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¿Por qué tan vulnerables?Las personas jóvenes son mucho más vulnerables al VIH/SIDA que las personas mayores. Como el desarrollo social, emocional y psicológico de los jóvenes es incompleto, estos tienden a experimentar con formas peligrosas de comportamiento, a menudo sin darse cuenta cabal del peligro. En realidad, el comportamiento sexual arriesgado suele ser parte del cuadro más amplio del comportamiento de los adolescentes, incluidos el uso de alcohol y drogas, la delincuencia y el desafío a la autoridad (75). Al mismo tiempo, algunos investigadores advierten que no debe tenerse una visión simplista de los adolescentes según la cual estos son “vulnerables” o están “en riesgo”. Semejante perspectiva puede nublar las ideas acerca de la situación de la juventud, arguyen los investigadores, pues las personas jóvenes no constituyen un grupo homogéneo y, además, pueden actuar por sí mismas (155). Por otra parte, en su mayoría las personas jóvenes tienen sólo un conocimiento limitado del VIH/SIDA, en gran parte porque la sociedad no les facilita la obtención de información. Con frecuencia las políticas sociales ponen de manifiesto la intolerancia y discriminación contra la juventud, como cuando limitan el acceso a la información sobre la salud y al cuidado de ésta (127). Como los adolescentes están en un período de transición en el que ya no son niños pero no han llegado a la edad adulta, las respuestas de la salud pública a las necesidades de esos adolescentes suelen ser contradictorias y llevar a confusión (223). Al mismo tiempo, las normas y expectativas sociales, junto con la opinión de los compañeros, influyen poderosamente en el comportamiento de los jóvenes, generalmente de manera tal que contribuyen a aumentar los riesgos para la salud. El comportamiento de los adolescentes los hace más vulnerables¿Por qué en la adolescencia aumenta la vulnerabilidad al VIH/SIDA? La adolescencia es un período de comportamiento imprevisible (70, 284, 354). Al faltarles el discernimiento que viene con la edad, los adolescentes por lo común no pueden apreciar las consecuencias adversas de sus actos. Para los jóvenes, los riesgos que presenta el VIH/SIDA pueden ser particularmente difíciles de comprender. Como el VIH tiene un largo período de incubación, el comportamiento arriesgado de una persona no tiene inmediatamente consecuencias manifiestas. Al mismo tiempo, para una persona joven los costos sociales potenciales de prevenir la infección por el VIH, inclusive la pérdida de la relación, la pérdida de confianza y la pérdida de aceptación por parte de los compañeros, puede ser un precio demasiado alto que pagar para la mayoría de los adolescentes (393). Además, muchos jóvenes no están enterados de qué se entiende por comportamiento sexual arriesgado (357, 392). Aun si reconocen en general el riesgo de contraer el VIH/SIDA, muchos adolescentes creen que ellos mismos son invulnerables. En Tanzania, por ejemplo, solo 26% de los estudiantes varones en trevistados pensaban que estaban en “alto riesgo” de contraer el VIH/SIDA, pese a que 48% pensaban que sus amigos estaban en alto riesgo (225).
Estos hallazgos ponen de manifiesto el sentido distorsionado de invulnerabilidad al VIH/SIDA de muchos jóvenes (127). Esta manera de sentir lleva a que muchas personas jóvenes ignoren el riesgo de infección y por lo tanto, a que no tomen precauciones (53, 283, 352). Huelga decir que muchos adultos tampoco prestan atención a los riesgos y no se consideran vulnerables. La madurez cognoscitiva parece estar relacionada con el comportamiento sexual más libre de riesgos. En Kenia y Zambia, por ejemplo, las mujeres jóvenes con preparación académica superior tienen más probabilidad de usar anticonceptivos (186, 218). En Mozambique el nivel alto de escolaridad estaba relacionado con el mayor uso de condones (162). En Uganda las mujeres jóvenes con educación secundaria exhibían los descensos más notables de prevalencia del VIH de 1991 a 1997 (181). Aun en lugares donde la prevalencia del VIH/SIDA es alta, como Sudáfrica, algunas personas jóvenes no se consideran en riesgo, mientras otros han dicho en discusiones de grupos de enfoque que si se infectaran, serían otros los responsables y no ellos (217). Algunos jóvenes hasta ponen en duda la existencia del SIDA (381). En Zimbabwe, donde la prevalencia nacional del VIH entre las mujeres jóvenes es superior al 23%, más de la mitad de las jóvenes entrevistadas dijeron que no corrían riesgo de ser infectadas por el VIH/SIDA (361). Aun si conocen el riesgo, algunas personas jóvenes quizá lo ignoren. Las mujeres jóvenes pueden adoptar intencionalmente un comportamiento sexual arriesgado, especialmente en las culturas en las que el matrimonio es sumamente valorado y la condición social de la mujer depende de que encuentre marido y tenga hijos (43, 297). En algunas partes de Camerún la competencia