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Octubre 1995 |
Cómo conseguir el apoyo de la comunidadLa enseñanza y servicios de salud reproductiva para los adultos jóvenes atraen, por lo tanto, la atención del público y genera controversias. Líderes religiosos, políticos, educadores o los padres pueden desaprobar esos programas. A veces esta oposición toma por sorpresa a los profesionales de la salud. Estos consideran que esos programas están destinados a mejorar y proteger la salud —una meta que supuestamente todos comparten. Pero la salud no es la primera preocupación de muchos opositores de los programas. Estos suelen ver el comportamiento sexual como una cuestión moral o como una cuestión de autoridad paterna. Pueden argumentar que solo los padres o los líderes religiosos deberán enseñar a los jóvenes lo relativo a la sexualidad, y pueden considerar que los profesionales de la salud o la educación son fuentes inadecuadas de información y orientación. En efecto, casi todos los adultos concuerdan en que los padres deberán hablar con sus hijos sobre la sexualidad y el comportamiento sexual. También en lugares tan diversos como Kenya, México y Zaire los líderes comunitarios han sido fuentes respetadas de educación sexual por generaciones (31, 40, 252, 256, 279). En cambio, los programas organizados que compartirían esta responsabilidad son una idea nueva. De modo que el ganar el apoyo de la comunidad —importante para cualquier programa social— es vital e imperativo para los programas de salud reproductiva para adultos jóvenes. Para ello se requiere ayudar a los padres y a los líderes a comprender las cuestiones sanitarias inherentes al comportamiento sexual de los adultos jóvenes, reconocer la necesidad de un programa de acción, ponerse de acuerdo sobre las soluciones y trabajar con los profesionales de la salud y confiar en ellos para llevar a cabo las soluciones (572). Cómo trabajar con los líderes de la comunidad. Los programas han conseguido el apoyo de la comunidad y de los líderes religiosos formando desde el principio alianzas con líderes favorablemente dispuestos, mostrándoles que las necesidades de salud de los adultos jóvenes son importantes, y haciendo participar a líderes de la comunidad en el diseño y ejecución de programas. En Etiopía, Kenya y las Filipinas, por ejemplo, los programas en marcha informan a los adultos de la comunidad acerca de las necesidades de salud de los jóvenes (200, 351, 449). En México un programa recabó la cooperación de los líderes comunitarios para servir de agentes de extensión en las comunidades pobres, poniendo así a estos líderes en contacto directo con los problemas de la salud reproductiva de los adultos jóvenes (219, 408). En Jamaica, líderes comunitarios ayudaron a diseñar servicios de salud y luego participaron en actividades y vigilancia del programa. Como resultado, el programa se aceptó en una zona donde la disensión comunitaria había menoscabado los esfuerzos anteriores (503). Los profesionales de la atención de salud también son líderes de la comunidad y merecen atención especial. El Programa de Johns Hopkins de Educación Internacional en Salud Reproductiva (JHPIEGO) ha trabajado con médicos en América Latina y otros lugares para establecer normas de calidad de la atención y obtener apoyo para los servicios destinados a los adultos jóvenes (116). Cómo trabajar con los padres. Una buena manera de trabajar con los padres es darles la ayuda y el apoyo que desean para guiar a sus hijos. Los padres y los jóvenes a menudo dicen que quieren conversar acerca de la sexualidad, pero en su mayoría no lo hacen (88, 174, 199, 229, 230, 249, 279, 343, 348, 444) (véase el recuadro ¿Dónde reciben su educación sexual los jóvenes?). Muchos padres postergan las conversaciones con sus hijos quizá porque creen estar mal informados o se sienten incómodos. Algunos no reconocen que la incertidumbre es normal cuando se está aprendiendo a tomar decisiones relacionadas con la sexualidad, y al exigir la estricta obediencia de sus hijos los alejan de ellos. Otros presentan la sexualidad de una manera negativa que los hijos no encuentran creíble (31, 130, 174, 279, 392, 496, 527). Varios programas han ayudado a los padres a comunicarse con sus hijos adolescentes. En un programa de Estados Unidos se consiguió que los padres se dieran cuenta de las presiones que la sociedad ejerce en sus hijos para que sean sexualmente activos. Luego los padres ensayaron distintas maneras de ayudar a sus hijos a resistir esas presiones (68). En las Filipinas la Fundación para el Desarrollo de los Adolescentes (FAD) produjo un video para mostrar a los padres que la forma de comunicarse con sus hijos conforma la manera en que sus hijos se comunican con los demás (449). En un programa escolar de Estados Unidos, los educadores dieron a los estudiantes como deber que hablaran con sus padres acerca de la abstinencia sexual y la anticoncepción. En esta forma de proceder se pasó por alto la resistencia de los padres a iniciar ese tipo de conversación (260). Como parte de un esfuerzo más grande para satisfacer las necesidades de los adultos jóvenes, desde 1986 el Consejo Nacional de Planificación Familiar de Zimbabwe (ZNFPC) ofrece un Programa de Educación de los Padres para ayudarlos a educar a sus hijos adolescentes acerca de la sexualidad humana y la salud reproductiva (594). En Tanzanía, educadores de la comunidad ofrecen un manual para ayudar a los padres a hablar sobre la sexualidad con sus hijos (496). Los adultos jóvenes están de acuerdo en que se informe y ayude a sus padres. En investigaciones realizadas en Ghana y los Estados Unidos, los adultos jóvenes pidieron programas que pongan más al corriente a los padres sobre las presiones puestas en la vida de sus hijos (102, 343). Los programas que valoran las preocupaciones de los padres y buscan que éstos los apoyen pueden hacerlos participar en todas las fases de los proyectos. Los proyectos de salud para los jóvenes han estudiado las opiniones y actitudes de los padres antes de diseñar programas, han ensayado el material con los padres antes de adoptarlos, han organizado grupos asesores para obtener continuamente el consejo de los padres y han pedido a éstos que evalúen los programas (31, 325). |