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Contenido

         Chapters
  1. El mundo presta atención
  2. Abuso por parte de la pareja íntima
  3. Coerción sexual
  4. Efectos en la salud reproductiva
  5. Amenazas a la salud y el desarrollo
  6. El personal de atención de saluddesempeña un papel clave
  7. Un programa de reformas

Temas principales

Publicación del Population Information Program, Center for Communication Programs, The Johns Hopkins University School of Public Health, 111 Market Place, Suite 310, Baltimore, Maryland 21202, USA.

Número publicado en colaboración con el:
CHANGE 6930 Carroll Avenue
Suite 910
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Maryland 20912, USA
Téléfono: 301/270-1182
Fax: 301/270-2052

Center for Health and Gender Equity (CHANGE) es una organización dedicada a la investigación y promoción que busca integrar el interés por la igualdad de los géneros y la justicia social en las políticas y prácticas internacionales de salud. Se puede comunicar con el personal de CHANGE por correo electrónico dirigiéndose a: change@genderhealth.org or at http://www.genderhealth.org.

Volumen XXVII, Numero 4
Diciembre, 1999

Serie L, Número 11
Temas sobre salud mundial

La violencia compromete la protección contra el VIH

Recientemente, Peter Piot, Director Ejecutivo de ONUSIDA observó en un discurso que la violencia contra la mujer tiene muchos vínculos con el VIH/SIDA. "La violencia contra la mujer no es sólo causa de la epidemia de SIDA," señaló el disertante, "también puede ser una consecuencia del SIDA" (357).

Negociación acerca de los condones. La violencia influye directamente en el riesgo de VIH y otras ITS cuando interfiere con la capacidad de negociación de la mujer respecto del uso del condón. Para muchas mujeres puede resultar más difícil pedir condones que hablar sobre cualquier otro anticonceptivo pues generalmente se los relaciona con la promiscuidad, la infidelidad y la prostitución.

Dentro del matrimonio o unión primaria es especialmente difícil abordar la cuestión del uso del condón (107). Como dijo una entrevistada de 46 años en Brasil: "Si le pido ahora a mi marido que use condones, me va a preguntar '¿por qué?'. Seguramente va a pensar que ando por ahí engañándolo o que lo estoy acusando de engañarme, dos cosas que no deben suceder" (185).

El informe resumido del Programa de Investigación sobre la Mujer y el SIDA del Centro Internacional de Investigación sobre la Mujer (ICRW) llega a la conclusión de que "para muchas mujeres de distintas partes del mundo sencillamente no es práctico tomar la iniciativa en el uso del condón" (466). En Guatemala, India, Jamaica y Papúa Nueva Guinea, las mujeres declararon que si sacan a colación el uso del condón -con la inferencia de que uno u otro es infiel- corren el riesgo de provocar una violenta reacción (170, 214, 234, 483).

En Brasil, Estados Unidos, Haití, Rwanda, Sudáfrica y Uganda las mujeres han expresado temores parecidos (33, 186, 194, 245, 441, 449, 472, 481). En Sudáfrica la noción de que la indignación violenta es una respuesta apropiada cuando la mujer pide condones estaba tan arraigada entre un grupo de trabajadores migrantes que los 1.000 hombres que asistieron a una representación teatral callejera contra el VIH recibieron con vítores la paliza que el personaje le dio a la esposa cuando esta le sugirió que usara un condón (172).

Orientación y pruebas voluntarias. En algunos lugares, el temor a la reacción de los hombres mantiene a las mujeres alejadas de los servicios de asesoramiento sobre el VIH/SIDA y de las pruebas de detección (45). Esta actitud repercute en el control de la transmisión sexual del virus y en los esfuerzos por reducir la transmisión de la madre al hijo.

Los profesionales de salud solo últimamente han comenzado a considerar los efectos de incitar a las mujeres a revelar a sus compañeros la infección por VIH. Preocupados porque muchas mujeres infectadas no daban a conocer a sus compañeros los resultados de las pruebas, investigadores de Nairobi comenzaron a explorar por qué. De 243 mujeres, sólo 66 revelaron la verdad a sus compañeros. De estas 66 mujeres, por lo menos 11 habían sido echadas del hogar o habían sido reemplazadas por otra esposa, 7 habían recibido golpes de sus compañeros y una se había suicidado, según comunicación espontánea de las mujeres o los parientes de éstas (431).

En respuesta, el grupo de estudio revisó su protocolo para dejar que las mujeres decidieran voluntariamente si querían o no recibir los resultados y darles asesoramiento sobre los posibles riesgos y beneficios de comunicarlos al compañero íntimo. A resultas de esto, las notificaciones de violencia disminuyeron considerablemente durante el año siguiente, sin que bajara el porcentaje de compañeros asesorados.

En los Estados Unidos los hallazgos sobre los efectos del temor a la violencia en la disposición de las mujeres a someterse a las pruebas de detección del VIH son contradictorios. El temor a la violencia no era un factor dominante en la decisión de rehusarse a esas pruebas entre las mujeres que concurrían a dispensarios de ITS en Miami o Newark. Casi una mujer de cada seis notificó violencia del compañero durante el año anterior, pero las víctimas no tendían más que las demás a rehusarse a las pruebas, excepto entre las mujeres que habían sido lesionadas por sus compañeros en el curso de los 12 meses anteriores (283).

Por otra parte, en otros estudios se ha encontrado que el temor a la violencia preocupa seriamente a algunas mujeres, lo que sugiere que habrá que considerar la violencia en el hogar cuando se formulan directrices para la notificación al compañero y el asesoramiento sobre el VIH (175, 387). En una encuesta realizada en Estados Unidos de 136 dispensadores de atención relacionada con el VIH, 24% declararon que al menos una paciente había experimentado violencia física después de revelar al compañero que era VIH-positiva, y 45% tenían pacientes que temían una reacción semejante (388).

Reducción de la transmisión perinatal. El temor a la violencia también ha obstaculizado los esfuerzos por reducir la transmisión del VIH de la madre al hijo. En un estudio de programas perinatales de seis naciones de África, por ejemplo, el temor al ostracismo y la violencia en el hogar era una importante razón por la cual las mujeres embarazadas se rehusaban a someterse a las pruebas de detección del VIH, o no regresaban para enterarse de los resultados (45). En otras partes, el temor a la violencia impedía que las mujeres siguieran por completo un régimen breve de AZT para reducir la transmisión perinatal del VIH. En Côte d'Ivoire sólo 3% de las mujeres estudiadas tomaron todas las dosis recomendadas de AZT durante el trabajo de parto. Los investigadores atribuían la resistencia de las mujeres a tomar el AZT al temor que tenían de revelar la infección por VIH a los amigos y la familia, a menudo por miedo a la violencia (45).

También han expresado el mismo temor las mujeres infectadas por el VIH a quienes se aconsejó que dieran el biberón al bebé a fin de evitar la transmisión del VIH. En zonas donde la lactancia materna es la norma, las mujeres tienen miedo de que si usan el biberón se las clasifique entre las infectadas por el VIH, quedando posiblemente expuestas al abuso (45).

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