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Las consecuencias de la inacciónMundialmente es poco probable que se contenga la epidemia del SIDA entre los jóvenes sin una estrategia integral y una campaña en gran escala para terminar con las infecciones por el VIH. Incluso los vigorosos esfuerzos que se tomen ahora mismo para refrenar globalmente el SIDA tendrán efecto demasiado tarde para muchos jóvenes. En Zimbabwe, por ejemplo, a causa del SIDA, un muchacho de 15 años en 1983 tenía sólo un 15% de probabilidad de morir antes de cumplir los 50 años de edad, en comparación con el 50% de probabilidad de un muchacho de 15 años en 1997. Se proyecta que en Botswana, 90% de las niñas y 88% de los varones que cumplieron 15 años en 2000 morirán de SIDA con los niveles de riesgo corrientes. En Zimbabwe y Sudáfrica el SIDA será la causa de defunción de casi tres cuartas partes de los varones que ahora tienen 15 años de edad (162, 420). Peor aún, las defunciones debidas al SIDA se reducirían solo un poco en los países peor afectados por la epidemia incluso si el riesgo de infección por el VIH pudiera reducirse a la mitad antes de 2015, según estimaciones de ONUSIDA. Esto se debe a que mucha gente ya está infectada y probablemente infectará a muchos otros (162). En Botswana, aun si el riesgo de infección se redujera a la mitad en 2015, casi 80% de los varones que actualmente tienen 15 años de edad se morirían a causa del SIDA. Lo mismo en Zambia, donde incluso con el riesgo reducido a la mitad en 2015, más de la mitad de los varones que actualmente tienen 15 años de edad se morirían de SIDA (ver la Figura 4). Estas sombrías estadísticas son similares a las de las mujeres que ahora tienen 15 años. A menos que los esfuerzos inmediatos y concertados por prevenir el SIDA puedan reducir a casi cero el riesgo de infección por VIH, quizá ya sea demasiado tarde para evitar cifras catastróficas de defunciones por SIDA en la generación actual de hombres y mujeres jóvenes en los países con la más alta prevalencia del VIH, como África Meridional. En otros países donde el VIH aún no se ha extendido, la adopción de estrategias que prevengan la infección por el VIH entre los jóvenes puede ayudar a que millones de estos no sufran el mismo destino. La prevención del VIH/SIDA entre la juventud es el objetivo principal de la meta establecida en la Sesión Especial sobre el SIDA de la Asamblea General de las Naciones Unidas de 2001 (166): en 2005 haber reducido en un 25% la prevalencia del VIH en los países más castigados. Los esfuerzos en ese sentido deben extenderse a amplios sectores de la juventud, incluidos los niños que están llegando a la pubertad, los adolescentes y adultos jóvenes, y abordar una variedad de factores a fin de desarrollar y sostener un comportamiento sano (ver el recuadro La juventud, centro de las estrategias).
Consecuencias sociales y económicasLos altos niveles de infección por el VIH entre personas más y más jóvenes son índice del fracaso de la sociedad en su misión de proteger a los niños (158). Cuando no se logra proteger a los niños, el mundo arriesga su futuro. Si los niveles de prevalencia del VIH suben, no solo la salud sufrirá serias consecuencias, sino que también habrá serias consecuencias demográficas, económicas y sociales (111). Debido a la alta mortalidad debida al SIDA, la población de algunos países del África Subsahariana comenzará a contraerse en los próximos tres años (338). Hacia 2010 la esperanza media de vida podría descender a unos 30 años en algunos países duramente afectados por el SIDA, como Botswana, Mozambique, Namibia, Swazilandia y Zimbabwe. En Lesotho, Malawi, Rwanda y Sudáfrica, las proyecciones indican que la esperanza de vida bajará a alrededor de 35 años. En algunos lugares el SIDA está haciendo declinar la esperanza de vida a niveles de más o menos un siglo atrás (338). Resulta más difícil evaluar y predecir los efectos sociales y económicos del VIH/SIDA que hacer proyecciones demográficas. Por un lado, la epidemia del SIDA tiene aún que completar su ciclo en cualquiera de los países (398). Por otro lado, ciertos efectos del VIH/SIDA, como la desesperación y el pesar, no pueden medirse fácilmente (334). Sin embargo, es probable que la muerte prematura de tantos adultos lleve a la escasez de mano de obra y a una mayor necesidad de asistencia pública (4, 165). A medida que aumenta el número de adultos que mueren a causa del SIDA, los encargados de dirigir el gobierno serán adultos cada vez más jóvenes, que deberán responsabilizarse de servicios clave como la seguridad civil, los tribunales, la educación y la atención de salud (222). Ya ahora más de la cuarta parte del personal médico mismo de los países más castigados por el SIDA está infectado por el VIH (166). En algunas