Contenido
Capítulos
  1. La epidemia invisible
  2. Cómo se infectan las personas jóvenes
  3. ¿Por qué tan vulnerables?
  4. Cómo abordar la epidemia
  5. Para llegar a los jóvenes
  6. Las consecuencias de la inacción
  7. VIH/SIDA: Qué quieren saber los jóvenes
  8. Perfiles
  9. La juventud, centro de las estrategias
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Centro de Medios/Materiales (M/MC) de JHU/PIP
111 Market Place, Suite 310
Baltimore, MD 21202 USA
Correo electrónico: mmc@jhuccp.org


Publicación del Population Information Program, Center for Communication Programs, The Johns Hopkins University Bloomberg School of Public Health, 111 Market Place, Suite 310, Baltimore, Maryland 21202, USA.

Volumen XXIX, Número 3
Otoño de 2001
Serie L, Número 12
Temas sobre salud mundial

Falta de información

Muchos adolescentes están en riesgo porque nadie, inclusive los padres, educadores, consejeros, proveedores de atención de salud, o los medios de difusión, les ha hablado del VIH/SIDA o de la manera de protegerse a sí mismos y a los demás. Pese a que han pasado más de 15 años desde que se reconociera internacionalmente que hay necesidad de educación y comunicación para prevenir el VIH/SIDA, aún hoy día los jóvenes tienen limitadas oportunidades de aprender acerca del virus y la enfermedad.

Algunos adultos todavía piensan que la educación sexual fomenta la experimentación sexual. En consecuencia, los programas y campañas generalmente se ven limitados en lo que pueden decir. Por ejemplo, los educadores de la Universidad de El Cairo, en Egipto, han tenido que alterar su programa “para no ser acusados de propaganda inmoral” (72).

Pese a esas inquietudes, al revisarse las evaluaciones de los programas se encuentra que los programas de educación sobre el VIH/SIDA no contribuyen a acelerar el inicio de la actividad sexual, ni a aumentar su frecuencia, ni tampoco a aumentar el número de compañeros sexuales entre los adolescentes. En realidad, algunos programas que incluían la discusión sobre la anticoncepción, contribuyeron a postergar el inicio de la actividad sexual y a aumentar la tendencia a usar condones (107, 108, 191).

Aunque se reconoce ampliamente la importancia de la educación sobre el VIH/SIDA, de 107 países estudiados recientemente, 44 no habían incluido la educación sobre el SIDA en el currículo escolar (295). En entrevistas con 277 directores de escuelas secundarias de Sudáfrica, 60% de ellos admitieron que los estudiantes están en riesgo moderado o alto de contraer el VIH/SIDA, pero que solo 18% de las escuelas ofrecían un currículo completo de educación sexual (292).

Cartel de Uganda

Uganda Ministry of Health

En este cartel de Uganda se insta a las jóvenes a ayudar a que las amigas eviten tener relaciones con hombres mayores que podrían infectarlas.

Al mismo tiempo han disminuido o desaparecido por completo las formas tradicionales de educar a los jóvenes acerca de la sexualidad. Por ejemplo, en numerosos países subsaharianos los misioneros cristianos desalentaron los ritos de iniciación que definían el paso de la juventud a la edad adulta (205). Como resultado, se perdió la oportunidad de hablar con los jóvenes acerca de la sexualidad, lo cual formaba parte de esos ritos (186). Los lazos y tradiciones sociales que una vez moldeaban el comportamiento de los jóvenes y les ayudaban a hacer la transición a la edad adulta se han debilitado a raíz de la urbanización, la nueva actitud hacia la sexualidad y la desaparición de la familia extendida.

Como resultado, hay más jóvenes sexualmente activos pero sin información adecuada para saber cómo protegerse. En Camerún, Côte d’Ivoire, Kenia, Tanzania y Zambia, países estos donde el VIH/SIDA es ahora epidémico entre las niñas adolescentes, las Encuestas Demográficas y de Salud (EDS) encontraron a mediados de los años noventa que 20% a 50% de las mujeres jóvenes no conocían ninguna manera de protegerse (ver la Figura 2). En Mozambique, donde se estima que 15% de las jóvenes tienen el VIH (162), 74% de las mujeres jóvenes y 62% de los hombres jóvenes no podían nombrar ni una sola manera de protegerse.

Las mujeres jóvenes saben mucho menos acerca del VIH que los hombres jóvenes (ver la Figura 2). Por ejemplo, en cinco países encuestados, el porcentaje de mujeres jóvenes que conocían una manera de protegerse contra el VIH es igual a la mitad del porcentaje de los hombres jóvenes (361). Además, las mujeres jóvenes generalmente no se animan a desmentir la información equivocada de la pareja porque no quieren dar la impresión de que saben demasiado acerca de las cuestiones sexuales (393).

Cuando los jóvenes saben algo acerca del VIH/SIDA, el conocimiento suele ser superficial. Por ejemplo, cuando se les preguntó a estudiantes de Nueva Guinea cómo hay que protegerse contra el VIH, 27% de ellos dijeron que era suficiente conocer primero a la pareja o asegurarse de que esta no había tenido relaciones sexuales en los seis meses anteriores (92). De manera similar, muchas personas jóvenes no saben que una persona de apariencia saludable puede estar infectada por el VIH. En algunos países donde el SIDA está muy extendido, como Lesotho y Sudáfrica, 50% a 75% de las muchachas de 15 a 19 años de edad no saben que una persona con VIH puede parecer sana (45, 361).

Muchos adolescentes piensan incorrectamente que el VIH/SIDA puede transmitirse de distintas maneras no relacionadas con los riesgos conocidos. En Papúa Nueva Guinea, por ejemplo, la tercera parte de los estudiantes del décimo grado pensaban incorrectamente que una persona podía adquirir el VIH a través de una picadura de mosquito, y 15% pensaban que la infección por el VIH puede ocurrir si se bebe del mismo vaso (92). En Trinidad, 16% de los estudiantes de secundaria pensaban incorrectamente que una persona podía adquirir el VIH en el asiento de los inodoros (244).

La información errónea sobre la transmisión del VIH contribuye a que se manifieste una actitud negativa hacia las personas que viven con el VIH/SIDA. En Rusia, 40% de los estudiantes secundarios y 30% de las estudiantes dijeron que “no les gustaría estar en la misma clase que una persona con SIDA” (215). En Escocia, casi 34% de los adolescentes y 22% de las adolescentes dijeron que se sentirían incómodos si el profesor o profesora tuviera el VIH/SIDA (353).


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