CONTENIDO

         Capítulos
  1. La brecha entre el uso y la necesidad: una crisis sanitaria
  2. El comportamiento sexual y los condones
  3. Conocimiento de los condones y del SIDA
  4. ¿Cuán eficaces son los condones?
  5. Nuevos condones para el nuevo milenio
  6. Mejoramiento del acceso
  7. Promoción de los condones
  8. Políticas para incrementar el uso de condones

TEMA PRINCIPALES

Publicación del Population Information Program, Center for Communication Programs, The Johns Hopkins University School of Public Health, 111 Market Place, Suite 310, Baltimore, Maryland 21202,USA


Volumen XXVII, Número 1,
Abril de 1999

Serie H, Número 9

La idea que se tiene de los condones

En algunos lugares la idea que se tiene del condón plantea un problema. Algunas personas tienen una opinión negativa del condón por experiencia personal, pero en general el problema consiste en la mala fama, los falsos rumores y los mitos que lo rodean (19, 31, 82, 214, 219, 224, 519). Las personas por lo común relacionan los condones con el desaseo, relaciones sexuales ilícitas, infidelidad y comportamiento inmoral (10, 31, 55, 63, 77, 484, 570).

En Brasil y Guatemala las mujeres entrevistadas dijeron que el condón es para “las mujeres de la calle, no del hogar”; en Jamaica el condón es para “fuera, no dentro de la relación”; en Sudáfrica se usa sólo en las “relaciones por detrás de la puerta” (440). En África Occidental muchos hombres creen que el uso del condón es apropiado con las novias o compañeras ocasionales, pero no con la esposa (219).

La percepción negativa cambiante de los condones puede ayudar a incrementar su uso. El uso del condón deberá pasar a ser la norma de la comunidad y la práctica esperada cuando haya riesgo de VIH u otras ITS (155) (ver el recuadro La creación de una imagen positiva del uso de condones).

Percepción del riesgo

Muchas personas realmente en riesgo de contraer el VIH/SIDA u otra ITS piensan que enfrentan escaso riesgo y por lo tanto no tienen mucha motivación para usar condones (76). En Georgetown, Guyana, por ejemplo, donde 25% de la población adulta está infectada por el VIH, 40% de los trabajadores del comercio sexual dijeron que no pensaban que estaban en riesgo (81).

Para algunas personas los riesgos del SIDA son vagos y distantes y por lo tanto no les preocupan tanto como la molestia y la pérdida del placer sexual que asocian con los condones (413, 587). En Sudáfrica, por ejemplo, para los que trabajan en las minas de oro y tienen relaciones con trabajadores sexuales, generalmente el riesgo de desarrollar el SIDA alguna vez en el futuro parece menos real y por lo tanto menor que los grandes riesgos que enfrentan diariamente en el trabajo (74).

Una persona casada puede estar en riesgo de contraer el VIH/SIDA u otras ITS porque no se da cuenta que el cónyuge tiene otra pareja sexual. Muchas esposas creen que están en una relación monógama, aunque quizá no seguras (204, 260, 440, 487). La evaluación correcta de su propio riesgo depende de lo que saben acerca del comportamiento sexual del marido (99, 296, 318).

Confianza, negociación y comunicación

Como el condón es el único método anticonceptivo que claramente previene la transmisión de las ITS, la epidemia del SIDA ha obligado a prestar nueva atención y considerar urgentes las cuestiones del uso de condones en las que están involucradas la confianza, la negociación y la comunicación entre los compañeros sexuales (77, 336).

Muchas personas consideran que denota desconfianza pedir al compañero íntimo que use un condón (31, 69, 110, 219, 316, 601). Sobre todo en una larga relación, el pedir que se use un condón podría indicar desconfianza en lugar de solicitud (82, 259, 335, 341, 437, 504, 519, 521, 570).

A menudo una pareja usará el condón al principio de la relación sexual, pero lo cambiarán por otro método anticonceptivo a medida que aumente la confianza mutua y disminuya la preocupación por las ITS (237, 372). Las parejas deberían usar condones hasta haber tenido una relación monógama por al menos tres meses y haber comprobado que ambos son VIH-negativos (569). Como la infecciosidad es máxima inmediatamente después de infectarse, la estrategia de usar condones por varios meses con cada nueva pareja podria desacelerar considerablemente la epidemia del SIDA (412).


Proyecto de USAID/DMO para la Prestación de Mejores Servicios de Salud
La crisis del SIDA ha llevado a que se preste atención especial a las cuestiones relacionadas con la confianza, la negociación y la comunicación entre los compañeros sexuales.

Aun cuando una persona sepa o sospeche infidelidad, tal vez no pida condones por parecerle más importante mantener la relación conyugal que evitar el riesgo de futuras consecuencias para la salud (77, 372, 566). En Tailandia algunas esposas declararon que confiaban en que sus maridos usaban condones cuando visitaban a trabajadoras del comercio sexual (241, 297).

Para muchas mujeres, casadas o no casadas, puede resultar difícil negociar el uso del condón (172, 601). En Ghana, las mujeres jóvenes no casadas de grupos de enfoque decían a menudo que era “imposible” negociar el uso del condón. Como dijo una mujer: “El hombre ya está listo para actuar. Me tiene agarrada y hará lo que se le antoje” (214). En una encuesta de Uganda sólo un cuarto de los entrevistados dijeron que es aceptable que una mujer casada le pida al marido que use condones, en comparación con dos tercios que dijeron que una mujer no casada puede pedir eso (62). Las trabajadoras sexuales puede ser más capaces de negociar el uso del condón con los hombres porque la discusión no es emocional (417, 601).

Comunicación sobre las relaciones sexuales. Es necesario aprender a hablar directamente sobre las relaciones sexuales. Mientras algunas parejas discuten esta cuestión y cooperan para tomar la decisión de usar condones, gran parte de la comunicación es indirecta. En su mayoría, las personas llegan a conocer las necesidades sexuales de la pareja a través de una combinación de sugerencias y lenguaje corporal no verbal y no a través de la comunicación directa (53, 62, 110, 250). La comunicación indirecta, por otra parte, da más lugar a interpretaciones erróneas que una conversación franca.

Los “no conversadores” enfrentan un riesgo más grande de ITS que los “conversadores” porque la falta de comunicación suele prevenir el comportamiento preventivo eficaz—especialmente el comportamiento que requiere cooperación, como el uso del condón (287). En el análisis de datos de las EDS de Kenya, por ejemplo, se encontró que el nivel de uso de anticonceptivos era tres veces más alto (del 36%) entre las parejas que hablaban frecuentemente sobre su vida sexual que entre los que no se comunicaban (381).


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