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Publicación del Population Information Program, Center for Communication Programs, The Johns Hopkins University School of Public Health, 111 Market Place, Suite 310, Baltimore, Maryland 21202, USA. Número publicado en colaboración con el: Center for Health and Gender Equity (CHANGE) es una organización dedicada a la investigación y promoción que busca integrar el interés por la igualdad de los géneros y la justicia social en las políticas y prácticas internacionales de salud. Se puede comunicar con el personal de CHANGE por correo electrónico dirigiéndose a: change@genderhealth.org or at http://www.genderhealth.org. Volumen XXVII, Numero 4 Temas sobre salud mundial |
El personal de atención de salud desempeña un papel clave Los dispensadores de atención de salud pueden desempeñar un papel de crucial importancia en el tratamiento de la violencia contra la mujer. En la mayoría de los países el sistema de atención de salud es la única institución que interactúa con casi todas las mujeres en algún momento de la vida de éstas. De allí que los dispensadores de atención de salud se hallen en excelente posición de reconocer y ayudar a las víctimas de la violencia. Además, como la exposición a la violencia lleva a que aumenten los riesgos de otros problemas de salud para la mujer, la ayuda temprana permite prevenir serios trastornos posteriores al abuso. Ultimamente los organismos de atención sanitaria han comenzado a movilizarse para abordar esta tarea. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) fue la primera institución internacional de salud en reconocer en 1993 que la violencia contra la mujer es un problema de alta prioridad cuando aprobó la resolución CD39.R8, exhortando a todos los gobiernos miembros a establecer políticas y planes nacionales para la prevención y tratamiento de la violencia contra la mujer (344). En 1996, la 49ava. Asamblea Mundial de la Salud siguió esta tendencia al declarar que la violencia es una prioridad de la salud pública (478). Tanto la OPS como la OMS iniciaron programas sobre la violencia contra la mujer a mediados de los años noventa. Algunos sistemas de atención de salud han comenzado a abordar la violencia en el hogar como parte de la práctica clínica. En 1992, por ejemplo, la American Medical Association publicó directrices sobre el diagnóstico y tratamiento de la violencia en el hogar y la Comisión Mixta sobre Reconocimiento de Organizaciones de Atención de Salud (JCAHO) de los Estados Unidos comenzó a incluir en los exámenes de certificación una evaluación de las políticas y procedimientos de las salas de urgencia para atender a las víctimas de abuso (7, 489). Más recientemente, Brasil, las Filipinas, Irlanda, Malasia, México y Nicaragua han elaborado programas piloto en los que se enseña a los dispensadores de salud a reconocer episodios de abuso y responder a ellos (115, 277, 370). Varios países latinoamericanos también han incorporado directrices para abordar la violencia en el hogar en las políticas nacionales del sector de la salud (345). Pese a esos esfuerzos, el progreso es lento. En la mayoría de los países los médicos y enfermeras raramente preguntan a las mujeres si han sido maltratadas, aun cuando haya signos obvios de abuso (71, 161, 347). Con frecuencia los establecimientos que han delineado directrices no vigilan su aplicación ni las hacen cumplir (86, 144, 298). Estudios realizados en Estados Unidos han encontrado que pocos establecimientos de atención de salud se han ajustado a los requerimientos de la JCAHO (139).
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