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Octubre 1995 |
Los adultos jóvenes y el uso de anticonceptivosPocas son las parejas jóvenes no casadas que recurren a un método anticonceptivo la primera vez que tienen relaciones sexuales. Entre las mujeres de 15 a 24 años de edad encuestadas en América Latina y el Caribe, los niveles de uso de anticonceptivos la primera vez de la relación sexual variaron del 4% en Quito al 43% en Jamaica. Entre los hombres de 15 a 24 años, los porcentajes que usaban anticonceptivos la primera vez de la relación sexual variaban del 14% en Quito y Guayaquil al 31% en México, D.F. El uso la primera vez de la relación sexual aumenta con la edad (338). En estudios realizados en los Estados Unidos y otros países se ha encontrado que las mujeres dejan pasar por lo menos un año, término medio, entre el comienzo de la actividad sexual y la primera vez que usan anticonceptivos modernos (17, 108, 245). De allí que la actividad sexual premarital suele resultar en un embarazo involuntario. En México, D.F., casi dos tercios de las mujeres de 18 a 19 años de edad con experiencia sexual premarital declararon que habían estado embarazadas al menos una vez (337). En un estudio realizado en Zimbabwe, 46% de las mujeres de 11 a 19 años de edad sexualmente activas antes del matrimonio habían estado embarazadas (62). Muchos embarazos no planeados se producen dentro del año siguiente a la primera relación sexual (108, 562). Por ejemplo, de 200 mujeres de 16 años que dieron a luz en el Hospital de Maternidad de Harare, Zimbabwe, más de la mitad habían quedado embarazadas dentro de los tres meses siguientes al inicio de la actividad sexual (304). ¿Por qué no hay más jóvenes que practiquen la anticoncepción si mantienen relaciones sexuales? Las razones más comunes citadas por los jóvenes de ambos sexos para explicar la falta de uso de anticonceptivos es que no esperaban la relación sexual. La segunda razón más común es que no estaban enterados de la anticoncepción (255, 337, 138). Otras razones por las cuales el uso de anticonceptivos es bajo pueden ser más sutiles y aún más difíciles de abordar. Falta de información. Los jóvenes suelen saber muy poco o tener información incorrecta sobre la fertilidad y la anticoncepción. Los hombres jóvenes tienden más que las mujeres a mencionar la falta de conocimiento y a decir que es responsabilidad de la compañera evitar el embarazo (39, 49, 337). Incluso cuando los jóvenes de ambos sexos pueden nombrar anticonceptivos, a menudo no saben dónde conseguirlos o cómo usarlos (13, 118). Como numerosos adultos, muchos jóvenes tienen una actitud negativa hacia los anticonceptivos, han oído rumores falsos y han recibido información engañosa sobre la anticoncepción. En Kenya y Nigeria, por ejemplo, los estudiantes habían oído hablar de los anticonceptivos pero citaban incorrectamente los efectos secundarios peligrosos (39). Falta de acceso. Aun cuando los adultos jóvenes estén enterados de la anticoncepción, pocos de ellos la practican (13, 14, 294). Esto puede deberse por lo común a que para los adultos jóvenes es más difícil conseguir anticonceptivos que para las parejas casadas de más edad. Los primeros gozan generalmente de buena salud y no están acostumbrados a visitar dispensarios o dispensadores de asistencia sanitaria. No saben dónde ir ni qué esperar. Muchos no pueden pagar los servicios o el transporte al dispensario. Las leyes suelen prohibir o limitar la provisión de servicios anticonceptivos, o incluso la información sobre el tema, a los jóvenes (113, 371). Aunque el acceso no esté restringido por ley, algunos servicios de planificación familiar tienen políticas o prejuicios en contra de la prestación de servicios a los que no están casados. El personal descortés u ofensivo tal vez lleve a disuadir a los jóvenes de obtener anticonceptivos. En un estudio de Sudáfrica, por ejemplo, jóvenes trabajadores locales que simulaban ser clientes informaron que el personal de algunos dispensarios se resistía a aceptar pedidos de condones, y a menudo no suministraban instrucciones sobre el uso del condón (5). Falta de poder decisorio y falta de autoridad. Aunque los jóvenes posean información sobre los anticonceptivos y acceso a los servicios, muchos factores contextuales influyen en sus prácticas anticonceptivas. El grado de comunicación entre la pareja, las maneras de pensar acerca de los papeles sociales y sexuales y la naturaleza prohibitiva de la actividad sexual influyen en la adopción de decisiones de los adultos jóvenes sobre su vida sexual (51, 359). En muchas culturas, por ejemplo, las cuestiones relacionadas con la sexualidad raramente se discuten, incluso entre los cónyuges. Los jóvenes que no están casados probablemente se sientan aún menos inclinados a discutir el tema de la anticoncepción. Muchos adultos jóvenes consideran que la anticoncepción es algo que atañe solo a los adultos casados que quieren espaciar sus hijos (430). Algunos hombres y también algunas mujeres tal vez estén en contra de la anticoncepción porque creen que fomenta la infidelidad de la mujer (49, 359, 515). Además, las actitudes sociales que condenan a las niñas que planean su vida sexual, combinadas con la percepción de que esos planes malogran el romanticismo, tal vez no detengan la actividad sexual pero pueden inhibir el uso de anticonceptivos. Esas actitudes contribuyen a que aumente la vulnerabilidad de las niñas a las enfermedades de transmisión sexual (ETS) y al embarazo (49, 515). Además, las jóvenes, especialmente las que tienen relaciones con compañeros de más edad, pueden sentirse avergonzadas de discutir o negociar el uso de anticonceptivos. Algunos jóvenes no pueden usar anticonceptivos porque la relación sexual es indeseable y forzada (véase la Capitulo 2.2, Violencia y coerción sexual). |