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Publicación del Population Information Program, Center for Communication Programs, The Johns Hopkins University School of Public Health, 111 Market Place, Suite 310, Baltimore, Maryland 21202, USA. Número publicado en colaboración con el: Center for Health and Gender Equity (CHANGE) es una organización dedicada a la investigación y promoción que busca integrar el interés por la igualdad de los géneros y la justicia social en las políticas y prácticas internacionales de salud. Se puede comunicar con el personal de CHANGE por correo electrónico dirigiéndose a: change@genderhealth.org or at http://www.genderhealth.org. Volumen XXVII, Numero 4 Temas sobre salud mundial |
La necesidad de moverse fuera del dispensarioPara abordar la violencia contra la mujer, es importante que los programas de atención de salud salgan fuera de los confines del dispensario. La mayoría de los programas de salud participan en actividades de la comunidad. Algunos de éstos pueden movilizarse para abordar el abuso. Es especialmente importante abordar la desigualdad de los géneros y el abuso a través de las actividades de promoción de la salud en la comunidad y campañas por los medios de difusión pública. Promoción de la salud en la comunidad. Por años los proyectos de salud han recurrido a las técnicas de divulgación en la comunidad y de educación entre compañeros para promover la planificación familiar, la terapia de rehidratación oral y otros tipos de comportamiento saludable. Esas técnicas también pueden servir para abordar el problema de la violencia, desafiando, por ejemplo, las tradicionales normas perjudiciales concernientes al género y promoviendo nuevas normas. Constituye un ejemplo la Asociación Mexicana de Planeamiento Familiar (MEXFAM), que ha comenzado a integrar la labor contra la violencia en todos sus programas. Con financiamiento de la Fundación MacArthur, MEXFAM ha producido carteles y material para talleres que instan a los hombres y mujeres campesinos e indígenas, incluidos los jóvenes, a reflexionar sobre la violencia en el hogar y sus efectos negativos. El objetivo es ayudar a los hombres y mujeres a empezar a reconocer los costos del comportamiento abusivo y sentirse así motivados a cambiarlo (299). En Honduras, el Programa Femenino Hondureño de Salud Comunitaria (PROFEHSAC) ha agregado teatro, discusiones y dramatizaciones sobre la violencia en el hogar al programa de capacitación para promotores de salud. Como resultado, los promotores de salud de PROFEHSAC se han convertido en importantes agentes de innovación en sus respectivas comunidades, ofreciendo apoyo a las víctimas y manteniendo sesiones de discusión con hombres, mujeres y jóvenes (284). El nuevo manual educativo en boga titulado Where Women Have No Doctor (Donde las mujeres no tienen médico), deberá facilitar mucho esa labor pues en él se dedican capítulos enteros a la sexualidad, la violencia en el hogar, la salud mental y la violación (54). Destinado a personas con instrucción elemental, presenta información básica sobre la dinámica del abuso y sugiere de qué manera los trabajadores de salud comunitarios pueden asistir a las víctimas y tratar de cambiar las normas culturales. En los programas también pueden incluirse temas sobre el género y la violencia en sesiones de pequeños grupos destinadas a otros fines. Representa un ejemplo el programa de estudios “Stepping Stones” de educación sexual y prevención del VIH. Basándose en el trabajo precursor de dos brasileños: el educador Paolo Freire y el director de teatro y activista social Augusto Boal, el programa usa un método de solución de problemas para estimular la reflexión sobre cuestiones complejas como la confianza, el riesgo y el significado del amor y cómo aprender a decir que no (468). En una adaptación sudafricana reciente de “Stepping Stones”, se ha añadido un módulo para abordar específicamente el abuso y la coerción en las relaciones (216). Campañas de comunicación. Los programas de salud reproductiva también pueden valerse de los medios de difusión pública para abordar la violencia contra la mujer. Durante los años noventa, por ejemplo, una red de más de 100 organizaciones de mujeres de Nicaragua organizaron una campaña por los medios de difusión para sensibilizar al público acerca de los efectos de la violencia en las mujeres (128). Mediante refranes como “Quiero vivir sin violencia”, la campaña movilizó a las comunidades contra el abuso. De acuerdo con las EDS de 1998, más de la mitad de la población nicaragüense había oído por lo menos uno de los refranes de la campaña, y mitad de las mujeres que habían oído los refranes podían repetir al menos uno de ellos (386). Otra organización nicaragüense, Puntos de Encuentro, lanzó recientemente una campaña destinada a alcanzar a los hombres (307). La campaña estaba basada en los resultados de un estudio cualitativo detallado destinado a explorar qué beneficios percibían los hombres no violentos que supuestamente les reportaba su comportamiento libre de violencia. ![]() En Australia occidental, otro programa innovador de comunicación se valía de espacios publicitarios para incitar a los hombres abusivos a buscar ayuda voluntariamente llamando a un servicio telefónico de ayuda para hombres preocupados por la violencia en el hogar denominado “Helpline”. En este servicio se ofrece orientación telefónica y se remite a los hombres a programas de tratamiento gratuitos auspiciados por el gobierno. Después de sólo 7 meses, 69% de los hombres adultos de la población general conocían el servicio telefónico para hombres abusivos, recibiéndose llamadas de 1.385 hombres, de los cuales 867 admitieron haber cometido abuso y casi la mitad de estos últimos aceptaron que se los remitiera para recibir orientación (493). Los programas de salud reproductiva también pueden contribuir a que las campañas de comunicación no refuercen inadvertidamente los papeles negativos basados en el género ni transmitan mensajes negativos sobre el abuso basado en el género. Las imágenes empleadas en las campañas ayudan a configurar la manera de pensar y de comportarse del público (16, 358). Las campañas que buscan promover anticonceptivos o condones mediante imágenes machistas, por ejemplo, corren el riesgo de reforzar estereotipos masculinos negativos. La campaña de comercialización de Jamaica de los condones Slam, por ejemplo, se refería explícitamente a las relaciones sexuales turbulentas y mostraba imágenes de bailarinas de cabaret muy ligeramente vestidas para promover el uso del condón entre los hombres (395). De manera similar, en la evaluación de la telenovela "Hum Log (Nosotros, el pueblo) de la India, que fue la primera destinada a promover temas sociales, se encontró que el guión reforzaba inadvertidamente la violencia en el hogar. Los personajes destinados a representar modelos positivos de comportamiento no siempre salían ganando cuando trataban mejor a las mujeres, mientras que los modelos negativos no siempre eran castigados por tratarlas mal (46). Numerosos televidentes elogiaron a la sufrida mujer que aceptaba el abuso del marido y observaron que ella mantenía la paz de la familia, de modo que ese modo de comportarse la beneficiaba (416). En cambio, la telenovela “Soul City”, de Sudáfrica, se valió con provecho de este medio para desafiar las actitudes y normas que perpetúan el abuso. En esta obra, transmitida en las horas pico, se entrelazan los temas referentes a la responsabilidad social respecto de la coerción sexual, el acoso sexual y la violencia en el hogar. Este programa colabora, además, con la Red Nacional sobre Violencia contra la Mujer en la provisión de servicios gratuitos de consulta telefónica y de asesoramiento a las víctimas de la violencia. “Una vez que los televidentes puedan ver representada su propia situación en la televisión y observen cómo los personajes con los que se sienten identificados resuelven sus problemas, se sentirán habilitados para hacer algo por sí mismos”, dijo Thuli Shongwe, investigador de “Soul City” (34). |
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