Contenido
Capítulos
  1. La epidemia invisible
  2. Cómo se infectan las personas jóvenes
  3. ¿Por qué tan vulnerables?
  4. Cómo abordar la epidemia
  5. Para llegar a los jóvenes
  6. Las consecuencias de la inacción
  7. VIH/SIDA: Qué quieren saber los jóvenes
  8. Perfiles
  9. La juventud, centro de las estrategias
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111 Market Place, Suite 310
Baltimore, MD 21202 USA
Correo electrónico: mmc@jhuccp.org


Publicación del Population Information Program, Center for Communication Programs, The Johns Hopkins University Bloomberg School of Public Health, 111 Market Place, Suite 310, Baltimore, Maryland 21202, USA.

Volumen XXIX, Número 3
Otoño de 2001
Serie L, Número 12
Temas sobre salud mundial

Educación sobre el SIDA

En junio de 2001 los estados miembros que participaron en la Sesión Especial sobre el SIDA de la Asamblea General de las Naciones Unidas acordaron “asegurar que para el año 2005, al menos 90% de los hombres y mujeres jóvenes de 15 a 24 años de edad tengan acceso a la información y educación necesarias para desarrollar las aptitudes que necesitan en la vida para reducir su vulnerabilidad a la infección por el VIH” (366). Una manera de alcanzar esta meta, al menos en teoría, es a través del sistema de educación de un país, especialmente si los programas llegan a los estudiantes a una edad temprana, antes de que algunos de éstos empiecen a abandonar los estudios (65). En la Conferencia Internacional sobre el SIDA que tuvo lugar en Durban en 2000, en el simposio “La prevención da resultado” se recomendó iniciar temprano la educación sobre el VIH/SIDA, comenzando con los niños de tan solo cinco años de edad (180).

Hay, sin embargo, considerables desacuerdos acerca de la educación sobre el VIH/SIDA, inclusive qué enseñar, a qué edad, en qué marco, por quién y con qué fin. Las presiones políticas a menudo mantienen la educación sexual, y por ende la educación sobre el VIH/SIDA, fuera del aula. Los sentimientos que despiertan la sexualidad y el comportamiento de los jóvenes suelen obstruir la educación sobre el SIDA, incluso donde existe el firme compromiso nacional de abordar la crisis del SIDA (329). (ver Falta de información). Pese a esos obstáculos, algunos programas escolares estarían dando buenos resultados, aunque son escasos los datos provenientes de la evaluación de los programas (327).

En las evaluaciones generales se ha examinado el impacto de los programas de educación sobre el VIH en todo el mundo. En Canadá y Estados Unidos los investigadores han encontrado que un tercio de los 28 programas examinados contribuyeron a postergar la edad del inicio de la actividad sexual entre los estudiantes que participaron en esos programas (191). En un análisis más reciente en el que se examinaron los programas de educación en las escuelas de Namibia, Nigeria, Sudáfrica y Zimbabwe se encontró que algunos de los programas ayudaban tanto a aplazar la iniciación sexual, como a reducir el número de parejas sexuales y a aumentar el uso de anticonceptivos (430). En Namibia, por ejemplo, un currículo en el que se ponía énfasis en la abstinencia y las prácticas sexuales más seguras ayudó a algunas de las estudiantes a demorar el comienzo de la actividad sexual, pero no contribuyó en general a incrementar la abstinencia ni el uso de condones (437). En Brasil los estudiantes que participaban en un programa de educación en las escuelas declararon que tenían menos parejas sexuales que los estudiantes de las escuelas sin el programa sobre el SIDA (58).

En los programas de educación de los jóvenes sobre el SIDA es necesario abordar la presión de los compañeros y las normas que estimulan el comportamiento arriesgado (53, 190). Para cambiar el comportamiento arriesgado de los jóvenes se requiere ir más allá del suministro de información y ayudar a los jóvenes a adquirir la habilidad de rehusarse a tener relaciones sexuales y de negociar con las parejas sexuales.

En Tailandia un programa de educación integral para las personas jóvenes incluía ejercicios de resolución de problemas, dramatizaciones y análisis de los “activadores” del comportamiento sexual arriesgado (como el uso de alcohol). Este programa contribuyó a que disminuyeran en un 50% los nuevos casos de VIH, y que la incidencia de ITS entre los hombres jóvenes del programa fuera igual a un séptimo de la incidencia en el grupo testigo sin educación sobre el SIDA (49). Los investigadores han identificado elementos clave de los programas de educación sobre el VIH/SIDA, en gran parte a partir de los estudios realizados en los Estados Unidos (190, 191). Los programas tendrán más probabilidades de dar buen resultado si:

