Contenido
Capítulos
  1. La epidemia invisible
  2. Cómo se infectan las personas jóvenes
  3. ¿Por qué tan vulnerables?
  4. Cómo abordar la epidemia
  5. Para llegar a los jóvenes
  6. Las consecuencias de la inacción
  7. VIH/SIDA: Qué quieren saber los jóvenes
  8. Perfiles
  9. La juventud, centro de las estrategias
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Centro de Medios/Materiales (M/MC) de JHU/PIP
111 Market Place, Suite 310
Baltimore, MD 21202 USA
Correo electrónico: mmc@jhuccp.org


Publicación del Population Information Program, Center for Communication Programs, The Johns Hopkins University Bloomberg School of Public Health, 111 Market Place, Suite 310, Baltimore, Maryland 21202, USA.

Volumen XXIX, Número 3
Otoño de 2001
Serie L, Número 12
Temas sobre salud mundial

Llegar a los jóvenes
expuestos a riesgo especial

Algunos grupos de jóvenes están expuestos a un riesgo mucho más grande que el riesgo promedio de VIH/SIDA (310). Para algunos el VIH/SIDA es una amenaza constante porque la pobreza los empuja a soportar situaciones que los ponen en riesgo. Los trabajadores sexuales adolescentes de ambos sexos y los jóvenes de la calle constituyen la juventud desfavorecida más visible. Por ejemplo, en Vijayawada, una ciudad de Andhra Pradesh, India, casi la mitad de los 25.000 niños de la calle tenían alguna ITS, y 30% habían sido infectados por el VIH (13). En Yakarta, Indonesia, uno de cada siete niños de la calle tenía un historial de ITS (247).

Menos visibles son los jóvenes discapacitados, refugiados, alojados en instituciones o que trabajan en condiciones que facilitan su explotación, como el trabajo doméstico. En Brasil 10% de las mujeres jóvenes alojadas en una institución estatal para jóvenes sin hogar y delincuentes habían sido infectadas por el VIH (425), en comparación con menos del 0,5% de la población general de mujeres jóvenes (162).

Los militares, que son predominantemente jóvenes, enfrentan un riesgo de ITS, incluido el VIH/SIDA, superior al promedio (33, 322). Según las estimaciones, la prevalencia de ITS es dos a cinco veces más alta entre los militares que en la población en general en tiempos de paz y hasta 50 veces más alta durante conflictos armados (148). En las fuerzas militares de algunos países africanos, la prevalencia del VIH varía del 10% al 60%, de acuerdo con una estimación del Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos (268).

Varios programas tratan de llegar a los jóvenes en alto riesgo. En Brasil, por ejemplo, un proyecto que comprende 10 comunidades está dedicado a prevenir el abuso de las niñas y a reducir el número de las que se convierten en trabajadoras sexuales. Ninguna de las 850 adolescentes que participaron en el programa ha vuelto a formar parte de las bandas callejeras o a trabajar en el comercio sexual (156). Otro programa de Brasil, Movimento Saude No Verde (Movimiento de Salud Luz Verde) ha contratado profesionales de atención de salud para administrar tratamiento a los jóvenes de la calle (82).

Los programas de extensión contra el VIH/SIDA pueden encontrar a los jóvenes en los lugares donde éstos pasan la mayor parte del tiempo (37). En su mayoría, los programas para alcanzar a los jóvenes de la calle se les acercan de acuerdo con las condiciones establecidas por aquellos, mediante la educación entre compañeros y los adultos que ya gozan de su confianza (387). En algunos también interviene la familia, pero esto no siempre da resultado. En los Estados Unidos, por ejemplo, fracasó la tentativa de enviar a jóvenes de la calle de vuelta a sus padres o tutores. Muchos de esos jóvenes abandonaron el hogar o fueron rechazados por sus padres o tutores (387).

En Nepal los programas han tratado de reunir con sus familias a las niñas que, víctimas de la trata de mujeres, practican la prostitución. Pero a veces las familias no aceptan de vuelta a las niñas por temor a la censura o el ostracismo social debido al estigma relacionado con el VIH/SIDA. Además, algunos padres temen la represalia del intermediario, sobre todo si los padres han consentido en enviar a la jovencita a la casa de prostitución (56).

