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Contenido

         Chapters
  1. El mundo presta atención
  2. Abuso por parte de la pareja íntima
  3. Coerción sexual
  4. Efectos en la salud reproductiva
  5. Amenazas a la salud y el desarrollo
  6. El personal de atención de saluddesempeña un papel clave
  7. Un programa de reformas

Temas principales

Publicación del Population Information Program, Center for Communication Programs, The Johns Hopkins University School of Public Health, 111 Market Place, Suite 310, Baltimore, Maryland 21202, USA.

Número publicado en colaboración con el:
CHANGE 6930 Carroll Avenue
Suite 910
Takoma Park
Maryland 20912, USA
Téléfono: 301/270-1182
Fax: 301/270-2052

Center for Health and Gender Equity (CHANGE) es una organización dedicada a la investigación y promoción que busca integrar el interés por la igualdad de los géneros y la justicia social en las políticas y prácticas internacionales de salud. Se puede comunicar con el personal de CHANGE por correo electrónico dirigiéndose a: change@genderhealth.org or at http://www.genderhealth.org.

Volumen XXVII, Numero 4
Diciembre, 1999

Serie L, Número 11
Temas sobre salud mundial

La dinámica del abuso

En numerosas culturas se sostiene que el hombre tiene derecho a controlar el comportamiento de la esposa y que la mujer que disputa ese derecho puede ser castigada. En Bangladesh, Camboya, India, México, Nigeria, Pakistán, Papúa Nueva Guinea, Tanzania y Zimbabwe, los estudios revelan que la violencia se considera por lo común una corrección física, o sea, el derecho del marido de "corregir" a la esposa que yerra (10, 39, 94, 189, 204, 233, 303, 341, 407, 488). Como dijo un marido en una discusión de grupos de enfoque en Tamil Nadu, India: "Si el error es grande, se justifica entonces que el marido golpee a su mujer. ¿Por qué no? La vaca no obedece si no se le pega" (233).

La justificación de la violencia se deriva por lo común de las normas relativas al género, o sea, las normas sociales sobre el papel y los deberes apropiados del hombre y la mujer (94). Por lo general, los hombres tienen relativamente carta blanca siempre que sostengan económicamente a la familia. De las mujeres se espera que se ocupen de la casa y cuiden a los hijos y que demuestren obediencia y respeto al marido. Si el hombre percibe que de alguna manera su esposa no se ajustó a su papel, fue más allá de los límites establecidos o desafió los derechos del marido, éste puede entonces reaccionar violentamente.

Mundialmente, los estudios identifican una lista constante de sucesos tachados de "desencadenar" violencia. En ellos están incluidos los siguientes: no obedecer al marido, contestarle de mal modo, no tener la comida preparada a tiempo, no ocuparse debidamente de los hijos o la casa, hacerle preguntas sobre el dinero o las presuntas amigas, ir a alguna parte sin su permiso, negarse a tener relaciones sexuales con él, o expresarle su sospecha de que no le es fiel (10, 39, 189, 204, 233, 303, 341, 407, 451, 488). Todas estas formas de comportarse constituyen una transgresión de la normas relativas al género.

En muchos países en desarrollo las mujeres comparten la noción de que los hombres tienen derecho a disciplinar por la fuerza a sus esposas (ver el Cuadro 2). En las zonas rurales de Egipto, por ejemplo, por lo menos 80% de las mujeres dicen que en ciertas circunstancias los golpes están justificados (132). Una de las circunstancias más comúnmente citada por las mujeres es rehusarse a tener relaciones sexuales con el hombre (23, 103, 132, 386). Esta es también una de las razones más comúnmente citadas por las mujeres para desencadenar los golpes (248, 322, 475, 488).

Las sociedades distinguen generalmente entre las razones justas e injustas que provocan la violencia así como entre niveles de agresión aceptables e inaceptables. En muchos países la noción de "causa justa" se halla imbuida en los fallos sobre actos de violencia. Ciertos individuos, generalmente los maridos y los ancianos, pueden tener derecho a castigar físicamente a una mujer por ciertas transgresiones, pero sólo dentro de ciertos límites. Si un hombre traspasa esos límites por haber empleado demasiada violencia o por haber golpeado a la mujer sin "causa justa", otros tienen derecho a intervenir (189, 210, 368, 407). Como dijo una mujer en México, "Si he hecho algo malo..., nadie deberá defenderme. Pero si no he hecho nada malo, tengo derecho a ser defendida" (189).

Aun en lugares donde la cultura misma confiere al hombre considerable control del comportamiento de la mujer, los hombres que cometen abusos generalmente sobrepasan la norma (240, 382, 386). Los datos de la Encuesta Demográfica y de Salud (EDS) de Nicaragua muestra que, entre las mujeres físicamente maltratadas, 32% tenían maridos que ocupaban un alto lugar en la escala de control marital en comparación con sólo 2% entre las mujeres que no eran físicamente maltratadas. En la escala se incluyeron tipos de comportamiento como el del marido que continuamente acusa a su mujer de serle infiel y le limita el acceso a su familia y amigos (386).

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