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Abril de 1999 Serie H, Número 9 |
Cómo asegurar la financiación de los condonesHasta el día lejano en que todos puedan permitirse comprar condones, los programas públicos deberán continuar suministrando condones gratis o a precios subvencionados. El problema está en que, en un momento en que la necesidad es enorme y la demanda popular de condones está creciendo, el compromiso de los donantes de sostener los suministros de anticonceptivos puede estar titubeando, mientras muchas otras necesidades urgentes de la salud reproductiva compiten por la atención de los donantes. Desde 1991 ha aumentado el número total de donantes para la asistencia en materia de población (202). Los fondos totales para la asistencia en materia de población de los países donantes aumentó aproximadamente al doble entre 1990 y 1996 (117), y la financiación de productos anticonceptivos también aumentó. Además, varias fundaciones caritativas han aumentado su apoyo (57, 117). Pero aunque la necesidad de asistencia probablemente se duplique en el próximo decenio, no se prevé que el nivel de financiación se duplique otra vez (518). Si no se alcanza a satisfacer la necesidad total de financiación, los suministros de condones serán limitados. En muchos países en desarrollo los condones se han ofrecido gratuitamente o a bajo costo gracias a la financiación de los gobiernos nacionales y los donantes internacionales. En 1997 los donantes proporcionaron más de US$50 millones para suministrar condones a países en desarrollo (552). Algunos donantes internacionales han indicado que probablemente no puedan o no deseen continuar suministrando un número creciente de condones y otros productos anticonceptivos por un futuro indefinido (12, 337, 475, 547). Si el compromiso de los donantes fuera a declinar apreciablemente, advierten algunos expertos, varios programas podrían quedarse sin condones (427). De manera similar, si los donantes no se mantienen a la par de la demanda creciente, los condones podrían escasear. Los programas y donantes no pueden hacer planes para todas las contingencias. La crisis financiera del sudeste de Asia que comenzó en 1998 es un ejemplo. Aunque los fondos de los donantes y los préstamos de los bancos internacionales pueden verse poco afectados por la crisis económica (215), los fondos de los gobiernos de los países en desarrollo para la prevención del VIH/SIDA y otras necesidades de salud pública se han vuelto escasos (588). En 1998, por ejemplo, el Ministerio de Salud Pública de Tailandia recortó el presupuesto para el SIDA en un 25% (550). Los servicios de salud reproductiva para los jóvenes y las mujeres han sufrido especialmente un duro golpe.
Se desconoce cuánto dinero exactamente se ahorra con la prevención de ITS en comparación con el tratamiento (497). Es posible, sin embargo, hacer estimaciones si se calcula el riesgo de contraer el VIH por tener relaciones sexuales sin protección y se comparan luego los costos sanitarios subsiguientes del tratamiento del VIH/SIDA con los costos mucho más bajos del uso de condones. En los Estados Unidos, por ejemplo, se estima que cada caso de SIDA cuesta de $100.000 a $200.000 en gastos de atención médica a lo largo de la vida (251, 277, 409). En el caso de hombres heterosexuales en alto riesgo, se estima en un cálculo que se ahorran más de US$27 por condón; en el caso de hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres, el ahorro por condón es de más de US$530 si los condones se usan habitualmente con múltiples compañeros (407, 408). La magnitud de la diferencia sugiere que en los Estados Unidos la promoción de los condones es evidentemente una buena inversión. En los Estados Unidos los costos totales de atención médica en el tratamiento de ITS, incluido el VIH/SIDA, fueron de casi $17.000 millones en 1994 (67, 155). Al continuar propagándose la epidemia del SIDA, los programas de prevención son más que nunca una urgente prioridad y una inversión atinada de los fondos públicos: muchas vidas están en juego (192). La difusión del uso de condones merece un enfoque estratégico coordinado en el que participen todos los interesados: los gobiernos nacionales, los donantes internacionales, las ONG, los programas de comercialización social, los proveedores de asistencia técnica, los proveedores individuales de atención de salud, los educadores y comunicadores, y el sector comercial. El cierre de la brecha entre la necesidad y el uso de condones es una responsabilidad de todos en el campo de la atención de salud reproductiva. |