Population Reports, Serie J, Número 41

CONTENIDO

        Capítulos
  1. Números crecientes, necesidades diversas
  2. Crecimiento, cambios y riesgos
  3. Programas para adultos jóvenes
  4. Resultados de las evaluaciones
  5. Cómo ganar el apoyo de la comunidad y los adultos jóvenes

TEMAS PRINCIPALES

Junto con este número: Publicación del Population Information Program, Center for Communication Programs, The Johns Hopkins School of Public Health, 111 Market Place, Suite 310, Baltimore, Maryland 21202-4012, USA.


Volumen XXIII, Número 3
Octubre 1995

Métodos y necesidades de la evaluación

Como ya se observó, casi todas las evaluaciones de los programas para jóvenes han evaluado los cursos sobre educación para la vida familiar que se dictan en escuelas de Estados Unidos. Lo típico es que los estudiantes se dividen en dos grupos: el grupo experimental y el grupo testigo. Antes y después del programa de educación para la vida familiar se toma una prueba a ambos grupos sobre lo que saben del contenido del programa y sus actitudes hacia el comportamiento y la práctica del comportamiento promovido en el curso. Los programas de educación para la vida familiar fuera de los Estados Unidos no han sido bien evaluados ni siquiera bien descritos. Los programas de extensión, la distribución de condones y los dispensarios de salud, suelen tener poca oportunidad y pocos recursos para realizar una extensa evaluación. Pueden, sin embargo, medir las aportaciones, como la calidad del asesoramiento entre compañeros, o los resultados, como el número de condones distribuidos, incluso si no pueden encuestar a los clientes.

Se necesitan más investigaciones sobre todos los tipos de programas para jóvenes en una variedad de países —especialmente investigaciones que contribuyan más a mejorar el diseño y la ejecución de los programas. Por ejemplo, los programas podrían beneficiarse si aprenden más sobre 1) cuáles elementos del programa son los más importantes para alcanzar los objetivos establecidos; 2) cuánta participación o exposición se necesita para aumentar los conocimientos, modificar las actitudes e influir en el comportamiento; 3) los costos y la eficacia en función de los costos; y 4) la eficacia de diferentes métodos de capacitación y enseñanza. Naturalmente, los métodos e indicadores de la evaluación deben ajustarse al tipo y tamaño del programa. Por ejemplo, la evaluación de la comunicación por los medios de difusión puede medir la recordación, comprensión y aprobación de los mensajes, la percepción de que los demás aprueban, la intención de actuar, tomar acción y abogar por algo con otros (575).

Varias iniciativas recientes tratan de identificar los métodos más eficaces para fomentar el comportamiento más seguro entre los jóvenes en los países en desarrollo. Un grupo de trabajo sobre servicios de salud reproductiva para adultos jóvenes que representa a un número de organizaciones que trabajan en esta área, muchas de ellas con apoyo de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), ha preparado un manual de indicadores que servirá para evaluar programas para jóvenes (459). En 1996 la Organización Mundial de la Salud publicará un documento técnico sobre la aceleración de programas de salud para adultos jóvenes. En el informe se identificarán intervenciones que han tenido éxito y se dicutirán estrategias, inclusive distintas maneras de movilizar recursos para ampliar los programas piloto o de pequeña escala (551). También en 1996 Pathfinder International, en colaboración con el Futures Group y la Universidad de Tulane, iniciarán un proyecto quinquenal apoyado por USAID para promover la comprensión de las necesidades de salud de los jóvenes y para identificar estrategias programáticas que incrementen la práctica de la abstinencia y otros tipos de comportamiento sexual sin riesgo.


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