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Publicación del Population Information Program, Center for Communication Programs, The Johns Hopkins School of Public Health, 111 Market Place, Suite 310, Baltimore, Maryland 21202-4012, USA
Diciembre de 1997 Serie M, Número 13 |
Perfiles Zongo Adulsallam, de 68 años, ha vivido siempre como agricultor de subsistencia en Kokologo, una aldea de las miles de Burkina Faso. Kokologo se halla en el medio del cinturón agrícola de Burkina Faso, a unos 60 kilómetros al oeste de Ouagadougou, la capital del país. Aun en un buen año las cosechas producen sólo lo suficiente para alimentar a la gente de la aldea por apenas la mitad del año. Como otros agricultores de la zona, Zongo trabaja el suelo seco para cultivar mijo, sorgo, cacahuetes y frijoles. Las lluvias son estacionales y generalmente escasas; la tierra está excesivamente trabajada y el suelo se ha degradado. "La vida es dura para nosotros", dice Zongo, "pero al menos tenemos nuestras pequeñas parcelas". Pero con cada nueva generación de hijos, las parcelas se dividen en unidades cada vez más pequeñas. "Mis nietos no podrán ganarse la vida con las parcelas que les toquen", dice Zongo. "Pasan la mitad del año en Ouagadougou empleándose en lo que pueden." La vida en Kokologo está mejorando gradualmente; la tasa de mortalidad de los lactantes, por ejemplo, está bajando. Un proyecto del Fondo de Población de las Naciones Unidas (FNUAP) brindó recientemente servicios de planificación familiar a la aldea. Zongo reflexiona: "Si hubiera adoptado la planificación familiar, hoy día mis nietos podrían ganarse bien la vida con la tierra. Tal vez mis hijos podrían haber ido a la escuela." La producción de alimentos sigue siendo un problema. La sequía crónica ha traído al desierto más cerca que nunca. Pero el gobierno ha comenzado a suministrar a la aldea una estirpe mejor de mijo capaz de sobrevivir con menos lluvia. Zongo espera que la producción de mijo y sorgo de los pobladores mejore. Es optimista acerca del futuro. "Todos haremos nuestra parte. Sólo podemos rogar que Dios haga su parte."
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Para las 175 familias de la aldea de la Sra. Kaur, situada en la región montañosa del estado de Haryana, el ganado no es el único problema. Ni la liberalidad de la naturaleza ni las obras del hombre se han volcado en Thaska. Durante la época de los monzones, las lluvias dejan la aldea anegada y llena de barro, y durante la estación seca es un lugar caluroso y polvoriento. No hay servicios públicos de atención de salud ni dispensarios de planificación familiar.
Junto con los efectos del ganado, las sequías prolongadas han degradado gran parte de las tierras de cultivo de la aldea, que está lejos de ser autosuficiente en la producción de alimentos. Los pobladores cultivan trigo, maíz y cacahuetes. También extraen madera y pienso de un bosque cercano en virtud de un convenio con el Departamento Forestal del Estado de Haryana. Sin embargo, como dice la Sra. Kaur, "Incluso si tenemos suerte, nuestras existencias de alimentos duran sólo la mitad del año. Muchos de los hombres, incluso mi marido, deben migrar a pueblos vecinos en busca de trabajo. O si no, se emplean con terratenientes más grandes" [por el equivalente de US$0,50 por día].
Recientemente el gobierno construyó una represa de captación en las sierras boscosas detrás de la aldea, y la gente tiene más esperanza de tener una fuente más segura de agua la mayor parte del año. "Si tuviéramos también la posibilidad de planear mejor nuestras familias", dice la Sra. Kaur, "la escasez crónica de alimentos no sería tanta carga. Tendríamos menos bocas que alimentar."
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eopoldo Torrez El Chile, Nicaragua "Desearía haber tenido planificación familiar cuando era más joven. No hubiera tenido tantos hijos." | ![]() |
Por 20 años Torrez ha trabajado 2 hectáreas de tierra rocosa para ganarse a duras penas la vida. Él y su mujer tienen seis hijos que alimentar —tres niñas y tres varones. Con los frijoles y el maíz que cosechan pueden alimentar a la familia por sólo la mitad del año. Entre las cosechas, Torrez trata de encontrar trabajo de jornalero. Todos los hijos van a la escuela, pero en la época de la cosecha todos tienen que trabajar en el campo.
La vida es dura para la familia Torrez. Si tienen una mala cosecha o si Leopoldo no puede encontrar bastante trabajo entre las cosechas, a veces tienen poco que comer. Leopoldo es fatalista acerca del futuro. "Lo que será, será", dice. "Hasta ahora hemos sobrevivido. Tenemos que seguir adelante." Pero añade: "Desearía haber tenido planificación familiar cuando era más joven. No hubiera tenido tantos hijos."