Contenido
Capítulos
  1. La epidemia invisible
  2. Cómo se infectan las personas jóvenes
  3. ¿Por qué tan vulnerables?
  4. Cómo abordar la epidemia
  5. Para llegar a los jóvenes
  6. Las consecuencias de la inacción
  7. VIH/SIDA: Qué quieren saber los jóvenes
  8. Perfiles
  9. La juventud, centro de las estrategias
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111 Market Place, Suite 310
Baltimore, MD 21202 USA
Correo electrónico: mmc@jhuccp.org


Publicación del Population Information Program, Center for Communication Programs, The Johns Hopkins University Bloomberg School of Public Health, 111 Market Place, Suite 310, Baltimore, Maryland 21202, USA.

Volumen XXIX, Número 3
Otoño de 2001
Serie L, Número 12
Temas sobre salud mundial

Cómo se infectan las personas jóvenes

Los jóvenes, como los adultos, contraen básicamente el VIH de tres maneras: a través de las relaciones sexuales entre hombres y mujeres; a través de las relaciones sexuales entre los hombres y a través de las inyecciones intravenosas de drogas (158). El hecho de tener otras infecciones de transmisión sexual puede contribuir a que aumente de dos a ocho veces la posibilidad de contraer el VIH/SIDA durante el coito con una persona infectada (96, 126, 148, 173).

El VIH también puede transmitirse de la madre al hijo durante el embarazo, el parto o la lactancia (ver el recuadro, La transmission de VIH de la mère à l'enfant). Como la primera generación de criaturas así infectadas estaría ahora en la adolescencia, la proporción aún viviente de ellas probablemente sea pequeña (274).

Una pequeña proporción de las infecciones se debe a otros medios de transmisión, como la transfusión de sangre infectada y las actividades que llevan a la ruptura de la piel con equipo no esterilizado (359).

Actividad heterosexual

El VIH/SIDA ha obligado a examinar de nuevo qué significa “tener relaciones sexuales”, especialmente entre las personas jóvenes. Es importante saber cómo definen los jóvenes esto de “tener relaciones sexuales” puesto que ayuda a determinar si consideran o no que están en riesgo, cómo responden a los esfuerzos de prevención del VIH y cómo se refieren a su experiencia sexual en las encuestas.

En las encuestas en general se ha considerado que las personas son sexualmente activas solo si el coito es vaginal. Pero ciertas formas de comportamiento sexual como el coito anal, aunque no están relacionadas con el embarazo, exponen al riesgo de contraer el VIH/SIDA y otras ITS. En realidad, el coito anal heterosexual es común (110). En los pocos estudios que han examinado qué piensan los jóvenes mismos se han encontrado considerables diferencias acerca de lo que éstos suponen que constituye un acto sexual (30, 44, 128, 195, 301, 303, 317, 325).

No obstante, muchos jóvenes declaran ser sexualmente activos (ver el Cuadro 2). Los hombres jóvenes encuestados tienden más que las mujeres a declarar que tienen experiencia sexual. Muchas mujeres jóvenes no son sexualmente activas; en efecto, en solo cuatro países encuestados: Canadá, Côte d’Ivoire, Togo y Estados Unidos, más de la mitad de las mujeres de 15 a 19 años de edad declaran tener experiencia sexual. Además, en los países con datos disponibles, los hombres jóvenes tienden más que las mujeres a tener numerosas parejas sexuales (ver la Figura 1).

En algunos lugares la actividad sexual entre las personas jóvenes solteras ha disminuido en los últimos años. En Lusaka, Zambia, por ejemplo, 35% de las mujeres no casadas en 1996 declararon que eran sexualmente activas, en comparación con 52% en 1990 (162). En Tamil Nadu, India, la proporción de hombres jóvenes que declararon tener relaciones sexuales con parejas ocasionales descendió de casi 50% en 1996 al 30% en 1998 (162). En Uganda la edad media de los adolescentes de zonas urbanas durante la primera relación sexual es de dos años más, un cambio quizá responsable de que la prevalencia del VIH haya declinado un 33% entre las mujeres embarazadas de 15 a 19 años de edad (14).

