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Octubre 1995 |
Cómo facilitar el acceso a suministros y serviciosReducir las restricciones legales e informales. La edad para dar consentimiento al tratamiento médico varía de sólo 14 años en partes de Canadá y Nueva Zelandia, a 18 años en Sudáfrica. En algunos lugares, como el Reino Unido, la edad legal para dar consentimiento a los procedimientos médicos es menor que la edad para votar o celebrar contratos legales (371). En vista de la controversia en torno al asesoramiento y tratamiento para menores de edad, muchos departamentos de salud y juntas escolares adoptan la posición conservadora de negar servicios o programas a los jóvenes que son legalmente menores de edad. Muchos adultos jóvenes encuentran que es difícil que se les garantice el secreto profesional. Si los jóvenes no tienen el derecho legal de decidir o de consentir que se les preste atención de salud reproductiva, se les puede negar el secreto profesional. Además, donde la relación sexual es ilegal para menores de edad, algunos arguyen que los dispensadores de atención de salud que ofrecen a los menores asesoramiento o métodos anticonceptivos están condonando actos ilegales (2, 22, 197). En el plano de las normas programáticas y no de la ley, algunos padres insisten en que deberán estar presentes o ser notificados si sus hijos tratan de obtener atención de salud reproductiva. Argumentan que los jóvenes son demasiado inmaduros para comprender el asesoramiento médico o tomar decisiones acerca de su salud y necesitan la guía de sus padres. Los requerimientos relativos al consentimiento del cónyuge también pueden negar el secreto profesional incluso a los jóvenes casados. Cuando las mujeres se casan muy jóvenes, sus maridos, familias o profesionales de la salud pueden no reconocer que tienen derecho a tomar sus propias decisiones sobre su salud reproductiva. Pero muchos adultos jóvenes no desean utilizar los servicios a menos que sean de índole confidencial. Los jóvenes se sienten a menudo tímidos e inseguros y temen el ridículo o la desaprobación. En un estudio realizado en los Estados Unidos, por ejemplo, 30% de las mujeres sexualmente activas menores de 19 años dijeron que no irían a un dispensario de salud reproductiva porque temían que sus padres se enteraran (565). Muchos de los que abogan por los jóvenes recomiendan que los profesionales de la salud estimulen a los jóvenes a conversar con sus padres, pero que también satisfagan las necesidades de salud de los jóvenes sea que los padres intervengan o no (2). Muchos jóvenes encuentran que es más fácil comprar suministros como condones y espermicidas que ir a un dispensario o consejero. De modo que la legislación y las políticas que permiten la venta de anticonceptivos a adultos jóvenes y personas no casadas son importantes. Al mismo tiempo habrá que disponer de otras maneras de distribuir anticonceptivos, sobre todo entre los que no pueden encontrar un lugar donde comprarlos o no pueden costearlos. Modificar las actitudes hostiles, hipercríticas o renuentes. Aún en lugares donde la legislación y políticas dan a los adultos jóvenes acceso a la información y atención de salud reproductiva, puede haber individuos hostiles o renuentes que obstaculizan los procedimientos. Los educadores o dispensadores de atención de salud pueden desaprobar intensamente la manera de comportarse de los adultos jóvenes que son sexualmente activos o aun de los que buscan solo información sobre la sexualidad. Probablemente piensen que deberían decirles cómo deben comportarse. Otros pueden sentirse incómodos si tienen que hablar sobre el tema de la salud reproductiva con los jóvenes u ofrecerles servicios. Las severas críticas autoritarias y la vergüenza, sin embargo, no ayudarán a los jóvenes a desarrollar una actitud positiva hacia la responsabilidad sexual (346). Para evitar los prejuicios, los directores de los dispensarios tendrán que dar al personal orientación clara sobre la manera de tratar a los jóvenes clientes. Los dispensadores de asistencia también tienen que reconocer y reevaluar sus propios sentimientos. En un dispensario de Italia, por ejemplo, algunos dispensadores de servicios reprendían a los jóvenes clientes y les decían que cambiaran de manera de comportarse (110). En Senegal, los auxiliares de enfermería que seleccionaban a las mujeres a la entrada de un dispensario de planificación familiar no dejaban entrar a las jóvenes no casadas (393). En Sudáfrica los empleados de un dispensario se negaban a contestar las preguntas de las jóvenes clientes (5). En estos tres casos los directores de los dispensarios enseñaron al personal a atender a los jóvenes amablemente, en parte ayudando al personal a conocer sus propios sentimientos acerca de la sexualidad entre los jóvenes adultos. Los consejeros deben entender sobre todo que no resultarán eficaces si les dictan a los jóvenes qué deben hacer. Deben ayudarles, en cambio, a tomar decisiones responsables por sí mismos. Los educadores pueden sentirse aún más incómodos que los dispensadores de asistencia cuando tienen que hablar sobre la salud reproductiva con los jóvenes, y además pueden temer la crítica de los padres. Generalmente necesitan apoyo y capacitación adicional para enseñar el material sobre educación para la vida familiar. En Kenya, por ejemplo, muchos directores de escuelas y maestros se oponían a enseñar el tema de la anticoncepción. Como resultado, sólo un 16% de los cursos de educación para la vida familiar de las escuelas trataban ese tema pese a que el gobierno apoya esos cursos como manera de reducir la tasa de embarazos (320). Los programas pueden ocuparse de la renuencia de los maestros y ayudarles a enfrentar las críticas. En un programa de México se buscó la participación de los maestros en el diseño del programa, se les enseñó a presentar el material, se hicieron reuniones periódicas con ellos mientras enseñaban el material y con los padres para contestar a sus preguntas. Como resultado, los maestros se convencieron más del valor del curso y se mostraron más dispuestos a enseñarlo (482). Por otra parte, algunos maestros no son educadores apropiados para el tema de la sexualidad. En un estudio de grupos de enfoque de un país africano, por ejemplo, se encontró que algunos maestros del sexo masculino ejercían presión sobre las estudiantes del sexo femenino para entablar relaciones sexuales (41, 444). |