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Cómo medir el impacto de la población
Ciudades de vanguardia
Calentamiento atmosférico mundial: signos inquietantes
Cinco extinciones, y se sigue contando
Una agenda para los cambios
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No existe ninguna manera fácil de medir el impacto total de las actividades humanas en el medio ambiente. Se han ideado, empero, varios métodos con ese fin:
Contabilidad de los recursos ambientales
En la contabilidad de recursos ambientales se intenta dar un valor económico a los “bienes y servicios ambientales” utilizados, recursos naturales que habitualmente se han considerado gratuitos y se han aprovechado en común. Están incluidos entre ellos el agua dulce no contaminada, el aire limpio, la vida oceánica, los bosques y las zonas pantanosas. En un estudio reciente, Robert Costanza, de la Universidad de Maryland, estima que el valor total de los servicios y productos del ecosistema es de US$33 billones por año. Esta cantidad es superior al valor total de la economía global tal como se la mide normalmente (US$29 billones en 1998) (41, 163).
Algunos economistas argumentan que el valor de los bienes y servicios deberá incorporarse en las estimaciones del Producto Interno Bruto (PIB), como los bienes manufacturados. A diferencia del capital manufacturado, que se deprecia en valor con el tiempo, no se considera actualmente que el capital ambiental (como bosques, pesquerías y aire y agua no contaminados) se deprecie, y no se cobra por el ingreso actual al usarlo. “Un país puede agotar sus recursos minerales, talar los bosques, provocar la erosión de los suelos, contaminar los acuíferos y capturar las especies silvestres terrestres y acuáticas hasta extinguirlas, pero el ingreso medido no resultaría afectado al desaparecer estos bienes naturales,” observa Robert Repetto, del World Resource Institute (98, 192).
Si los recursos naturales se valuaran de la misma manera que los bienes manufacturados, podría ayudarse a las economías a aprender a usarlos más eficientemente y a conservarlos a fin de asegurar su uso continuado en el futuro. Esas valoraciones también podrían ayudar a indicar los beneficios económicos que reporta la protección del medio ambiente así como los beneficios ecológicos. En otras palabras, en lugar de continuar reduciendo el “capital ambiental” hasta que se termine, las economías podrían comenzar a vivir de su interés, manteniendo el capital para usarlo por tiempo indefinido en el futuro (90).
I = P x A x T
La ecuación I = P x A x T representa otro esfuerzo por describir el impacto total de la humanidad en el medio ambiente. En la ecuación:
- I es el impacto ambiental,
- P es la población (incluido el tamaño, crecimiento y distribución),
- A es el nivel de afluencia (consumo per cápita), y
- T es el nivel tecnológico
Pese a sus limitaciones, como por ejemplo, la incapacidad para asignar valores reales a cada componente o para describir cambios en los factores a lo largo del tiempo, la ecuación es valiosa. Pone de relieve, en particular, que los países en desarrollo con poblaciones grandes y de rápido crecimiento afectan el medio ambiente, aunque sus niveles de afluencia sean bajos, mientras que los países del mundo desarrollado, con poco o ningún crecimiento de la población, tienen considerable impacto ambiental por ser tan alto el consumo per cápita (54, 55, 92, 212).
La ecuación deja ver claramente que la desaceleración del crecimiento de la población es una parte fundamental de cualquier estrategia destinada a reducir el impacto de la humanidad en el medio ambiente. Por ejemplo, aun si el consumo de recursos per cápita (A) declinara o si las tecnologías (T) mejoraran lo suficiente como para reducir el impacto ambiental (I) de la humanidad en un 10%, esta ganancia se cancelaría en menos de un decenio porque la población mundial (P) está creciendo a más del 1% por año (92, 240). Puesto que es previsible que el consumo de recursos per cápita ha de aumentar a medida que se elevan los niveles de vida, la protección del medio ambiente requiere tecnologías de producción más eficientes, menos desperdicio, y finalmente, un tamaño estable de la población mundial (245, 247).
