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Octubre de 1998 |
Muchos proveedores de atención de salud ven la oportunidad para los hombres —como individuos, familiares, líderes de la comunidad y autoridades— de promover una mejor salud reproductiva para todos (12, 59, 100, 157, 251, 262). Algunos también argumentan que podría hacerse más en favor de las mujeres si los hombres participaran plenamente en los programas de salud reproductiva (225). Pero no todos están de acuerdo en que el fomento de la participación de los hombres en las actividades de salud reproductiva es una buena manera de mejorar la salud reproductiva de las mujeres (43, 109, 110, 262). Hay quienes arguyen que los hombres ya intervienen demasiado —es decir, que ejercen demasiada autoridad en la adopción de decisiones que influyen en la fecundidad y salud de las mujeres. Señalan que la mayor atención prestada a los hombres, si no se planea bien y se lleva a cabo de manera inteligente, podría reforzar este desequilibrio en lugar de corregirlo. Algunos también temen que la mayor atención prestada a los hombres podría poner en peligro los servicios de salud reproductiva para mujeres (12, 19, 179, 199, 235, 262). Les preocupa la posibilidad de que, con los programas para hombres, aumente la competencia por los fondos limitados y a veces decrecientes asignados a la salud reproductiva. Estas inquietudes son legítimas. Las políticas y programas para hombres deberán planearse aplicando los mismos criterios de otros programas de salud pública —considerando la seriedad y prevalencia de los problemas de salud, la eficacia de la intervención, los costos de los programas, la pertinencia cultural y las limitaciones de los recursos (162). Para cada país o programa, la orientación hacia los hombres depende sobre todo de los recursos disponibles y de las prioridades sanitarias (260). También depende de qué combinación de programas y servicios atenderán mejor las necesidades de salud de los clientes (12, 59, 100). La promoción de la participación de los hombres y la provisión de atención de salud reproductiva para éstos pueden llevarse a cabo en la medida que se ajuste a los recursos y prioridades. Como mínimo, algunos programas pueden designar varias horas por semana en los dispensarios para los clientes masculinos o instar a las clientes a que lleven a sus compañeros al dispensario. En el otro extremo del espectro están los dispensarios especiales con amplios servicios para hombres, programas ampliados de comercialización social de anticonceptivos y campañas nacionales de comunicación dirigidas a los hombres. En algunos lugares los programas pueden comenzar de inmediato a promover la participación masculina en la salud reproductiva. En otros lugares pueden existir prioridades sanitarias más inmediatas y comenzar a promoverse la participación de los hombres en pequeña escala o más adelante. |