Contenido
Capítulos
  1. La epidemia invisible
  2. Cómo se infectan las personas jóvenes
  3. ¿Por qué tan vulnerables?
  4. Cómo abordar la epidemia
  5. Para llegar a los jóvenes
  6. Las consecuencias de la inacción
  7. VIH/SIDA: Qué quieren saber los jóvenes
  8. Perfiles
  9. La juventud, centro de las estrategias
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111 Market Place, Suite 310
Baltimore, MD 21202 USA
Correo electrónico: mmc@jhuccp.org


Publicación del Population Information Program, Center for Communication Programs, The Johns Hopkins University Bloomberg School of Public Health, 111 Market Place, Suite 310, Baltimore, Maryland 21202, USA.

Volumen XXIX, Número 3
Otoño de 2001
Serie L, Número 12
Temas sobre salud mundial

Participación de los hombres

Los esfuerzos por prevenir el VIH han comenzado a dirigirse a los hombres jóvenes y las presiones sociales que a menudo llevan al comportamiento sexual arriesgado, sobre todo la presión de los compañeros (85, 160, 187). Los hombres suelen desempeñar un papel sexual dominante dentro y fuera del matrimonio. Ellos se hallan más expuestos que las mujeres a los riesgos de la actividad sexual arriesgada porque en promedio comienzan más temprano a ser sexualmente activos y tienen relaciones con más individuos, pero se casan más tarde (103, 160). Además, muchos hombres considerarían comprometida su masculinidad si tienen menos parejas sexuales y siempre usan condones, comportamiento con el cual podría limitarse la propagación del VIH (68, 299, 322).

Para los hombres jóvenes, la posibilidad de hablar acerca de sus problemas, incluidos los concernientes a la sexualidad, y de obtener apoyo son pasos importantes para evitar riesgos. Pero muchos varones crecen sin que se les ofrezca la oportunidad de comunicarse con otros (103). En una encuesta nacional de Kenia, por ejemplo, menos de la mitad de los padres declararon haber hablado el año anterior con sus hijos varones adolescentes sobre la sexualidad, el VIH/SIDA o las relaciones entre el hombre y la mujer (177).

Los servicios de atención de salud para mujeres adultas y niños pueden tener el efecto de disuadir a los hombres jóvenes y adultos de ir allí a buscar ayuda (237, 322). Para motivar a los hombres a cuidar mejor su salud, ONUSIDA lanzó en el año 2000 un campaña mundial de dos años de duración titulada “Los hombres marcan la diferencia”. La campaña incita a los programas de prevención del SIDA a establecer servicios de salud que acojan a los hombres y les presten servicios en horas convenientes. También incentiva a los proveedores de atención de salud a ofrecer atención y asistencia confidenciales a los hombres (160).

La presentación de modelos adultos de comportamiento masculino responsable y de relaciones mutuamente solidarias y respetuosas también puede ayudar a los hombres jóvenes (103, 249). Muchos de estos crecen presenciando tipos de comportamiento irresponsable o abusivo con las mujeres dentro de la comunidad o de la propia familia (232). Al llegar a la edad adulta, ellos mismos tienden a adoptar ese comportamiento (119).

En un seminario sobre los programas con participación masculina que tuvo lugar en los Estados Unidos se formularon varios principios para guiar la estructura, el diseño y el conjunto de mensajes de los programas de salud reproductiva para niños y jóvenes de sexo masculino (249).

  • Centrarse regularmente en los varones. Los esfuerzos por centrarse en los niños y los hombres deberán ser parte integral de la prestación de servicios de los programas, no solo un agregado ocasional.
  • Buscar a los hombres donde se hallen. Los programas deberán llegar a los varones donde éstos se congregan, inclusive en las escuela, lugares de trabajo, eventos deportivos y cuarteles militares. Los programas deberán usar el lenguaje y los medios que atraen a los hombres.
  • Los hombres necesitan un lugar seguro. Las actividades para varones solamente ayudan a crear una atmósfera en la cual los hombres pueden revelar sus preocupaciones, esperanzas y temores.
  • Recurrir a adultos como mentores y modelos para los hombres jóvenes. En los programas exitosos con participación masculina para hombres jóvenes participan hombres adultos. La experiencia sugiere que los compañeros algo mayores, hombres 5 a 7 años mayores, son los que más eficazmente pueden comunicarse con los adolescentes.
  • Los programas estarán basados en la cultura del lugar. Los programas resultarán más fructíferos si en ellos se comprenden y respetan los valores culturales y religiosos.
  • Ubicar el programa en la comunidad. Los programas exitosos consultan con la comunidad para planear actividades y para calmar las preocupaciones. La participación de la comunidad también ayuda a mantener el programa en marcha.

A group of street youth form a football club in Kigali, Rwanda

David Awasum para JHU/CCP

En Kigali, Rwanda, un grupo de jóvenes de la calle han formado un club de fútbol que también sirve para impartir educación sobre el SIDA. En algunos lugares un número creciente de niños de la calle viven con el VIH/SIDA. Los programas de extensión pueden encontrar a los jóvenes en los lugares donde pasan casi todo el tiempo y acercarse a ellos de acuerdo con las condiciones impuestas por ellos mismos.

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