Huellas ecológicas de las naciones
En 1997, como parte de la revisión quinquenal de las condiciones ambientales a continuación de la Cumbre de la Tierra de Rió, El Consejo de la Tierra de Costa Rica patrocinó un importante estudio titulado “Huellas ecológicas de las naciones”. El investigador principal era Mathis Wackernagel, de la Universidad de Anahuac de Xalapa, México.
En el estudio de Wackernagel se calcularon, nación por nación, las zonas biológicamente productivas que se necesitan para suministrar los recursos consumidos por la población y para absorber los desechos, dados los niveles prevalecientes de tecnología. Como explica Wackernagel, “Todos tienen un impacto en la Tierra, pues todos consumen los productos y servicios de la naturaleza. El impacto ecológico corresponde a la cantidad de naturaleza que ocupan para seguir adelante. En otras palabras, calculamos las ‘huellas ecológicas’ de estos países” (249).
Wackernagel y colaboradores calcularon las huellas ecológicas de 52 naciones que contienen 80% de la población mundial y representan 95% del producto interno mundial. Los investigadores concluyeron que los habitantes del mundo están usando aproximadamente un tercio más de la productividad biológica de la tierra que la que puede regenerarse (249).
Densidad máxima de población
Por “densidad máxima de población” se entiende el número de habitantes que la tierra puede sostener. Lógicamente, el crecimiento de la población debe detenerse en algún momento, o la tierra estará superpoblada y se agotarán sus recursos. Pero, ¿cuál es la población humana máxima?
Esta pregunta se ha estado debatiendo desde 1798, cuando el economista inglés Thomas Malthus pronosticó que en algún momento el crecimiento de la población sobrepasaría inevitablemente los suministros de alimentos y agua. Desde entonces las estimaciones sobre la población máxima han variado mucho, según qué supuestos se adopten respecto de la tecnología, niveles de consumo y otros factores que no son fáciles de pronosticar (38). Hay quienes incluso han argumentado que la densidad máxima de población puede ser ya excesiva en el sentido de que el mundo podría sostener sólo 2.000 millones de habitantes si la tasa de consumo del mundo entero fuera igual a la de los habitantes de Norteamérica y Europa Occidental (42).
Mientras nadie puede saber cuántos habitantes podría sostener la tierra, pocos querrían saberlo por experiencia propia, al llegar a este límite teórico. Parece menos importante calcular el número máximo de habitantes que podrían existir en la tierra que determinar cómo pueden aprovecharse atinadamente y manejarse de manera sostenible los recursos para mejorar los niveles de vida sin destruir finalmente el medio ambiente natural que sostiene la vida misma. |
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El rápido crecimiento de las ciudades en el mundo en desarrollo
las coloca a la vanguardia de la lucha por niveles de vida mejores
y la protección del medio ambiente. Desde 1950 la población
urbana se ha triplicado con creces, de poco más de 750 millones
a unos 3.000 millones (171).
En 2030 unos 5.000 millones de habitantes vivirán en ciudades
(239, 243). En el mundo en desarrollo
la población urbana, según las proyecciones, aumentará al doble,
de 1.900 millones en 2000 a poco menos de 4.000 millones en
2030 (165, 239).
Mundialmente, unos tres cuartos del crecimiento actual de la
población es urbano (222, 239).
Se estima que las ciudades están agregando 55 millones de habitantes
por año, más de 1 millón de nuevos residentes por semana resultantes
de la migración interna y del aumento natural de la población
dentro de las ciudades. En los países en desarrollo muchas ciudades
están creciendo dos o tres veces más rápidamente que la población
del país en conjunto (58, 84). A medida que las ciudades se
vuelven cada vez más grandes, su impacto en el medio ambiente
aumenta de manera exponencial (249).
El surgimiento de las megaciudades
En las Naciones Unidas se acuñó en los años setenta el término
megaciudades para describir las ciudades con 10 millones o más
de residentes. Todavía en 1975 había sólo cinco megaciudades
en todo el mundo. Actualmente hay 19, de las cuales 15 se hallan
en países en desarrollo. En 2015 el número de megaciudades se
elevará a 23 (239) (ver el Cuadro
4). “Las megaciudades han cautivado
el interés del público porque no hay precedentes históricos
de ciudades tan enormes y debido a la percepción popular de
que el bienestar humano declinará en concentraciones humanas
tan densas”, escribe el demógrafo Martin Brockerhoff (273).
