Contenido

        Capítulos
  1. Crecimiento de la población y necesidades alimentarias
  2. Hambre en medio de la abundancia
  3. Límites y restricciones
  4. Pasos que llevan a la seguridad alimentaria
  5. Coordinación de las políticas demográficas y agrícolas

Temas Principales


Publicación del Population Information Program, Center for Communication Programs, The Johns Hopkins School of Public Health, 111 Market Place, Suite 310, Baltimore, Maryland 21202-4012, USA


Volumen XXV, Número 4
Diciembre de 1997
Serie M, Número 13
Satisfacción de las necesidades de la mujer como productora de alimentos

En los países en desarrollo las mujeres producen hasta el 90% de todos los alimentos para el consumo familiar. En África subsahariana las mujeres cultivan del 80% al 90% de esos alimentos; en el Caribe, 45%, y en América Latina, más del 30% (49, 117).

Por otra parte, como productoras de alimentos, las mujeres enfrentan aún más dificultades que los hombres. En muchos países las mujeres no pueden poseer ni heredar bienes. Las mujeres tienen menos oportunidades que los hombres de aprovechar los servicios de capacitación técnica y de extensión agrícola y el crédito financiero (58, 117, 133). En África subsahariana, por ejemplo, las mujeres comprenden 60% del total de la fuerza de trabajo agrícola, pero reciben menos del 1% del crédito disponible para la agricultura (117). Estas desventajas han contribuido a la "afeminación de la pobreza" —es decir, una parte desproporcionada de los habitantes pobres del mundo son mujeres (117, 135).

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Las mujeres desempeñan un importante papel en la producción alimentaria. Al expandirse las ciudades, agricultores urbanos como la Sra. Cao Renping en su invernadero cerca de Beijing, están produciendo crecientes cantidades de alimentos.
Además, en algunos países las mujeres son víctimas de la discriminación alimentaria. En partes de Asia meridional, por ejemplo, pese al hecho de que las mujeres y las niñas mayores hacen casi todo el trabajo pesado (excepto arar), los hombres y los niños varones suelen consumir el doble de calorías (133). Solo 20% a 40% de todas las mujeres en edad fértil del mundo en desarrollo reciben el mínimo requerido de calorías para una vida saludable y productiva —una alimentación diaria de 2.200 calorías (115).

Las políticas y programas pueden abordar la discriminación contra las mujeres y las niñas. Por ejemplo, a principios de los años noventa la India proclamó una ley por la cual se acordaba a las mujeres iguales derechos que a los hombres, inclusive el derecho de poseer y heredar tierras. Las autoridades esperan que, si la ley puede ponerse en vigor a nivel de distrito, las mujeres estarán en mayor pie de igualdad con los hombres y serán más capaces de participar en programas de desarrollo comunitario (118). La introducción de huertas escolares y programas de alimentación suplementaria para los niños en las guarderías infantiles y escuelas primarias puede alentar a las familias pobres a enviar a sus hijas mujeres a la escuela para que se las alimente.

Los servicios agrícolas pueden vincularse a los servicios de planificación familiar locales siempre que sea practicable y apropiado (49, 99). En algunas zonas rurales pobres en las que los servicios de salud reproductiva no están ampliamente disponibles, se ha capacitado a los agentes de extensión agrícola para que provean información y suministros anticonceptivos al menos hasta que puedan introducirse los servicios de salud. En las Filipinas y Kenya, por ejemplo, se emplea a las mujeres para que trabajen de agentes de extensión en un esfuerzo por abordar las necesidades de las mujeres agricultoras. Algunas de estas trabajadoras han recibido capacitación para suministrar información y asesoramiento sobre planificación familiar (107, 117).

El mejoramiento del acceso a la atención de salud, incluido un conjunto de servicios de salud reproductiva y planificación familiar, es vital para ayudar a las mujeres a mejorar su vida, para lo cual también deberán ser más capaces de obtener lo suficiente para comer (33, 99, 108, 133). Si se les dan a las mujeres más opciones —tener el número preferido de hijos, ir a la escuela y participar más en actividades económicas— las comunidades también pueden beneficiarse puesto que habrá más productividad, mejor manejo de los recursos y mayor bienestar familiar (59, 115, 117, 135).


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