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Publicación del Population Information Program, Center for Communication Programs, The Johns Hopkins University School of Public Health, 111 Market Place, Suite 310, Baltimore, Maryland 21202, USA. Número publicado en colaboración con el: Center for Health and Gender Equity (CHANGE) es una organización dedicada a la investigación y promoción que busca integrar el interés por la igualdad de los géneros y la justicia social en las políticas y prácticas internacionales de salud. Se puede comunicar con el personal de CHANGE por correo electrónico dirigiéndose a: change@genderhealth.org or at http://www.genderhealth.org. Volumen XXVII, Numero 4 Temas sobre salud mundial |
Consecuencias físicas del abusoLa violencia es para la mujer causa importante de daño, desde lastimaduras y magullamientos de poca importancia hasta discapacidad permanente y la muerte. Los estudios basados en la población sugieren que 40% a 75% de las mujeres físicamente maltratadas por el compañero sufren lesiones en algún momento de su vida (131, 325, 330, 378, 383, 436). Las consecuencias de esas lesiones pueden ser graves: en Canadá, 43% de las mujeres lesionadas por la pareja necesitaron atención médica, y 50% de las lesionadas tuvieron que pedir licencia en el trabajo (378). En su forma más extrema, la violencia causa la muerte de la mujer. Se estima que, mundialmente, 40% a más del 70% de los homicidios de mujeres son cometidos por compañeros íntimos de éstas, a menudo en el contexto de una relación abusiva (15, 177). En cambio, en sólo un pequeño porcentaje de los hombres asesinados la culpable es la compañera, y en esos casos las mujeres a menudo han estado defendiéndose o desquitándose de los hombres que abusaban de ellas (418). Pero el resultado más común del abuso basado en el género no es la lesión física de la mujer. El abuso puede llevar a numerosas dolencias físicas, incluidos el síndrome del intestino irritable, los trastornos gastrointestinales y diversos síndromes de dolor crónico. Los estudios concuerdan en ligar esos trastornos a una historia de abuso físico o sexual (108, 273, 457, 458). Las mujeres maltratadas presentan un funcionamiento físico reducido, más síntomas físicos y pasan más días en la cama que las mujeres que no han sido víctimas de abuso (181, 273, 292, 383, 429, 458).
La violencia debilita la salud mental de la mujerMuchas mujeres consideran que las consecuencias psicológicas del abuso son aún más serias que los efectos físicos. La experiencia del abuso suele destruir el amor propio de la mujer y la pone en mayor riesgo de problemas diversos de salud mental, como depresión, trastorno de estrés post-traumático, suicidio y abuso de alcohol y de drogas. Depresión. Cada vez más se reconoce que la depresión es un importante problema de salud en todo el mundo (446). La situación es especialmente aguda entre las mujeres adultas (477), quienes en la mayoría de los países sufren de depresión en una proporción dos veces mayor que la observada en los hombres (97, 327, 467). Algunos investigadores han sugerido que, en su mayor parte, la diferencia entre la incidencia de depresión en las mujeres y en los hombres puede que no se deba a la biología, sino más bien a la pobreza, la discriminación basada en el género y a la violencia basada en el género (13). Las mujeres que sufren el abuso infligido por la pareja sufren más depresión, ansiedad y fobias que las que no lo han sufrido, según estudios de Australia, Nicaragua, Pakistán y los Estados Unidos (74, 100, 126, 152, 376). La agresión sexual en la niñez o en la edad adulta también tiene estrecha relación con la depresión y los trastornos de ansiedad (42, 53, 81, 276, 469). Tienen mayor probabilidad de llevar a trastornos psicológicos el abuso sexual que tiene lugar antes de los siete u ocho años de edad, el abuso por más de un agresor, y el abuso que es frecuente o continúa por largo tiempo (42, 81, 320). Trastorno de estrés post-traumático. Muchas mujeres maltratadas experimentan trastorno de estrés postraumático (TEPT), un trastorno de ansiedad agudo que puede ocurrir cuando una persona atraviesa o presencia un acontecimiento traumático en el que siente una impotencia abrumadora o amenaza de muerte o lesión (8). Son síntomas de TEPT revivir mentalmente el acontecimiento traumático mediante reviviscencias; tratar de evitar todo lo que le recuerde a uno el trauma; quedar emocionalmente adormecido; experimentar dificultades para dormir y concentrarse, y alarmarse o sobresaltarse fácilmente. La violación, el abuso sexual en la niñez y la violencia en el hogar son algunas de las causas más comunes del TEPT en la mujer (36, 42, 44, 101, 280, 400, 433, 452). La probabilidad de que una mujer desarrolle TEPT después de ser violada oscila entre el 50% y el 95%, de acuerdo con estudios llevados a cabo en Francia, Nueva Zelandia y los Estados Unidos (36, 41, 101). En los Estados Unidos se encontró en un estudio que los efectos psicológicos de la violación eran comparables con los efectos de las torturas o el rapto (41). Suicidio. Para algunas mujeres el peso del abuso es tan grande que se quitan la vida o tratan de hacerlo. Los estudios de numerosos países, incluidos Nicaragua, Suecia y los Estados Unidos, han mostrado que la violencia en el hogar está estrechamente relacionada con la depresión y el suicidio subsiguiente (1, 6, 29, 72, 246, 386). Las mujeres maltratadas que desarrollan TEPT son aparentemente las que más tienden a tratar de suicidarse (433). El intento de suicidio también es más probable entre las mujeres que han experimentado agresión sexual sea en la niñez o en la vida adulta que entre otras mujeres (148, 280, 292, 317, 381, 470). La conexión sigue siendo fuerte aún después de controlar factores de riesgo individuales como la edad y educación de la mujer y la presencia de síntomas de TEPT y trastornos psiquiátricos (104, 421). Uso de alcohol y de drogas. Las víctimas de la violencia del compañero y las mujeres que han sufrido abuso durante la niñez tienen más probabilidad que otras mujeres de abusar del alcohol y las drogas, aún después de controlar otros factores de riesgo como uso anterior, ambiente familiar, o alcoholismo de los progenitores (133, 250, 265, 292, 304, 306). En una encuesta de mujeres que buscaban atención primaria de salud, las que habían sido maltratadas por la pareja en el curso del año anterior tendían tres veces más que las que no habían recibido malos tratos a beber grandes cantidades de alcohol y cuatro veces más a usar drogas (291). ¿Tratan las mujeres maltratadas de neutralizar sus reacciones al trauma adormeciendo sus sentidos con alcohol y drogas? ¿O es que las mujeres que usan alcohol y drogas tienen más tendencia a llevar una vida que las pone en mayor riesgo de ser maltratadas por los hombres? En los Estados Unidos se llevó a cabo un estudio longitudinal de 2 años de duración en el que se trató de responder a esta pregunta (250). En el estudio citado se encontró que las mujeres que usaban drogas ilícitas, pero no las que usaban alcohol, estaban más expuestas a ser agredidas en los dos años siguientes de seguimiento. Como se preveía, toda la historia reciente o pasada de agresión estaba relacionada con tasas mayores de uso de alcohol y drogas, incluso después de controlar el uso anterior y otros factores. Estos resultados sugieren que el mayor uso de alcohol es más bien una respuesta al hecho de haber sido víctima de abuso, en tanto que el uso de drogas aumenta el riesgo de ser tomada como víctima al mismo tiempo que la condición de víctima aumenta la probabilidad de usar drogas (250). |
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