Millones de personas se trasladan del campo a la ciudad en busca de una vida mejor, pero a menudo encuentran que la vida les resulta más difícil. En muchas ciudades, 25% a 30% de la población urbana vive en barriadas precarias o en asentamientos ilegales, o vive en la calle (85, 222). De los 10,6 millones de residentes de Río de Janeiro, por ejemplo, 4 millones viven en asentamientos ilegales y en barrios pobres, algunos de ellos precariamente posados en lo alto de un cerro (215). Pese a todo, en los países en desarrollo las ciudades continúan atrayendo cada vez a más personas.
Las ciudades ocupan sólo 2% de la superficie terrestre del
mundo, pero sus habitantes tienen un impacto desproporcionado
en el medio ambiente. En Londres, por ejemplo, se necesita aproximadamente
60 veces la superficie que ocupa la ciudad para abastecer de
alimentos y productos forestales a los 9 millones de residentes
(171). Como el comercio y las
actividades económicas se han expandido notablemente en los
últimos años, los residentes de la ciudad consumen recursos
provenientes no sólo de las zonas circundantes, sino cada vez
más de todas partes del mundo (171,
191). Las zonas urbanas también exportan sus desechos y contaminantes,
afectando el medio ambiente y las condiciones de salud de lugares
alejados de ellas.
¿Qué puede hacerse?
A la larga, la desaceleración del crecimiento de la población ayudaría a aliviar la presión ejercida en las ciudades, ganando tiempo para introducir mejoras tecnológicas. Las municipalidades también pueden tomar ahora una cantidad de medidas, como la instalación de mejores sistemas de transporte, la promoción del reciclaje y el estímulo a la conservación del agua.
Transporte público. Una de las mejores inversiones que pueden hacer las ciudades —tanto desde el punto de vista ambiental como del económico— es la que se destine a un sistema eficiente de transporte público. En numerosas ciudades la gente desperdicia mucho tiempo y combustible sin ir a ninguna parte debido a la increíble congestión del tráfico. En muchas zonas urbanas los escapes de los vehículos representan entre 50% y 70% de las emisiones contaminantes. Si se restringiera el número de vehículos automotores mediante el ofrecimiento de otros medios de transporte se ahorraría energía y se reduciría la contaminación. Algunas ciudades como Amsterdam y Copenhague, por ejemplo, han ayudado a mitigar la crisis del transporte mediante la creación de carriles especiales para el tránsito de bicicletas y el fomento del uso de éstas.
Reciclaje. La transformación de montañas de desehos urbanos en nuevos recursos es ventajosa tanto desde la perspectiva ambiental como económica. Mediante el reciclaje se ahorran recursos naturales y se reduce la cantidad de desperdicios depositados en los basurales o volcados en los ríos, lagos y océanos. Cabe añadir que por cada millón de toneladas de desechos sólidos podrían crearse unos 1.600 puestos en tareas de reciclaje tanto en los países en desarrollo como en los desarrollados (271).
Conservación del agua. El uso per cápita de agua dulce aumenta notablemente con la urbanización, a medida que millones de familias van obteniendo acceso al agua corriente, las industrias se multiplican y la agricultura de regadío en gran escala remplaza a la agricultura de subsistencia. En todas partes las ciudades necesitan adoptar medidas de conservación del agua. |
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En forma creciente, los científicos concuerdan en que la temperatura de la atmósfera terrestre es cada vez más elevada. A la larga, este cambio climático podría provocar la elevación del nivel de los mares de todo el mundo y otras consecuencias adversas (62). El uso de combustibles fósiles como fuente de energía y la extendida destrucción y quema de los bosques son las causas principales de las emisiones de carbono, los llamados gases de invernadero, que están detrás del calentamiento mundial de la atmósfera (20, 69, 110, 140, 167, 213, 264).
Una indicación del calentamiento mundial es que en los últimos 40 años la temperatura de la superficie oceánica (hasta los 300 metros de profundidad) ha subido, en promedio, medio grado centígrado (168, 209). La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos ha informado que el hemisferio norte se ha estado calentando más rápidamente aún, de hecho, 10 veces más velozmente que la tasa global medida, porque los océanos tropicales retienen el calor más fácilmente que otras zonas (168).
