CONTENIDO
TEMAS PRINCIPALES
Publicación del Population Information Program, Center for Communication Programs, The Johns Hopkins School of Public Health, 111 Market Place, Suite 310, Baltimore, Maryland 21202-4012, USA
Septiembre de 1998 |
Respuestas internacionalesLa primera conferencia internacional que advirtió acerca de la crisis venidera del agua tuvo lugar en 1977 —la Conferencia sobre el Agua de las Naciones Unidas celebrada en Mar del Plata, Argentina (218). A ésta han seguido varias otras, incluida la Reunión de Consulta Mundial sobre el Agua Potable y el Saneamiento para los años noventa, que tuvo lugar en Nueva Delhi en 1990, y la Conferencia Internacional sobre el Agua y el Medio Ambiente, celebrada en Dublín en 1992. En los Principios sobre el Agua de Dublín convenidos en la conferencia de 1992 se resumen los principios de la regulación sostenible del agua.
Hacer inversiones necesarias. Será difícil poner en práctica los principios. En su mayoría, los países necesitan realizar enormes inversiones en infraestructura de saneamiento y distribución del agua. En el mundo desarrollado, por ejemplo, el Reino Unido debe gastar en el próximo decenio cerca de US$60.000 millones en la construcción de plantas de tratamiento de aguas servidas a fin de satisfacer los nuevos estándares europeos de calidad del agua. Esto importa unos $1.000 por cada persona del país (166). Hungría enfrenta problemas parecidos. Un quinto de la población del país no está conectado a un sistema de alcantarillado en funcionamiento. Hungría necesitará invertir unos US$3.500 millones en los próximos dos decenios para conectar a todos sus ciudadanos a las plantas de depuración de aguas servidas (71). En los países en desarrollo uno de los problemas más apremiantes es la abrumadora necesidad de invertir grandes sumas en instalaciones de saneamiento y la provisión de agua limpia. El Banco Mundial ha estimado que en el próximo decenio se necesitarán entre US$600.000 millones y US$800.000 millones para satisfacer la demanda total de agua dulce, inclusive para saneamiento, riego y generación de energía (164). De esta enorme suma, el Banco Mundial podrá prestar sólo US$35.000 a US$40.000 millones como máximo (164, 165). El resto tendrá que venir de una combinación de financiación pública e inversión privada. Pero para la mayoría de los países en desarrollo será difícil, si no imposible, financiar ese resto. En América Latina solamente, por ejemplo, se estima que las inversiones en gestión e infraestructura de los recursos hídricos requerirán la suma de $100.000 millones en el curso de los dos próximos decenios (67). Evitar conflictos internacionales. Un aspecto importante de cualquier estrategia internacional de gestión de los recursos hídricos es ayudar a los países que comparten cuencas hidrográficas a confeccionar políticas factibles para ordenar los recursos hídricos más equitativamente. Un mundo escaso de agua es un mundo inherentemente inestable. Casi 100 países comparten 13 grandes ríos y lagos. Más de 200 sistemas hidrográficos atraviesan fronteras internacionales (137). Es posible que surjan conflictos, especialmente donde los países con poblaciones rápidamente crecientes y tierra arable limitada chocan por tener acceso a los recursos hídricos compartidos (222) (ver el recuadro ¿A la guerra por el agua?). El caso de la India y Bangladesh demuestra cómo pueden ordenarse las cuencas hidrográficas internacionales para satisfacer la demanda frente a suministros escasos de agua (137). El Ganges, el río más grande e importante del subcontinente, nace en Nepal y recorre 2.600 kilómetros a través de tres estados indios densamente poblados: Uttar Pradesh, Bihar y Bengala Occidental, antes de entrar a Bangladesh y desembocar en la bahía de Bengala. El río toca las vidas de 500 millones de personas, muchas de las cuales dependen del río para subsistir con la agricultura y la pesca. Después de medio siglo de amarga rivalidad por tener acceso a las aguas del Ganges, la India y Bangladesh firmaron en diciembre de 1996 un nuevo convenio para compartir el agua por 30 años. Ambos países han proclamado una nueva era de ordenación de las aguas (19). El convenio, de aplicarse en su totalidad, garantizará que Bangladesh reciba una cantidad mínima de agua durante la estación seca, especialmente en los tres meses más secos del año: marzo, abril y mayo. El nuevo tratado establece períodos de 10 días durante estos tres meses, durante los cuales la India y Bangladesh tendrán acceso en forma alternada a una cantidad convenida de agua que llega a la enorme presa de Farakka, construida por la India en 1974 en un esfuerzo por tomar para sí la mayor cantidad de agua posible antes de que el Ganges llegue a Bangladesh. A fin de asegurar que se cumpla el convenio, un grupo de inspectores de los dos países observará el caudal en la presa de Farakka durante los meses secos (19). Los críticos argumentan que si el convenio ha de tener efecto a largo plazo, la India debe comenzar a ordenar la cuenca del Ganges mucho mejor que hasta ahora (37, 163). A causa de la deforestación en Nepal y el norte de la India, ha aumentado mucho la cantidad de sedimento que arrastra el agua hasta el río durante la estación de los monzones, atascando las vías fluviales y aumentando la incidencia de inundaciones perjudiciales. A menos que se encuentre la manera de captar escorrentías más estables durante la estación húmeda para aprovecharlas durante la estación seca, los agricultores indios podrían sentirse tentados a sacar toda el agua posible del río durante los meses más secos y hacer peligrar así el convenio. Pese a las reservas precitadas, el hecho de que dos países vecinos hayan negociado con éxito y llegado a un completo acuerdo acerca de un asunto tan contencioso es un signo positivo. El convenio promete permitir un suministro más equitativo de agua del Ganges a Bangladesh, situado aguas abajo, y fomentar mejores prácticas de ordenación de las aguas en la India, situada aguas arriba (137). |