por un buen partido es intensa. De allí que las jóvenes que se ven ante la amenaza de verse desplazadas por otras muchachas se aventuren en relaciones sexuales sin protección para reforzar las probabilidades de contraer matrimonio (238). En partes de Asia las mujeres jóvenes tal vez opten por el comercio sexual porque la remuneración es mejor que en muchas otras ocupaciones (56, 202). Algunas personas jóvenes incluso reinciden en el comportamiento sexual peligroso después de diagnosticárseles la infección por el VIH (257). En los Estados Unidos los investigadores encontraron que los adolescentes infectados por el VIH tenían una probabilidad dos veces mayor que los adultos infectados de adoptar un comportamiento de tan alto riesgo como practicar el coito sin protección y compartir con otros las agujas para inyectarse drogas (64). Otro tipo de comportamiento arriesgado y el VIH. Muchos adolescentes que experimentan con el tabaco, el alcohol, la actividad sexual y las drogas consideran que se trata de ritos de paso a la edad adulta. La propensión a correr riesgo se aplica a toda clase de riesgos. En Tanzania, por ejemplo, los jóvenes de 16 a 24 años que fumaban y bebían alcohol tenían una probabilidad cuatro veces mayor que otros de la misma edad de tener numerosas parejas sexuales (225). En Kenia el único factor predictivo más importante de la actividad sexual entre las mujeres adolescentes era el uso de alcohol, drogas o tabaco (189). Estudios realizados en Puerto Rico, la parte continental de los Estados Unidos y en otras partes han dado a conocer información parecida (251, 305). Los tipos de comportamiento peligrosos también están directamente vinculados; por ejemplo, entre los estudiantes universitarios de Estados Unidos, los que habían tenido relaciones sexuales bajo la influencia del alcohol o las drogas tenían una probabilidad 2,5 veces mayor de no haber usado ninguna protección (273). Ansiedad y turbación. La sexualidad produce en muchos jóvenes ansiedad y turbación, en parte porque es común que la sociedad misma reaccione de esa manera ante este tema (18, 393). Aun los jóvenes que saben cómo protegerse del VIH/SIDA suelen carecer de las aptitudes sociales para hacerlo (20, 384). La ansiedad y la aprensión impiden a menudo que los jóvenes usen condones porque para ello se requiere el conocimiento y cooperación de la pareja. Muchas personas temen poner en peligro la relación si le piden a la pareja que les informe sobre su actividad sexual anterior (95). Optan entonces por considerarse “seguras” en lugar de enfrentar la molestia de tomar medidas que garanticen su seguridad (381). Pero al mismo tiempo, son muchos los que dicen que se sentirían aliviados si la pareja sacara a colación la cuestión de la protección (122, 214). Algunos jóvenes, especialmente las mujeres, corren riesgo de contraer el VIH/SIDA por tener un sentido de inferioridad (271) o por sentirse incómodos con su sexualidad (32). A menudo las personas jóvenes no creen que pueden controlar su comportamiento sexual o anticonceptivo. Niegan que necesitan anticonceptivos o exageran la dificultad de obtenerlos (344). Muchos evitan tomar cualquier decisión para protegerse (32). Es común que la gente niegue el riesgo para hacer frente al estrés (34). Los adolescentes que niegan el riesgo personal que corren de contraer el VIH/SIDA pueden ignorar los mensajes para prevenir el SIDA, descartar su importancia o pensar que ellos no son los responsables de la protección (20). La opinión de sus iguales. En su mayoría, los jóvenes son extremadamente sensibles respecto de la opinión de sus iguales. Especialmente entre los adolescentes mayores, la percepción de lo que piensan los compañeros tiene por lo común mayor influencia en el comportamiento sexual o en cualquier otro tipo de comportamiento arriesgado que las opiniones de los padres y otros adultos (94, 239, 261). Los estudios llevados a cabo en los Estados Unidos y otras partes han mostrado que el comportamiento sexual de los amigos influye en el comportamiento sexual de los jóvenes (356, 386). Cuando los adolescentes creen que sus iguales piensan que el coito sin protección no es peligroso, es más probable que ellos mismos no se protejan durante las relaciones sexuales (32). En Kenia los varones adolescentes cuyos amigos eran sexualmente activos tenían una probabilidad siete veces mayor de ser también ellos sexualmente activos (189). En Uganda los hombres jóvenes declaran que los compañeros ejercen presión sobre ellos para que “prueben que son hombres” (134). Y un muchacho sudafricano dijo: “No es suficiente enamorarla. Uno tiene que ser capaz de demostrar a los amigos que se ha acostado con ella” (381). Las mujeres jóvenes también pueden experimentar ese tipo de presión. En Sudáfrica las adolescentes dicen que sus compañeras pondrán en ridículo a las que no pueden mantener una relación amorosa por negarse a tener relaciones sexuales (297). |