Subida del nivel de los mares
Según las proyecciones de los estudios, en 2100 la temperatura de la superficie de la tierra podría subir entre 1,0 y 3,5 grados centígrados (110). Si se alcanzara la proyección más alta, la capa de hielo de Groenlandia probablemente se derritiría. Como consecuencia, el nivel mundial de los mares subiría gradualmente hasta siete metros (176).
Los modelos computarizados proyectan que esta subida del nivel de los mares tendría lugar en más de un milenio. Algunos climatólogos piensan, sin embargo, que el nivel de los mares podría subir mucho más rápidamente, y señalan como ejemplo la notable reducción de la capa de hielo del Ártico en los últimos 30 años (138).
Aun una elevación de un metro del nivel del mar, que podría ocurrir hacia 2080, de acuerdo con los modelos computarizados, produciría la inundación de zonas costeras bajas del mundo. Desaparecería así, por ejemplo, gran parte del delta del Nilo en Egipto. Con esa misma elevación también se inundaría aproximadamente 20% de la costa de Bangladesh, con el consiguiente desplazamiento de millones de personas (111, 130).
Efectos adversos en la salud
Las temperaturas globales en aumento también tendrían consecuencias adversas para la salud. Al subir la temperatura y producirse con más frecuencia sequías e inundaciones, probablemente aumentaría la incidencia de enfermedades transmitidas por el agua y el resurgimiento y propagación de enfermedades infecciosas transportadas por los mosquitos y otros vectores transmisores de enfermedades (62).
Las temperaturas globales más altas también magnificarían los efectos de las actividades humanas en el medio ambiente, produciendo incluso más contaminación y destrucción de hábitats. Más aún, los cambios climáticos podrían contribuir a que algunos ecosistemas sobrepasen umbrales críticos y se produzca su declinación irreversible (166).
Consenso científico creciente
En 1988 se creó, bajo los auspicios de la Organización Meteorólogica Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, el Panel Intergubernamental sobre Cambios Climáticos. Participaron en el panel 2.000 científicos de diversas partes del mundo. Un informe presentado por el panel en 1996 llega a la firme conclusión de que el cambio climático mundial es una realidad y no sólo una posibilidad (110).
Después de examinar los datos, el panel determinó que:
- Las pruebas de que existe un vínculo entre el cambio climático y las actividades humanas son contundentes. El incremento de dióxido de carbono y otros gases que alteran el clima y ha trastornado el equilibrio de la tierra y su atmósfera.
- La superficie de la tierra se ha tornado más caliente, el número y el rigor de las tormentas han aumentado y el nivel mundial de los mares es 10–25 cm más alto que en el siglo pasado.
Puesto que el aumento de la temperatura es un problema mundial, las soluciones deben ser de envergadura mundial, concluyó el panel (110).
¿Por qué está cambiando el clima?
Los combustibles fósiles quemados en el transcurso de los últimos 150 años han liberado en la atmósfera unos 270.000 millones de toneladas de carbono en forma de gases de dióxido de carbono que acumulan calor (210). Desde 1950 a esta parte las emisiones mundiales de carbono han aumentado cuatro veces, elevándose a 6.300 millones de toneladas en 1997 (69). Otras emisiones que contribuyen al cambio climático son, entre otros, el metano (sobre todo del ganado doméstico y la agricultura), el óxido nitroso y los clorofluorocarbonos (262).
Las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono llegaron a ser de 363 partes por millón en 1998, el nivel más alto alcanzado desde el período de actividad volcánica masiva más de 160.000 años atrás, en base al examen de muestras extraídas del interior de las masas de hielo perforadas en la Antártida y el Ártico. Si continúan las tendencias actuales, las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono podrían aumentar al doble durante el presente siglo (69).
Unas tres cuartas partes del enorme aumento de emisiones de carbono registradas en la última mitad del siglo se deben al mayor consumo de energía per cápita y una cuarta parte, aproximadamente, al crecimiento de la población (21). Los países occidentales industrializados son los causantes de casi la mitad de las emisiones de carbono en la atmósfera, pero los países
en desarrollo están produciendo una proporción creciente a raíz del aumento de la actividad industrial y el crecimiento de la población. China es ahora el segundo productor más grande de emisiones de carbono, después de los Estados Unidos (69, 71).
