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Octubre de 1998 |
la comunicación entre la pareja Numerosos obstáculos impiden que los hombres y las mujeres hablen acerca de cuestiones relativas a la sexualidad y la reproducción. Aunque hay pocos estudios, éstos sugieren que esas discusiones se ven impedidas por una compleja red de factores sociales y culturales (71, 164). En muchas sociedades el tema sexual es un tema tabú en las discusiones de hombres y mujeres. Además, hombres y mujeres suelen temer el rechazo del compañero, especialmente al comienzo de la relación. Por consiguiente, quizá no quieran abordar temas molestos, como la historia sexual o el uso de anticonceptivos (193). Como ocurre con el proceso de toma de decisiones en general, la condición inferior y la falta de poder de la mujer limita la comunicación de las parejas (66, 67, 71, 74, 88, 106, 164, 219, 292). Muchas mujeres saben bien que los papeles tradicionales basados en el género no les permiten tener voz en las cuestiones sexuales ni las ponen en posición de influir en el comportamiento de sus compañeros (67, 85, 164, 248, 264, 292). Aun cuando los hombres y las mujeres discutan cuestiones relativas a la salud reproductiva, generalmente no lo hacen en pie de igualdad (64). Las culturas tradicionales suelen disuadir a las mujeres casadas de iniciar discusiones sobre la anticoncepción. Por su parte, los hombres pueden creer que no hay nada que discutir o que no hay necesidad de tener en cuenta los sentimientos y opiniones de sus esposas. En países como la India, Kenya y Nigeria, el predominio masculino tradicional es un importante obstáculo en la comunicación entre los esposos sobre planificación familiar (72, 119, 181). Además, el marido podría considerar que su esposa le es infiel si trata de discutir la anticoncepción con él (85). En algunas culturas las mujeres no casadas y las prostitutas pueden negociar la actividad sexual con los hombres, incluido el uso del condón, más fácilmente que las mujeres casadas con sus esposos (248). En grupos de enfoque, mujeres haitianas describieron una situación que muchas mujeres deben enfrentar. Estas mujeres dijeron que temían contraer el VIH de sus maridos, pero que les resultaba difícil hablar sobre este asunto con ellos. Pocas mujeres creían en la fidelidad de sus maridos, pero en su mayoría se sentían incapaces de lograr que cambiaran su comportamiento sexual. Tenían miedo de que éstos las golpearan o violaran si hablaban de la anticoncepción o rechazaban sus requerimientos sexuales. También temían que, si se negaban a tener relaciones sexuales, los maridos recurrirían aún más a las prostitutas u otras mujeres (248). La condición de la mujer y la comunicación. A medida que aumenta la igualdad de la mujer y el hombre, también aumenta su capacidad para comunicar su opinión sobre cuestiones relativas a la reproducción y para participar en las decisiones sobre la reproducción (28, 164). Cuando la mujer comparte el poder para tomar decisiones, es más capaz de abordar y discutir la planificación familiar y las relaciones sexuales con su compañero sexual. En particular, las mujeres mejor educadas pueden comunicarse más fácilmente con sus maridos (54, 89, 164, 200). Las mujeres más educadas están mejor informadas, son más capaces de obtener información de los periódicos y otros medios de difusión, y generalmente son más elocuentes (203). La educación también puede contribuir a aumentar la capacidad de la mujer para generar ingresos —y por lo tanto su influencia en la toma de decisiones familiares— y elevar su autoestima (164). Cuanto más parecidos son los niveles de educación del hombre y la mujer y cuanto más educación tengan, más probable es que discutan y practiquen la planificación familiar (54, 65, 164). En un estudio de parejas de Nigeria se encontró que, cuando tanto el marido como la esposa tenían educación secundaria o superior, 61% de las parejas decían que habían discutido la planificación familiar. Cuando ninguno de los cónyuges había recibido educación, sólo 15% declaraban haber discutido el tema (164). También es más probable que la mujer con algún poder económico discuta la planificación familiar con su marido (89). En Togo las mujeres que recibían remuneración en efectivo por su trabajo e invertían algo del dinero en planes de crédito o ahorros eran las que exhibían los más altos niveles de comunicación con los maridos acerca de la planificación familiar. El nivel era considerablemente más alto que entre las mujeres remuneradas en efectivo pero que no invertían el dinero o que no trabajaban por dinero en efectivo (89). El tipo de matrimonio —sea por libre elección, arreglado por las familias o polígamo— también influye en el poder relativo de la mujer y por ende en la medida en que se comunica la pareja (89, 138, 140, 164). En Togo, por ejemplo, las mujeres que eligen a sus maridos sin asesoramiento de la familia notificaron los niveles más altos de discusión con sus maridos sobre la planificación familiar. Las de matrimonios arreglados por las familias notificaron los niveles más bajos de comunicación (89). Las mujeres en matrimonios polígamos suelen estar en condiciones de inferioridad y notifican poca comunicación con los maridos. También la edad de la mujer al casarse por primera vez está relacionada con su capacidad de comunicación. Cuanto más joven sea la mujer, especialmente si es mucho más joven que el marido, menor es la comunicación sobre la planificación familiar (73, 89). |