Contenido
Capítulos
  1. La epidemia invisible
  2. Cómo se infectan las personas jóvenes
  3. ¿Por qué tan vulnerables?
  4. Cómo abordar la epidemia
  5. Para llegar a los jóvenes
  6. Las consecuencias de la inacción
  7. VIH/SIDA: Qué quieren saber los jóvenes
  8. Perfiles
  9. La juventud, centro de las estrategias
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111 Market Place, Suite 310
Baltimore, MD 21202 USA
Correo electrónico: mmc@jhuccp.org


Publicación del Population Information Program, Center for Communication Programs, The Johns Hopkins University Bloomberg School of Public Health, 111 Market Place, Suite 310, Baltimore, Maryland 21202, USA.

Volumen XXIX, Número 3
Otoño de 2001
Serie L, Número 12
Temas sobre salud mundial

Orientación, pruebas y remisión voluntarias

Las pruebas tempranas para detectar la presencia del VIH/SIDA ofrecen muchos beneficios, sobre todo a los jóvenes, pero en la mayoría de los países aún son raras. Especialmente ahora que los tratamientos se hallan más disponibles para la infección por el VIH, las pruebas y la orientación tempranas podrían llevar a la atención oportuna, un mejor tratamiento médico de las enfermedades relacionadas con el VIH y la oportunidad de reducir la transmisión perinatal del VIH.

Continúa el debate sobre la influencia de estas pruebas de detección del VIH en el cambio positivo de comportamiento (404). Algunos investigadores han demostrado que, una vez enteradas de que son VIH-positivas, algunas personas infectadas modifican su comportamiento para evitar transmitir el VIH (385). Además, si se inicia la terapia antirretrovírica lo antes posible, la carga vírica se reduce (102) y podría, por lo tanto, reducirse el riesgo de transmisión del VIH. Para los que resultan VIH-negativos, las pruebas pueden tener el efecto de incitarlos a desarrollar un plan para evitar la infección.

No obstante, son pocos los jóvenes examinados, aun en los países donde la epidemia de VIH/SIDA es más grave. Hay varias razones para ello. En primer lugar, muchos países poseen pocos servicios para realizar esas pruebas. En segundo lugar, es frecuente que no se suministre tratamiento a las personas VIH-positivas, de modo que ¿para qué molestarse en someterse a la prueba? Y en tercer lugar, el estigma de la infección por el VIH puede desalentar a muchos jóvenes, como desalienta también a muchos adultos. Independientemente de la edad, numerosas personas no se someten a las pruebas hasta no desarrollar síntomas o hasta que el cónyuge o la pareja sexual muere de SIDA (433). Probablemente hayan estado transmitiendo el VIH a otros por años.

Otras razones por las cuales los jóvenes no se someten voluntariamente a las pruebas son la falta de información, la percepción de no estar en alto riesgo, la falta de secreto médico, los costos, los problemas de transporte y las leyes que requieren el consentimiento de los progenitores (116, 121, 286). En un estudio realizado en los Estados Unidos se encontró que el número de adolescentes examinados para detectar la presencia del VIH/SIDA aumentó un 150% cuando dejó de requerirse el consentimiento de los progenitores (235). En algunos países los requisitos administrativos pueden desalentar las pruebas voluntarias para determinar la presencia del VIH (57).

En las pruebas de detección del VIH es esencial asegurar el secreto médico. El derecho a mantener confidencial la información está reconocido por la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño (202). Sin embargo, la información confidencial suele estar comprometida. En Kenia, por ejemplo, casi un tercio de los adolescentes estudiados recibieron los resultados de la prueba ya sea en una carta o a través de los padres, en lugar de recibirlos privadamente de un proveedor de atención de salud (130). En Rusia, los esfuerzos por seguir los casos positivos del VIH pueden dejar rastros que comprometen el carácter confidencial de la información (136).

Los programas de pruebas de laboratorio necesitan crear fuertes redes de remisión de casos para ayudar a los jóvenes, prescindiendo del estado en que se encuentren con respecto al VIH. En particular, los lugares en que se realizan las pruebas pueden estar vinculados a programas que ayudan a las personas VIH-negativas a planear cómo evitar el riesgo y también a programas que ayudan a las personas VIH-positivas a obtener atención médica. Las pruebas de carácter voluntario también ofrecen la oportunidad de remitir a los jóvenes a otros servicios de atención de salud reproductiva, especialmente para la prevención del embarazo y el tratamiento de ITS. Los sistemas de remisión, por otra parte, son raros (130). La provisión de mejores servicios de remisión para los jóvenes puede requerir una evaluación, un adiestramiento de personal y un seguimiento clínico más amplios que para los adultos (311).

Cuestiones psicológicas y éticas. Para cualquiera, y especialmente para los jóvenes, las pruebas de detección del VIH son causa especial de estrés (185, 311). Los jóvenes que resultan VIH-positivos quieren seguir creyendo que son invencibles, pero de pronto se enfrentan con su propia mortalidad. Pueden pasar meses antes de que acepten la situación en que se encuentran y busquen tratamiento (337). Es alentador, sin embargo, el hecho de que las personas jóvenes en alto riesgo de infección por VIH tienden más que otros jóvenes a someterse a las pruebas y a retornar en busca de los resultados, quizá porque saben que su comportamiento los ha puesto en riesgo (309, 383).

Muchos jóvenes que han comprobado ser VIH-positivos necesitan asistencia y orientación especiales. Pero en numerosos países, si es que se llega a ofrecer alguna orientación sobre el VIH/SIDA, casi todos los servicios en los que se realizan las pruebas ofrecen asistencia especial solo en breves sesiones en las que hay poca oportunidad de explorar los problemas (286, 311). Son muchos los proveedores de atención de salud que reconocen que la calidad de la orientación necesita mejorarse (91).

Los proveedores de atención pueden abordar las cuestiones que preocupan a los jóvenes acerca de las pruebas conversando acerca del proceso y representando con ellos situaciones posibles, como por ejemplo, cómo sincerarse con los padres o la pareja, o cómo encarar los diversos resultados posibles de las pruebas (337). Los proveedores también pueden ayudar a los adolescentes a preparar una estrategia para mantenerse sanos, adoptando inclusive prácticas sexuales más seguras.

Con frecuencia los proveedores de atención de salud no saben cómo abordar el tema del VIH/SIDA entre los jóvenes y se sienten incómodos. Algunos se preguntan incluso si es lícito examinar a los jóvenes y ofrecerles servicios de prevención. En Ghana les preocupaba sobre todo si era permisible entregar anticonceptivos a las personas jóvenes. Muchos temían ofender las normas de la comunidad (230). Algunos proveedores de atención de salud que no aprueban la actividad sexual entre los adolescentes los reprenden o se rehúsan a suministrarles información (133, 183, 237). Peor aún, algunas jóvenes clientas han recibido propuestas deshonestas de algunos proveedores de atención (59).

Investigadores de Estados Unidos han formulado una serie de criterios para el buen trato de los adolescentes en los servicios de laboratorio (121). Si bien estos criterios se basan en un determinado contexto económico y cultural, también pueden resultar útiles en otras partes. Un servicio de pruebas de detección del VIH que da “buen trato” a los adolescentes:

  • Tiene respeto por los adolescentes,
  • Ofrece pruebas gratis,
  • Ofrece una amplia variedad de servicios orientados hacia los adolescentes,
  • Asegura el secreto médico,
  • No requiere el consentimiento de los progenitores,
  • Ofrece la elección entre el análisis oral y de sangre,
  • Es conveniente, con acceso al transporte público,
  • Hace pocas preguntas, y
  • Requiere poco papeleo.

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