La desaparición de los vertederos de carbono
Los bosques de la tierra son los vertederos del carbono que,
según se estima, absorben un tercio del dióxido de carbono liberado
en la atmósfera (ver la capitulo
6). Cuando los bosques se queman, sea naturalmente o
por operaciones de desmonte, no sólo se libera más carbono en
la atmósfera sino que también disminuye la cantidad de cubierta
forestal restante que lo absorbe.
Algunos científicos temen que las sequías causadas por el calentamiento atmosférico mundial contribuyan a aumentar los incendios de bosques, liberando así más emisiones de carbono en la atmósfera. En los seis meses de extensos incendios forestales en Asia durante 1997 y 1998, por ejemplo, se liberó más carbono en la atmósfera que el emitido en Europa Occidental en un año (21). La quema de árboles en los trópicos para el desmonte libera en la atmósfera 1.000 millones de toneladas de carbono por año (71).
Ante el volumen mayor de carbono que llena la atmósfera, los científicos temen que los bosques queden saturados y dejen de desempeñar su papel de vertederos de carbono. Ellos mismos empezarán, en cambio, a liberar carbono. Como dijera Will Steffen, de la Academia Real de Ciencias de Suecia: “Los bosques son reservorios temporales que pueden ayudar a ganar tiempo valioso para reducir las emisiones industriales, no el antídoto permanente de esas emisiones” (177).
Por otra parte, según las proyecciones de los modelos desarrollados por el Centro Hadley para la Predicción e Investigación del Clima del Reino Unido, al calentarse el mundo vastas fajas de bosques tropicales, especialmente en la cuenca del río Amazonas, podrían comenzar a secarse. En ese caso se extinguirían muchos bosques tropicales, a raíz de lo cual disminuiría aún más la capacidad para absorber dióxido de carbono de la atmósfera. Esta tendencia podría acelerar el calentamiento mundial (176).
La agricultura en riesgo
Los niveles más altos de dióxido de carbono en la atmósfera extenderían el período de cultivo agrícola y a corto plazo promoverían el crecimiento de los bosques, pero a largo plazo tendrían efectos potencialmente negativos en los cultivos y los bosques (110). Las regiones graneras del mundo serían menos productivas, a consecuencia de lo cual se añadirían en este siglo otros 350 millones de personas condenadas a pasar hambre (279). Se han proyectado grandes sequías en el África subsahariana como resultado del cambio de las características climáticas, reduciéndose las precipitaciones y secándose los suelos por períodos más prolongados (208).
De acuerdo con las proyecciones de NOAA de 1999, a mediados de este siglo los suelos de las regiones agrícolas del centro de Estados Unidos, Asia central y las zonas alrededor del mar Mediterráneo probablemente experimenten una reducción apreciable de la humedad del suelo durante el período de cultivo de verano por la posible elevación de los índices de evaporación. Al reducirse la humedad del suelo, esas zonas serían “particularmente vulnerables”, de acuerdo con el estudio (167).
Otros señalan que, irónicamente, el calentamiento atmosférico mundial podría producir temperaturas más bajas en el norte de Europa y Rusia, reduciendo también la producción agrícola en esas regiones (51, 176, 207).
Este cambio tendría lugar a causa de la enorme cantidad de agua dulce del Ártico producida al derretirse los casquetes polares, lo que reduciría la densidad del agua. Ese cambio interrumpiría el efecto de “correa transportadora” de la Corriente del Atlántico Norte, la corriente oceánica que transporta agua tropical caliente de la Corriente del Golfo a Escandinavia y el norte de Europa.
¿Qué puede hacerse?
