CONTENIDO

        Capitulo
  1. La crisis venidera del agua
  2. Disponibilidad y uso del agua
  3. De frente a la escasez de agua
  4. Consecuencias del uso excesivo y la contaminación
  5. Otra dimensión: la salud
  6. Conservación y aprovechamiento de los recursos hídricos
  7. Hacia la revolución azul

TEMAS PRINCIPALES


Publicación del Population Information Program, Center for Communication Programs, The Johns Hopkins School of Public Health, 111 Market Place, Suite 310, Baltimore, Maryland 21202-4012, USA


Volumen XXVI, Número 1
Septiembre de 1998

Cómo se usa el agua

Es difícil estimar la cantidad de agua que se necesita para mantener estándares de vida aceptables o mínimos. Además, las diferentes fuentes de información emplean diferentes cifras para el consumo total de agua y para el uso del agua por sector de la economía (53).

En general se considera que un volumen de 20 a 40 litros de agua dulce por persona por día es el mínimo necesario para satisfacer las necesidades de beber y saneamiento solamente, según Peter Gleick, presidente del Pacific Institute for Studies in Development, Environment and Security. Si también se incluye el agua para bañarse y cocinar, esta cifra varía entre 27 y 200 litros per cápita por día (73).

Se han propuesto varias cantidades distintas como estándares mínimos. Gleick propone que las organizaciones internacionales y los proveedores de agua adopten "un requerimiento general básico de 50 litros por persona y día" como estándar mínimo para satisfacer cuatro necesidades básicas: para beber, saneamiento, bañarse y cocinar. En 1990, según estima Gleick, 55 países con una población cercana a los 1.000 millones de habitantes no satisfacían este estándar como promedio nacional (73). Falkenmark considera que la cifra de 100 litros de agua dulce per cápita por día para uso personal es una estimación aproximada de la cantidad necesaria para un estándar de vida mínimamente aceptable en los países en desarrollo, sin incluir los usos para la agricultura y la industria (65, 69, 73) (ver la capitulo 3.1).

La cantidad de agua que las personas realmente utilizan en un país depende no sólo de las necesidades mínimas y de cuánta agua se dispone para el uso, sino también del nivel de desarrollo económico y del grado de urbanización. Mundialmente, de las tres categorías corrientes del uso de agua dulce —para la agricultura, la industria y el uso doméstico (personal, familiar y municipal)— la agricultura es la que domina. En el plano mundial, la agricultura representa un 69% de todas las extracciones anuales de agua; la industria, un 23%, y el uso doméstico, un 8% (49, 53, 168, 176).

Existen grandes diferencias por región. En África se estima que 88% del agua dulce se utiliza para la agricultura, 7% para fines domésticos y 5% para la industria. En Asia el agua también se utiliza sobre todo para la agricultura, que según las estimaciones representa el 86% del uso total, mientras que la industria sólo representa el 8% y el uso doméstico, el 6%. En Europa, sin embargo, el agua se utiliza en su mayor parte para la industria, con 54% del total, mientras la agricultura representa el 33% y el uso doméstico el 13% (53).

El agua dulce y el desarrollo económico. El nivel de desarrollo económico de un país se refleja —además de ser una forma clave de medir el mismo— en el volumen de agua dulce que éste consume. La gente de aquellas regiones del mundo en desarrollo usa mucha menos agua per cápita que en regiones desarrolladas. En África, la extracción de agua anual per cápita para uso personal tiene un promedio de 17 metros cúbicos solamente (igual a 47 litros de agua por día), y en Asia, 31 metros cúbicos (igual a 87 litros por día). Por contraste, se estima que un uso comparable de agua en el Reino Unido sería de 122 metros cúbicos por año (334 litros por día), y en los Estados Unidas, 211 metros cúbicos por año (578 litros por día)(53).

Los países en desarrollo dedican casi toda el agua disponible a la agricultura. La India, por ejemplo, utiliza 90% del agua para la agricultura y sólo 7% para la industria y 3% para uso doméstico (53). Cuanto más alto es el nivel de desarrollo, más agua se utiliza para fines domésticos e industriales y menos para la agricultura. Pero hay algunas importantes excepciones a la regla. Japón, por ejemplo, aún utiliza la mayor parte del agua dulce para el riego de los arrozales. También en algunas zonas áridas de Europa, como España y Portugal, la mayor parte del agua disponible se utiliza para la agricultura de regadío (75).

En todo el mundo la demanda de agua dulce per cápita se está elevando considerablemente a medida que los países se desarrollan económicamente. La extracción de agua ha aumentado en las tres categorías principales del uso —para satisfacer la creciente demanda industrial, la creciente demanda doméstica, incluidos los servicios municipales, y la creciente dependencia del riego para la producción de alimentos (174) (ver la figura 4).

Urbanización. El nivel de uso del agua también pone de manifiesto el nivel de urbanización de un país. El bajo uso doméstico actual en muchos países en desarrollo a menudo refleja lo difícil que es obtener agua dulce. Los sistemas de agua por tubería son raros en las zonas rurales. Dos tercios de la población mundial, en su mayor parte en los países en desarrollo, obtienen el agua en fuentes públicas, pozos comunales, ríos y lagos, o el agua de lluvia recogida de los techos. Con frecuencia, la población rural —generalmente mujeres y niñas (214)— deben caminar varios kilómetros y pasar muchas horas yendo a buscar agua para la familia. En África, por ejemplo, las mujeres y niñas pasan 40.000 millones horas-persona por año acarreando agua (188).

Con la urbanización, el uso de agua aumenta notablemente. En 1900, por ejemplo, la familia media norteamericana utilizaba solo 10 metros cúbicos de agua por año, en comparación con más de 200 metros cúbicos hoy día (53). ¿Por qué? Cien años atrás, casi todos los habitantes de Estados Unidos extraían el agua de pozos y tomas de agua públicas. La mayoría de los hogares no disponían de agua corriente, excepto en las grandes ciudades, y la mayor parte de la población vivía en zonas rurales. Hoy, en cambio, prácticamente todos los hogares de Estados Unidos tienen agua corriente, que les cuesta muy poco a los usuarios.

A medida que el mundo se vuelve predominantemente urbano y la agricultura depende cada vez más del riego, será difícil para las ciudades satisfacer la demanda creciente de agua. En los países en desarrollo el rápido crecimiento urbano suele ejercer tremenda presión en los sistemas de abastecimiento de agua anticuados e inadecuados. Entre 1950 y 1980, por ejemplo, se triplicó e incluso se cuadruplicó la población de muchas ciudades de América Latina, como Bogotá, México, D.F., Sao Paulo y Managua. En ciudades sudafricanas como Nairobi, Dar es Salaam, Lagos y Kinshasa la población aumentó siete veces, sobre todo a causa del éxodo rural. En los años noventa, las ciudades de los países en desarrollo recibieron unos 60 millones de nuevos habitantes por año (63, 68). Pero muchos organismos no están equipados para administrar el abastecimiento municipal de agua, mientras algunos países tienen sistemas ineficaces de asignación del agua que lleva a que ésta escasee en las ciudades al mismo tiempo que se usan los recursos hídricos para la agricultura subvencionada (130).


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