CONTENIDO

         Capítulos
  1. La brecha entre el uso y la necesidad: una crisis sanitaria
  2. El comportamiento sexual y los condones
  3. Conocimiento de los condones y del SIDA
  4. ¿Cuán eficaces son los condones?
  5. Nuevos condones para el nuevo milenio
  6. Mejoramiento del acceso
  7. Promoción de los condones
  8. Políticas para incrementar el uso de condones

TEMA PRINCIPALES

Publicación del Population Information Program, Center for Communication Programs, The Johns Hopkins University School of Public Health, 111 Market Place, Suite 310, Baltimore, Maryland 21202,USA


Volumen XXVII, Número 1,
Abril de 1999

Serie H, Número 9

Cómo asegurar la financiación de los condones

El cierre de la brecha entre la necesidad y el uso de condones costará mucho dinero. En los países desarrollados prácticamente todos los que necesitan condones tienen los medios para comprarlos al precio del mercado. Pero en muchos países en desarrollo aun el precio de un solo condón puede ser demasiado alto para muchos (418).

Hasta el día lejano en que todos puedan permitirse comprar condones, los programas públicos deberán continuar suministrando condones gratis o a precios subvencionados. El problema está en que, en un momento en que la necesidad es enorme y la demanda popular de condones está creciendo, el compromiso de los donantes de sostener los suministros de anticonceptivos puede estar titubeando, mientras muchas otras necesidades urgentes de la salud reproductiva compiten por la atención de los donantes.

Desde 1991 ha aumentado el número total de donantes para la asistencia en materia de población (202). Los fondos totales para la asistencia en materia de población de los países donantes aumentó aproximadamente al doble entre 1990 y 1996 (117), y la financiación de productos anticonceptivos también aumentó. Además, varias fundaciones caritativas han aumentado su apoyo (57, 117). Pero aunque la necesidad de asistencia probablemente se duplique en el próximo decenio, no se prevé que el nivel de financiación se duplique otra vez (518).

Si no se alcanza a satisfacer la necesidad total de financiación, los suministros de condones serán limitados. En muchos países en desarrollo los condones se han ofrecido gratuitamente o a bajo costo gracias a la financiación de los gobiernos nacionales y los donantes internacionales. En 1997 los donantes proporcionaron más de US$50 millones para suministrar condones a países en desarrollo (552). Algunos donantes internacionales han indicado que probablemente no puedan o no deseen continuar suministrando un número creciente de condones y otros productos anticonceptivos por un futuro indefinido (12, 337, 475, 547). Si el compromiso de los donantes fuera a declinar apreciablemente, advierten algunos expertos, varios programas podrían quedarse sin condones (427). De manera similar, si los donantes no se mantienen a la par de la demanda creciente, los condones podrían escasear.

Los programas y donantes no pueden hacer planes para todas las contingencias. La crisis financiera del sudeste de Asia que comenzó en 1998 es un ejemplo. Aunque los fondos de los donantes y los préstamos de los bancos internacionales pueden verse poco afectados por la crisis económica (215), los fondos de los gobiernos de los países en desarrollo para la prevención del VIH/SIDA y otras necesidades de salud pública se han vuelto escasos (588). En 1998, por ejemplo, el Ministerio de Salud Pública de Tailandia recortó el presupuesto para el SIDA en un 25% (550). Los servicios de salud reproductiva para los jóvenes y las mujeres han sufrido especialmente un duro golpe.

Condones—Una buena inversión

Los programas eficaces de prevención de ITS que proporcionan condones son una buena inversión de los fondos públicos (377, 439, 587). En general, el mayor uso de los condones lleva a tasas más bajas de infección por el VIH, y las tasas más bajas de infección significan que los fondos pueden transferirse del cuidado de los casos de SIDA a otras necesidades sanitarias, que la fuerza de trabajo no está diezmada por trabajadores que se enferman, y que quedan menos niños huérfanos a cargo del Estado (128). El incremento de las actividades de prevención contribuiría finalmente a reducir el número de casos que necesitan tratamiento (587). En Nairobi, Kenya, por ejemplo, donde se distribuyeron condones gratis entre 500 trabajadores sexuales, de los cuales casi todos estaban infectados por el VIH, el uso de condones entre ellos se elevó del 10% al 80%, previniendo según las estimaciones, 10.000 nuevos casos de infección por VIH por año (368).

Se desconoce cuánto dinero exactamente se ahorra con la prevención de ITS en comparación con el tratamiento (497). Es posible, sin embargo, hacer estimaciones si se calcula el riesgo de contraer el VIH por tener relaciones sexuales sin protección y se comparan luego los costos sanitarios subsiguientes del tratamiento del VIH/SIDA con los costos mucho más bajos del uso de condones. En los Estados Unidos, por ejemplo, se estima que cada caso de SIDA cuesta de $100.000 a $200.000 en gastos de atención médica a lo largo de la vida (251, 277, 409).

En el caso de hombres heterosexuales en alto riesgo, se estima en un cálculo que se ahorran más de US$27 por condón; en el caso de hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres, el ahorro por condón es de más de US$530 si los condones se usan habitualmente con múltiples compañeros (407, 408). La magnitud de la diferencia sugiere que en los Estados Unidos la promoción de los condones es evidentemente una buena inversión. En los Estados Unidos los costos totales de atención médica en el tratamiento de ITS, incluido el VIH/SIDA, fueron de casi $17.000 millones en 1994 (67, 155).

Al continuar propagándose la epidemia del SIDA, los programas de prevención son más que nunca una urgente prioridad y una inversión atinada de los fondos públicos: muchas vidas están en juego (192). La difusión del uso de condones merece un enfoque estratégico coordinado en el que participen todos los interesados: los gobiernos nacionales, los donantes internacionales, las ONG, los programas de comercialización social, los proveedores de asistencia técnica, los proveedores individuales de atención de salud, los educadores y comunicadores, y el sector comercial. El cierre de la brecha entre la necesidad y el uso de condones es una responsabilidad de todos en el campo de la atención de salud reproductiva.


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