Contenido
Capítulos
  1. Por qué es importante la elección informada
  2. La toma de decisiones sobre la planificación familiar
  3. Políticas para la elección informada
  4. La comunicación para una elección informada
  5. Mejoramiento del acceso
  6. La administración en pro de la elección informada
  7. Mejor comunicación entre clientes y proveedores
Temas principales

Publicación del Population Information Program, Center for Communication Programs, The Johns Hopkins University Bloomberg School of Public Health, 111 Market Place, Suite 310, Baltimore, Maryland, 21202, USA.

Volumen XXIX, Número 1
Primavera de 2001
Serie J, Número 50
Programas de planificación familiar

Evolución de la elección informada

El concepto de elección informada puede encontrarse hacia fines del 1700, cuando en los Estados Unidos varios médicos prominentes abogaban por la desmitificación de la medicina, propugnando un mayor acceso a la información médica y educando a los pacientes acerca de sus trastornos. La razón fundamental de este movimiento era, empero, que los pacientes informados podrían acatar mejor las recomendaciones de los médicos y no que podrían ser capaces de tomar decisiones informadas por sí mismos (125).

Desde el advenimiento del movimiento de planificación familiar a principios del siglo XX, muchos de los que abogan por una buena salud reproductiva han buscado ampliar el acceso de la población a la información médica y aumentar sus opciones en materia de planificación familiar (84). A fines de los años sesenta la primera legislación estadounidense sobre provisión de apoyo financiero del gobierno a los programas de planificación familiar en los países en desarrollo a través de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) respaldó firmemente la práctica voluntaria de la planificación familiar en todos esos programas (433, 435).

La expresión “elección informada” apareció por primera vez en la literatura sobre planificación familiar a principios de los años setenta (210, 233, 457), sobre todo en referencia al creciente acceso a la planificación familiar. En 1982 el concepto de elección informada pasó a ocupar el primer plano en las políticas internacionales de planificación familiar al afirmar USAID que su “apoyo a los programas de servicios de planificación familiar se basa en dos principios fundamentales: su carácter voluntario y la elección informada” (434).

Uno de los primeros simposios internacionales para líderes del campo de la planificación familiar sobre la acción voluntaria y la elección tuvo lugar en 1984 con el auspicio de la Federación Mundial de Organizaciones de Salud para el Avance de la Anticoncepción Quirúrgica Voluntaria. El simposio se centró en la importancia de la elección voluntaria en las decisiones sobre la esterilización (24, 409).

En 1987 el Grupo Especial de Trabajo sobre Elección Informada se reunió con el objetivo principal de tratar la elección informada para todos los métodos de planificación familiar. Auspiciado por USAID, el grupo especial de trabajo reunió a representantes de 17 organizaciones, incluidos el Fondo de las Naciones Unidas para Actividades en Materia de Población (FNUAP), la Federación Internacional de Planificación de la Familia (IPPF), el Banco Mundial y Organizaciones Cooperantes de USAID (411). Más adelante, en la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo celebrada en El Cairo en 1994, 179 países concordaron en que la elección informada en materia de planificación familiar está basada en los derechos humanos (426). Hoy día la mayoría de los programas de distintas partes del mundo se suscriben al principio de la elección informada.


Centro de Orientación Familiar (COF)

En Bolivia, este cartel dice: “La planificación familiar es un derecho de todos”. Por decenios, programas, gobiernos y donantes han estado ampliando el acceso para todos los que la quieran.

La elección informada y el consentimiento informado. El concepto de elección informada y el de consentimiento informado están relacionados, pero son muy diferentes en cuanto a su propósito. El consentimiento informado significa que un cliente comprende el procedimiento médico propuesto y las demás opciones y está de acuerdo en recibir la atención propuesta. Pero el consentimiento informado solo no constituye elección informada. El propósito de la elección informada es asegurar que todos los clientes decidan por sí mismos qué atención de salud satisface mejor sus necesidades.

En contraste con la evolución de la elección informada, el consentimiento informado refleja en gran parte opiniones jurídicas que se remontan a 1767, cuando en Inglaterra un tribunal falló en contra de dos médicos que aplicaron un dispositivo experimental a una paciente sin el conocimiento ni consentimiento de ésta (125). La expresión “consentimiento informado” apareció por primera vez en la jurisprudencia estadounidense en 1957, y los círculos médicos se enteraron gradualmente de los requisitos legales para obtener el consentimiento informado de los pacientes para recibir el tratamiento médico (231). Actualmente la obtención del consentimiento informado generalmente tiene como propósito proteger al proveedor de atención de salud contra acusaciones infundadas de infracción e inclusive de que se les siga causa por impericia en el ejercio de la profesión.

En los Estados Unidos el concepto de consentimiento informado en relación con la planificación familiar se desarrolló a fines de los años sesenta en respuesta a las políticas y prácticas concernientes a la esterilización sin consentimiento (23). Hoy día, en los programas de planificación familiar el consentimiento informado se requiere por lo común sólo para la esterilización por tratarse de un método permanente. En el consentimiento el cliente suele firmar una declaración en la que da a entender que comprende en qué consisten el método, el procedimiento médico y los riesgos.

Preguntas prácticas. La elección informada es ahora un objetivo de muchos programas de planificación familiar. Persisten, sin embargo, la preguntas prácticas acerca de la mejor manera de que la elección informada se convierta en una realidad para todos. Por ejemplo: ¿Cuánto necesita saber una persona para hacer una elección informada? ¿Cuánto puede variar este conocimiento de una persona a otra? ¿Cuánto deberá saber una persona acerca de otros métodos anticonceptivos antes de decidirse a elegir un método en particular? (Ver la recuadro ¿Cuánta información? ¿Cuánta orientación?)

Quedan preguntas también para los proveedores de servicios. ¿Cuál es la mejor manera de que éstos guíen a los clientes hasta llegar a una elección informada sin intervenir con sus propias preferencias y valores? ¿Tiene el proveedor la responsabilidad de juzgar si el cliente ha hecho o no una elección informada? ¿Cuál es la mejor manera de que el proveedor respetuosamente confirme que el cliente ha entendido correctamente? Los programas que tratan de que la elección informada se convierta en realidad para los clientes deberán considerar éstas y otras preguntas prácticas.


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