comunidades, muchos adolescentes son cabezas de familia, crían niños y cuidan a sus padres que están muriéndose de SIDA (165). Sin una intervención inmediata, lo que está ocurriendo hoy en esas comunidades podría ocurrir en el futuro en pueblos, ciudades e incluso en naciones enteras. Escasez de maestros. Por razones desconocidas, las tasas del VIH/SIDA son extremadamente altas entre los maestros y administradores de escuelas, especialmente en África. En la República Centroafricana 107 escuelas han cerrado debido a la escasez de maestros, en gran parte a causa del VIH/SIDA. Según se estima, en los primeros 10 meses de 1998 murieron en Zambia 1.300 maestros, dos terceras partes del número de nuevos maestros adiestrados anualmente (361). En Botswana la mortalidad entre los maestros de escuela primaria aumentó un 60% en los últimos cinco años (364). Los investigadores estiman que en África un maestro con el VIH pierde 6 meses de tiempo profesional antes de desarrollar el SIDA y luego pierde otros 12 meses antes de morir a causa de la enfermedad (2, 162). En 1999, según las estimaciones, 860.000 niños del África Subsahariana perdieron a sus maestros a causa del SIDA (361). Podría haber por delante perturbaciones aún más graves en el sector educativo. En una encuesta de cuatro países: Kenía, Uganda, Zambia y Zimbabwe, se necesitarán por lo menos hasta fines de 2010 más maestros de los que hay disponibles, sobre todo en las zonas rurales (2, 162). En respuesta a esta situación, algunos planificadores de la educación están proponiendo formas de ayudar a los maestros mismos a aprender cómo evitar el SIDA y dando más vigor a los códigos de conducta que prohíben el contacto sexual entre maestros y estudiantes (212). Hay quienes están ya pidiendo nuevos métodos educativos, como la enseñanza a distancia para maestros y estudiantes, la capacitación en el trabajo y la expansión de establecimientos de preparación de maestros (62). El impacto de la escasez de maestros en el futuro de los jóvenes probablemente se sienta de varias maneras, como por ejemplo, la falta de oportunidades para estudiar y las clases con mayor número de alumnos. Es probable que para los estudiantes, la presencia en el aula de un maestro que gradualmente sucumbe víctima del SIDA sea un impacto psicológico debilitante (364). La infancia perdida. Allí donde las defunciones causadas por el SIDA han obligado a muchos adolescentes a asumir el papel de adultos, la transición de la infancia a la vida adulta está desapareciendo. A menudo los niños tienen que abandonar la escuela para cuidar a un padre o pariente que se está muriendo. Como el SIDA consume el presupuesto familiar, queda menos dinero para la educación de los niños, la atención de la salud y otras necesidades. En Tailandia, por ejemplo, 15% de las familias campesinas afectadas por el SIDA sacaron a un niño de la escuela. En Côte d’Ivoire, los gastos de la familia en educación se han reducido a la mitad (4, 162). En Uganda, después de la muerte de uno de los padres o de ambos, la probabilidad de que los niños vayan a la escuela baja a la mitad y los jóvenes que van a la escuela pasan en ella menos tiempo que antes. Además, los niños que cuidan a parientes con SIDA pero siguen yendo a la escuela suelen ser mayores que sus compañeros y tienden más a dejar temprano la escuela (4, 222). Algunas de las estrategias propuestas para aliviar el impacto del VIH/SIDA en los niños son los subsidios para los gastos escolares, como uniformes y derechos de matrícula. Otras incluyen el ofrecimiento de vales para alimentos u otra forma de asegurar que el niño reciba una comida (4). Disminución de la productividad. La pérdida de adultos a raíz del SIDA probablemente provoque la disminución de la productividad en los países más castigados. Algunos economistas prevén que en el sector manufacturero la mortalidad por SIDA llevará a una declinación de las entradas y por ende a un crecimiento económico más lento (406). El VIH/SIDA probablemente lleve a la escasez de mano de obra, sobre todo en la agricultura. En algunas regiones ya se está informando que están disminuyendo los cultivos alimentarios (162). Es improbable que los jóvenes sin experiencia como agricultores sepan mucho acerca de prácticas fundamentales como el riego, el mejoramiento de los suelos y el manejo eficaz del ganado. Solo serían capaces de cultivar lo que pueden hacer por sí mismos, lo que significaría pasar de los cultivos comerciales a la agricultura de subsistencia (162). En combinación con prácticas antisociales como apoderarse de la tierra de las viudas o los huérfanos por causa del VIH/SIDA, esas tendencia podrían poner en peligro la seguridad alimentaria en algunas regiones, lo que ya es un serio problema en numerosos países de bajos ingresos (124). |