellas proteger su salud reproductiva (148, 566, 587). En África Oriental y Central, por ejemplo, las mujeres que creen que sus maridos están infectados por el VIH, aún aceptan tener relaciones sexuales sin condones porque la procreación es importante para su posición en la familia y la comunidad (62, 310, 357). En un estudio de mujeres tailandesas se encontró que, para ser una “buena mujer” en la sociedad tailandesa, la esposa debe aceptar que el marido pueda tener numerosas compañeras sexuales, aunque ella no pueda hacer lo mismo (241, 297).

Aun las mujeres que saben que sus maridos tienen relaciones extraconyugales, temen sugerirles que usen condones (339, 600). Para algunas, el temor que les inspira el SIDA no es tan grande como el temor de represalias por haberles sugerido que usen condones (54, 358). Muchas esposas tienen miedo de que si le piden al marido que use condones éste las acuse de infidelidad, reaccione violentamente o las abandone (4, 55, 204, 237).

En un estudio de nueve comunidades de Nepal se encontró que la preocupación de las mujeres por tener un “buen carácter” solía disuadirlas de usar condones. La sola mención del uso de condones por una mujer llevaría a poner en duda su buen carácter y fidelidad (490). En Kenya las esposas dijeron que no podían hablar con sus maridos sobre cuestiones sexuales por temor a que se las acusara de haber aprendido esas cosas en una relación extraconyugal (45).

Comportamiento de los hombres. En la mayoría de las culturas los hombres tienen más poder que las mujeres para elegir condones. Pero aunque sepan que la actividad sexual sin protección puede ser peligrosa, los hombres a menudo no se protegen a sí mismos ni a su compañera a causa de la presión de sus iguales contra los condones (289). Viceversa, es más probable que los hombres usen condones si piensan que ésa es la norma social. En los lugares de trabajo de Uganda, por ejemplo, los hombres que concordaron en que “muchos de los hombres que trabajan aquí ahora usan condones” tenían una probabilidad tres veces mayor de haber usado condones en los últimos dos meses que los hombres que no estaban de acuerdo con esa declaración (345). También en un estudio de adolescentes norteamericanos se encontró que era más probable que usaran siempre condones si pensaban que sus compañeros también los usaban (513).

En Tailandia, anteriormente al fructífero Programa del 100 Por Ciento de Uso de Condones (ver Capitulo 7.4), la tasa del uso de condones era baja aun entre los hombres que frecuentaban las trabajadoras del comercio sexual (TCS) porque los amigos despreciaban el uso del condón. Desde el inicio de la campaña, el uso de condones ha estado aumentando, a medida que cambian las normas en respuesta a la percepción creciente de que la actividad sexual sin protección es peligrosa (241, 297).


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