¿Qué perspectivas hay de reducir las emisiones de dióxido de carbono en la atmósfera? El Marco de la Convención sobre los Cambios Climáticos de las Naciones Unidas se puso a la firma en la Cumbre de la Tierra de Río en 1992. El documento fue prontamente firmado y ratificado por la mayoría de los estados insulares de tierras bajas y países con extensas zonas costeras. La Convención establecía un esquema y un proceso para decidir más tarde sobre las acciones específicas; pedía a los estados signatarios que tomaran medidas preliminares para reducir las emisiones de gases de invernadero y alentaba la investigación científica sobre los cambios climáticos.
La Convención, empero, no era obligatoria y no establecía metas ni plazos (231). En diciembre de 1997 representantes de naciones de diversas partes del mundo se reunieron en Kioto, Japón, para negociar un acuerdo obligatorio. En virtud del Protocolo de Kioto, los países desarrollados se comprometieron a establecer objetivos para las emisiones individuales para el período 2008–2012, El resultado total proyectado sería una reducción por parte de esos países del 5% de las emisiones de los niveles de 1990 no más tarde de 2012 (238). Pero hasta ahora sólo 14 países, todos ellos del mundo en desarrollo, han ratificado el Protocolo, que no puede entrar
en vigor hasta que no lo ratifiquen por lo menos 55 países (6, 238).
La segunda rueda de negociaciones está programada para fines de 2000 en La Haya, Países Bajos. ¿Podrá verse algún progreso en esta reunión? Si no se actúa más vigorosamente, las tendencias de los cambios climáticos podrían llegar a ser irreversibles (167, 199).
 D. Hinrichsen |
Muchas de las áreas costeras bajas, como este manglar en Kenia, quedarían bajo las aguas si subieran los niveles del mar de acuerdo a lo que proyectan los modelos cientifícos basados en tendencias de calentamiento atmosférico mundial. La subida de tan sólo un metro de agua dejaría desplazados a millones de personas. |
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Vivimos en el período de mayor extinción de especies vegetales y animales desde que se extinguieran los dinosaurios unos 65 millones de años atrás (9, 56, 143, 246). La historia de la vida en la tierra abarca al menos cinco períodos en los que desaparecieron para siempre enormes cantidades de especies, debido sobre todo a los cambios del clima y el nivel de los mares. Algunos científicos temen que estemos al comienzo de una sexta extinción a causa de la obvia utilización errónea de los recursos de la tierra (56).
Primera extinción: Fin del período ordovícico. Unos 440 millones de años atrás. Ésta fue la segunda extinción más grave que se haya descubierto. Quedaron aniquiladas 85% de todas las especies.
Segunda extinción: Hacia fines del período devónico. Unos 365 millones de años atrás. Las especies marinas fueron las más castigadas en un proceso de extinción que tuvo lugar en dos oleadas separadas por un intervalo de un millón de años.
Tercera extinción: Fin del período pérmico. Unos 251 millones de años atrás. Se estima que se extinguieron 96% de todas las especies. Es la extinción más grande de todas. Asestó un golpe casi letal a los reptiles de características mamíferas que habían regido la vida terrestre por 80 millones de años. Los dinosaurios los remplazaron como especie dominante.
Cuarta extinción: Fin del período triásico. Unos 205 millones de años atrás. Se estima que desaparecieron 76% de todas las especies, en su mayor parte criaturas marinas.
Quinta extinción: Fin del período cretásico. Unos 65 millones de años atrás. Ésta es la extinción en masa más famosa de todas porque señaló el fin de los dinosaurios, que habían dominado la tierra firme durante 140 millones de años. Es probable que durante este lapso hayan desaparecido entre 75% y 80% de todas las especies.
¿Sexta extinción? Desde 1950 hasta ahora han desaparecido
unas 600.000 especies (164),
y casi 40.000 más están actualmente amenazadas (116). El ritmo
de extinción puede acelerarse por obra del consumo humano y
la contaminación de los recursos naturales, lo que unido al
calentamiento mundial y el alza resultante del nivel de los
mares, adquiriría proporciones alarmantes.
