Contenido

        Capítulos
  1. Crecimiento de la población y necesidades alimentarias
  2. Hambre en medio de la abundancia
  3. Límites y restricciones
  4. Pasos que llevan a la seguridad alimentaria
  5. Coordinación de las políticas demográficas y agrícolas

Temas Principales


Publicación del Population Information Program, Center for Communication Programs, The Johns Hopkins School of Public Health, 111 Market Place, Suite 310, Baltimore, Maryland 21202-4012, USA


Volumen XXV, Número 4
Diciembre de 1997
Serie M, Número 13
Hambre en medio de la abundancia

Aunque en muchas zonas abundan los alimentos, millones de habitantes de países en desarrollo están desnutridos (ver la Figura 1, Desnutrición Crónica). Todos los años unos 18 millones de personas, en su mayoría niños, mueren de inanición, desnutrición y causas conexas. Se estima que dos mil millones de personas sufren de desnutrición y deficiencias nutricionales; unos 840 millones de ellas están crónicamente desnutridas (70, 97, 98, 99, 131, 133). En África subsahariana nada menos que 70% de las mujeres están anémicas (117, 133).

Aproximadamente 200 millones de niños menores de cinco años —40% de todos los niños de esta edad en el mundo en desarrollo— carecen de nutrición suficiente para llevar una vida plenamente activa (3, 128). Un indicador de la desnutrición crónica entre los niños es el porcentaje de éstos con retraso del crecimiento —o sea, de corta talla para su edad en comparación con los patrones internacionales establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS). El retraso del crecimiento entre los niños de 3 meses a 3 años de edad varía ampliamente de un país a otro, pero al menos un niño de cada tres presentaba retraso del crecimiento en más de 40% de los países encuestados por las Encuestas Demográficas y de Salud entre 1987 y 1996 (80, 92).

Las recientes proyecciones del Instituto Internacional de Investigaciones sobre Política Alimentaria (IFPRI) indican que no es probable que el hambre y la malnutrición infantil se reduzcan mucho en los próximos decenios. Según el IFPRI, 150 millones de niños menores de seis años estarán aún malnutridos en 2020, apenas 20% menos que en 1993. Se prevé que en África el número de niños malnutridos aumentará en un 45% entre 1993 y 2020, elevándose a 40 millones (137).

Como ha ocurrido a lo largo del tiempo, las hambrunas matan periódicamente a millones de los habitantes más pobres del mundo. En 1974, por ejemplo, Bangladesh sufrió esta experiencia. Aunque en muchos distritos había alimentos disponibles, éstos no llegaban a los agricultores pobres que a raíz de las extensas inundaciones habían perdido sus cosechas. Como además no tenían dinero para comprar alimentos, muchos de ellos murieron de hambre (69).

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En muchas partes del África subsahariana es común que la gente no tenga bastante para comer. Mundialmente, todos los años unos, 18 millones de personas, en su mayoría niños, mueren de inanición, desnutrición y causas conexas.

Las familias más vulnerables al hambre y sus consecuencias son las familias grandes y pobres de las zonas rurales y las de los asentamientos urbanos de ocupantes ilegales (98, 117). Como las familias pobres deben gastar casi todos sus ingresos sólo para comer, poco es lo que les queda para educación, atención de la salud, saneamiento o vivienda (99, 132). Es común que los habitantes de las aldeas digan que no tienen los medios para alimentar a una familia numerosa y proveer lo necesario para una vida decente (90). Es difícil escapar de este ciclo de pobreza (98, 131, 133). Muchos pobladores rurales dicen que, si hubieran conocido y practicado la planificación familiar apenas llegados a la edad reproductiva, habrían tenidos menos hijos (ver los perfiles, Zongo Adulsallam, Rangit Kaur, and Leopoldo Torrez).

La escasez estacional de alimentos es una amenaza para la salud y el bienestar de numerosos agricultores de subsistencia y sus familias. Para sobrevivir, muchos agricultores debe mudarse por un tiempo a pueblos y ciudades para buscar empleo como asalariados o trabajar de peones para los terratenientes más ricos. En tiempos difíciles, los agricultores de subsistencia tienen incluso que vender parte de sus tierras para comprar comestibles y pagar las deudas. Si no pueden volver a comprar esas tierras en tiempos mejores, deben luchar para vivir de parcelas cada vez más pequeñas. Algunos pierden toda la tierra que poseían (62).


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