  • Se concentran en reducir un determinado comportamiento sexual arriesgado;
  • Para el desarrollo del programa parten de la base de métodos teóricos para el cambio de comportamiento que han demostrado dar resultado;
  • Transmiten un mensaje claro sobre la actividad sexual y el uso de condones y refuerzan continuamente este mensaje;
  • Suministran información básica correcta sobre los riesgos que presenta la actividad sexual de los adolescentes y sobre los métodos para evitar el coito o usar condones contra la infección por VIH;
  • Abordan la presión de los compañeros y otras presiones sociales para que los jóvenes sean sexualmente activos;
  • Proporcionan modelos y prácticas de técnicas de comunicación, negociación y rechazo;
  • Emplean una variedad de métodos de enseñanza que requieren la intervención de los participantes y ayudan a personalizar la información;
  • Emplean métodos de enseñanza y material apropiados para la edad, experiencia sexual y cultura de los estudiantes;
  • Eligen como maestros a personas que creen en el programa y luego les imparten capacitación para que resulten eficaces.

Se necesitan más evaluaciones de la educación escolar y extraescolar de los jóvenes sobre el SIDA en los países en de-sarrollo (436).

Los programas de educación sobre el VIH/SIDA deberán ser apropiados para la edad, o sea que los destinados a los adolescentes más jóvenes deberán poner el acento en la necesidad de evitar o retrasar la actividad sexual, mientras que los dirigidos a los adolescentes de más edad deberán incluir el tema de los condones y otros anticonceptivos, además de instarlos a practicar la abstinencia (7, 53, 193). Naturalmente, la educación no puede ayudar a los jóvenes imposibilitados de retrasar la actividad sexual, como ocurre con las jóvenes vendidas al comercio sexual o violadas en los campamentos de refugiados.

DONNER L'EDUCATION SEXUELLE AUX
ADOLESCENTS C'EST PREVENIR LES
MATERNITES PRECOCES, LES GROSSESSES
NON DESIREES, LES MST ET LE SIDA

Poster from Cameroon

Association for the Care of Children's Health (ACCH)

"“Si se imparte educación sexual a los adolescentes se previenen la maternidad precoz, los embarazos involuntarios, las ITS y el SIDA”, dice este cartel de Camerún. Esta jovencita piensa: “Si solo hubiera tenido buena información”, mientras sus compañeros se ríen de ella en camino a la escuela

Educación entre compañeros. Muchas estrategias para los jóvenes se apoyan actualmente en la educación entre compañeros (80). Quizá la meta más importante de esta educación mutua es el establecimiento de estándares de comportamiento aceptable. Cuando los jóvenes desempeñan un papel en el desarrollo de las normas sociales y colectivas que protegen contra la infección por VIH, sirven de modelo positivo para el cambio del comportamiento (272).

En su mayoría, los jóvenes encuentran creíble el papel de educadores de sus compañeros porque estos se comunican bien con los demás jóvenes y establecen ejemplos verosímiles de comportamiento. Los compañeros también pueden ayudar a otros jóvenes a adquirir destrezas tales como la negociación sexual y la confianza en sí mismos (65, 77, 80, 179).

Para que los programas de educación entre compañeros sean eficaces, es esencial impartir capacitación a los jóvenes educadores, con inclusión de sesiones de seguimiento que refuercen los conocimientos, creencias y aptitudes (129, 194, 347).

La capacitación no solo deberá asegurar que los compañeros educadores sepan cómo enseñar lo referente al VIH/SIDA sino también que sean capaces de ver las cosas desde la perspectiva de los jóvenes que están tratando de alcanzar (129).

Una amplia variedad de programas de educación entre compañeros sobre el SIDA llega a los jóvenes de países en de-sarrollo, incluidos Indonesia (139), Kenia (156), Perú (431), Tailandia (49, 85) y Zambia (285, 331). Si bien son pocos los elementos de juicio obtenidos en la evaluación, se ha encontrado que los programas entre compañeros han contribuido a reducir la incidencia de ITS, incluido el VIH, cambiar el comportamiento arriesgado y mejorar la salud (129, 179), incluso entre los compañeros educadores mismos (269). En un programa de educación entre compañeros de Estados Unidos, por ejemplo, el uso de condones aumentó del 45% al 55% entre los participantes encuestados (272). En Perú, si no se hubiera llevado a cabo el proyecto de educación entre compañeros Es Salud, el uso del condón entre los jóvenes habría sido un 39% más bajo. (431).

A veces se supone que la educación entre compañeros es poco costosa pues depende de voluntarios; por otra parte, puede darse que los costos del aprendizaje, asistencia y supervisión de los compañeros educadores sean altos (129). Debido al continuo movimiento de los compañeros educadores es necesario reclutar y capacitar a quienes han de reemplazarlos. Además, los programas de compañeros educadores generalmente necesitan profesionales que proporcionen orientación y asistencia. Mientras se está cada vez más de acuerdo en que los compañeros educadores deberían recibir algún tipo de compensación, la experiencia dictamina en contra de la compensación excesiva para evitar el distanciamiento entre los compañeros educadores y los educandos (82, 129, 347).

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