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Octubre 1995 |
Cómo abogar en favor de los adultos jóvenesDe modo que la tarea fundamental de cualquier programa para jóvenes es ayudar a cambiar la situación. Para ello es menester abogar en favor de los adultos jóvenes —abogar para que toda la comunidad aprenda a comprender el mundo en que viven los jóvenes, las presiones y decisiones que éstos enfrentan, el proceso biológico y social de pasar a ser sexualmente activo, y las distintas maneras en que los esfuerzos organizados pueden ayudar mejor a los jóvenes. Para cambiar la situación también se requiere abogar por un comportamiento adulto más responsable —abogar por el cese del doble patrón con que los adultos suelen medir el comportamiento sexual de varones y niñas, abogar por la prevención y castigo del maltrato sexual, y abogar por una representación y discusión de la sexualidad y la actividad sexual no irresponsable, sino más responsable, por parte de los medios de difusión pública. Allí donde las actitudes sociales han cambiado y los adultos están dispuestos a afrontar los problemas, las tasas de fecundidad, ETS y aborto entre los jóvenes son bajas. En un estudio de 37 países desarrollados se encontró que las tasas más bajas se registraban en los países del norte de Europa, que ofrecen a los jóvenes buen acceso a la información y servicios anticonceptivos (164, 374, 455) (véase Capitulo 3.3, Programas y normas sociales para la juventud en Europa). Para cambiar las normas sociales también se necesita abogar por los jóvenes. Los programas tienen que extenderse a ellos para ayudarles a que aprenden a adoptar un criterio sano respecto de la sexualidad. Los programas de educación para la vida familiar en algunos países europeos insisten en el comportamiento sexual responsable y alientan a los jóvenes a postergar la relación coital al menos hasta haber desarrollado una amistad duradera con la pareja (93, 295, 297). Cada sociedad debe formular su propia respuesta a las necesidades de salud reproductiva de los adultos jóvenes. Los problemas no desaparecen porque se los ignora. En efecto, las tasas de ETS se han elevado y los embarazos entre las jóvenes tienden más a producirse fuera del matrimonio en muchos países pese a que estas tendencias preocupan y reciben la condena del público. Mediante la promoción, los programas de salud reproductiva pueden ayudar a las comunidades a comenzar a abordar las diversas necesidades de los adultos jóvenes. Al ponerse en marcha, desarrollarse y establecerse un programa, su función de promotor cambia. Al comienzo, la controversia que generalmente rodea a un nuevo programa puede ofrecerle ya la oportunidad de fomentar una nueva manera de pensar. Al evolucionar el programa, la tarea de mantener a la comunidad al tanto de los cambios positivos y los buenos resultados ayuda a apaciguar los temores. El trabajo en colaboración con los padres, líderes de la comunidad y organizaciones como iglesias, escuelas y otras agrupaciones que prestan servicios, consolida la confianza y la comprensión mutuas. Finalmente, con esfuerzo y persistencia, un programa puede pasar a ser una voz digna de respeto en la comunidad, que habla con autoridad en nombre de los adultos jóvenes. |