Las mujeres jóvenes enfrentan considerable riesgo. El riesgo de infección por el VIH durante el coito sin protección es de dos a cuatro veces mayor para la mujer que para el hombre (7, 171, 312). La transmisión del hombre a la mujer es más probable, puesto que durante el coito vaginal el área superficial del aparato genital femenino expuesta a las secreciones sexuales del compañero es más grande que la del hombre. Además, la concentración de VIH es generalmente más alta en el semen del hombre que en las secreciones sexuales de la mujer (203, 388).

Las adolescentes corren aún más riesgo que las mujeres adultas. La vagina y el cuello del útero de las mujeres jóvenes son menos maduros y menos resistentes al VIH y otras ITS como la clamidia y la gonorrea. Debido a los cambios del aparato reproductivo durante la pubertad, el tejido es más susceptible a la penetración por el VIH. Además, los cambios hormonales relacionados con el ciclo menstrual suelen estar acompañados de un adelgazamiento del tapón mucoso protector que cubre el cuello del útero. Ese adelgazamiento puede permitir que el VIH pase más fácilmente. Las mujeres jóvenes producen solo escasas secreciones vaginales, que oponen una débil barrera a la transmisión del VIH (22, 140, 141, 250, 289). A medida que se realizan más estudios sobre la infección por VIH en los que se incluyen tanto mujeres como hombres, se encuentra que, por razones desconocidas, las mujeres se enferman con cargas víricas más bajas que los hombres (79, 377).

Relaciones entre personas del mismo sexo

Se estima que en el mundo industrializado 70% de la transmisión del VIH ocurre entre los hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres. ONUSIDA estima que 5% a 10% de los casos de VIH en el mundo se deben a la transmisión de la infección entre los hombres (157).

La adolescencia puede ser un período especialmente difícil para los hombres y mujeres jóvenes que están explorando su sexualidad y experimentan tanto con relaciones del mismo sexo como heterosexuales (382). Muchas personas jóvenes tienen relaciones heterosexuales durante el principio de la adolescencia antes de identificarse más adelante como lesbianas u homosexuales (314). Los hombres jóvenes que mantienen relaciones con otros hombres se ven forzados a menudo a hacer arreglos clandestinos para mantener en secreto su orientación sexual (60).

En muchos países las comunidades abiertamente homosexuales, o “gay”, son raras o incluso inexistentes. Pero en casi todos los países hay hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres (con inclusión del coito peneal-anal y peneal-oral) aunque ellos no se consideren homosexuales y los demás tampoco (155, 157, 162, 247). Se ha acuñado la frase “hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres” en oposición a “hombres homosexuales” y se la usa ampliamente para poner de manifiesto este hecho.

Si bien son escasos los datos provistos por las investigaciones sobre las relaciones del mismo sexo entre los adolescentes de países en desarrollo, especialmente en aquellos que exhiben la prevalencia más elevada de VIH, los datos de los Estados Unidos sugieren que los hombres jóvenes que tienen relaciones sexuales con otros del mismo sexo constituyen un riesgo considerable. De acuerdo con los Centros de Estados Unidos para el Control y la Prevención de Enfermedades (US CDC), 50% de todos los casos de SIDA notificados en los Estados Unidos en 1999 entre los varones de 13 a 24 años de edad eran hombres que tenían relaciones sexuales con otros hombres (373). Aunque en Estados Unidos las tasas de infección por VIH parecen haber declinado entre los hombres adultos que tienen relaciones con otros hombres, las tasas de infección aparentemente han subido entre los muchachos jóvenes que tienen relaciones con hombres, especialmente entre las minorías (374). Como muchos hombres jóvenes que tienen relaciones con otros hombres también tienen relaciones sexuales con las mujeres, es posible que introduzcan el VIH en un grupo de población más grande (10, 24, 55, 157, 160).

Si bien se cree que el riesgo biológico de transmisión del VIH a través de la relación sexual entre una mujer y otra es bajo, el US CDC aconseja que esas mujeres tomen ciertas precauciones, como usar guantes de látex y diques dentales para reducir el contacto con los humores corporales de la pareja (316, 371). Puesto que el VIH puede encontrarse en las secreciones genitales, la sangre menstrual y la leche materna, la exposición a estos líquidos durante las relaciones sexuales de una mujer con otra podría llevar a una infección. Además, en promedio, las mujeres que tienen relaciones sexuales con otras mujeres tienen más parejas sexuales que las mujeres de la población general y hacen más uso de drogas inyectadas (81, 343).

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