En Guatemala, la organización no gubernamental Casa Alianza organiza equipos de extensión que ofrecen a los jóvenes de la calle atención médica de urgencia, información sobre el VIH, educación extraoficial y orientación (326). En Tailandia un programa llega a los jóvenes en alto riesgo en colaboración con la gerencia de discotecas, bares y otros lugares de diversión nocturnos donde se reúnen los jóvenes (85). En Nepal algunas ONG proveen de asistencia legal a las jóvenes víctimas del tráfico de mujeres que buscan entablar acción judicial contra sus raptores, lo que suele ser un largo y complicado proceso que puede tardar dos años o más en resolverse (56).

Es una tarea difícil llegar a la juventud desfavorecida. Para algunos jóvenes las condiciones inmediatas de la vida diaria son tan adversas que sobrepasan el temor de contraer el VIH/SIDA. Todavía otros son incapaces de protegerse contra la infección. Muchos no tienen ningún adulto que los proteja ni recursos propios (27).

Aun así, los programas pueden abordar el VIH/SIDA entre los desfavorecidos si llegan a ellos con información y servicios, tratando simultáneamente las causas fundamentales que los han puesto en situación de riesgo (15, 104, 342). Los programas dan mejor resultado si son integrales y suministran no solo información y asesoramiento acerca del VIH/SIDA, sino también vivienda, atención médica, servicios de salud mental, tratamiento para el abuso de drogas, educación, adiestramiento para el trabajo y servicios legales (15, 310, 407). En Brasil, por ejemplo, cuando un proyecto ayudó a los jóvenes que vivían en la calle a resolver los problemas diarios de supervivencia en lugar de suministrarles solo material de educación sanitaria, aumentó el número de jóvenes que visitaban los servicios de salud participantes en el programa (145).

AIDS-prevention project in Kenya using giant costumes

Africa Alive! Kenya Chapter

El proyecto de prevención del SIDA de Kenia se valió de máscaras gigantescas para atraer a los jóvenes en riesgo especial. El proyecto llegó a casi 10.000 personas de un asentamiento de bajos ingresos cercano a Nairobi, donde muchos jóvenes no van a la escuela y el trabajo en el comercio sexual está muy difundido.

Formación de asociaciones con la juventud

En general, los programas para los jóvenes funcionan mejor cuando éstos ayudan en los planes y su dirección (194, 347, 375). La participación les infunde un sentido de pertenencia y les ayuda a desarrollar técnicas administrativas, de organización y de adopción de decisiones (129, 179, 347, 411). También ayuda a asegurar que los servicios y mensajes satisfagan las necesidades de los jóvenes.

Puede ser difícil conseguir la participación de los jóvenes. Las tasas de rotación del personal juvenil pueden ser altas (347). Tal vez surjan cuestiones legales, como las leyes laborales que restringen el empleo de menores. La participación de los jóvenes también puede requerir cambios orgánicos puesto que la organización y los jóvenes participantes deben compartir una visión y concordar en los objetivos. Además, se requiere mucho tiempo para enseñar y asesorar a los jóvenes (375).

La participación de los jóvenes tiene mayor probabilidad de tener éxito si los líderes del programa están comprometidos con este. Además, el personal quizá necesite recibir capacitación para trabajar eficazmente con los jóvenes, aprender a ser flexible, aconsejar, comprender la cultura de la juventud y hablar cómodamente sobre cuestiones delicadas. La iniciativa de Comercialización Preventiva del CDC de Estados Unidos ha empleado técnicas de capacitación como la técnica de inversión de papeles para ayudar a los adultos a ver su comportamiento tal como lo ven los jóvenes (375).

Los programas pueden hacer participar a los jóvenes de diversas maneras. En América Latina, un programa preparó una lista de actividades en las que los jóvenes podían participar y les dio a elegir las que creían que podían realizar más fácilmente (231). Las actividades en que se verán envueltos los jóvenes, por otra parte, deben elegirse cuidadosamente. Por ejemplo, aunque los jóvenes pueden trabajar como recepcionistas en un dispensario para que los jóvenes visitantes se sientan bienvenidos, tal vez se les niegue el acceso a las historias médicas para proteger la información confidencial de los pacientes (421).

El valor de la intervención de los clientes en la planificación y dirección de los programas que los atienden está bien establecido. Aunque el compromiso sistemático de los jóvenes sigue siendo la excepción más bien que la regla en los programas de VIH/SIDA, un número creciente de programas están haciendo participar a los jóvenes (328, 411). Estos esfuerzos ofrecen promesas para el futuro.

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