¿Podemos suponer que la vida en la tierra como la conocemos puede continuar cualesquiera que sean las condiciones ambientales? ¿O estamos preparando el escenario para llegar finalmente a la sexta extinción, la nuestra? |
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En la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo adoptada en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de 1992, la Cumbre de la Tierra, se expresó preocupación por el deterioro del medio ambiente y se establecieron metas para el mejoramiento. La “Agenda 21”, uno de los documentos emitidos en la Cumbre de la Tierra, consignó las recomendaciones para introducir los cambios convenidos por los 179 países participantes. Como ilustran los siguientes extractos de la “Agenda para los cambios”, una “versión en lenguaje claro” del documento de la Cumbre de la Tierra (125), la comunidad mundial ha apoyado metas ambiciosas de gran envergadura. Falta ahora adoptar políticas y tomar medidas para alcanzar esas metas.
Población y sostenibilidad. La población creciente del mundo, combinada con modalidades insostenibles de producción y consumo, está poniendo estrés creciente en el aire, la tierra, el agua, la energía y otros recursos esenciales.
- Las estrategias de desarrollo tendrán que abordar la combinación de crecimiento de la población, la salud de los ecosistemas, la tecnología y el acceso a recursos. La satisfacción de la necesidad insatisfecha en servicios de planificación familiar y salud reproductiva, debe formar parte de las estrategías nacionales para el desarrollo sostenible.
- El mundo necesita encontrar una mejor manera de predecir los posibles resultados de las actividades humanas actuales, como las tendencias demográficas, el uso de recursos per cápita y la distribución de la riqueza.
Protección de la atmósfera. La atmósfera se halla bajo la presión en aumento de los gases de invernadero que amenazan con cambiar el clima y de los productos químicos que reducen la capa de ozono. Los gobiernos deberán:
- Modernizar los sistemas energéticos existentes con vistas a una mayor eficiencia energética y desarrollar, además, nuevas fuentes de energía renovables.
- Promover la eficiencia energética nacional y las normas para las emisiones e implantar sistemas de transporte público que produzcan menos contaminación.
Lucha contra la deforestación. En todo el mundo los bosques se hallan amenazados por la degradación sin control y la conversión a otros usos debido a la presión humana creciente.
- Hay urgente necesidad de conservar y renovar los bosques en los países desarrollados y en desarrollo para mantener o restaurar el equilibrio ecológico y para satisfacer las necesidades humanas.
- Los gobiernos necesitan trabajar con las empresas, científicos, grupos comunitarios locales, poblaciones indígenas y el público en general para crear políticas de conservación y gestión de cada una de las regiones forestales y cuencas hidrográficas.
Agricultura sostenible y desarrollo rural. El hambre es ya una constante amenaza para más de 800 millones de personas, mientras se tienen dudas sobre la capacidad del mundo para continuar satisfaciendo a largo plazo la demanda creciente de alimentos y otros productos agrícolas. La erosión, salinización, anegación y pérdida de fertilidad del suelo están aumentando en todos los países.
Agriculture has to meet rising needs mainly by increasing productivity, because most of the world's best croplands are already in use. At the same time, further encroachment on land that is only marginally suitable for cultivation must be avoided.
- La agricultura tiene que satisfacer necesidades crecientes y para ello necesita sobre todo aumentar la productividad pues la mayor parte de las mejores tierras arables del mundo ya se están explotando. Al mismo tiempo debe evitarse una mayor intromisión en tierras que son sólo marginalmente adecuadas para el cultivo.
- La agricultura y el desarrollo rural sostenibles requerirán importantes ajustes de las políticas agropecuarias, ambientales y económicas en todos los países y a nivel internacional.
Conservación de la diversidad biológica. La pérdida de la diversidad biológica del mundo continúa, sobre todo a raíz de la destrucción de hábitats, la sobreexplotación, la contaminación y la introducción de plantas y animales del exterior (conocidos como especies exóticas). La causa de esta declinación de la biodiversidad es la actividad humana, que representa una seria amenaza para nuestro desarrollo.
Se necesitan medidas urgentes y decisivas para conservar y mantener genes, especies y ecosistemas:
- Formular estrategias nacionales para conservar y aprovechar la diversidad biológica de manera sostenible e incorporar estas estrategias en todos los esfuerzos nacionales de desarrollo.
- Distribuir equitativamente los beneficios entre proveedores y consumidores de los recursos biológicos.
- Proteger los hábitats naturales. Promover la rehabilitación de los ecosistemas dañados.
Protección y ordenación de los océanos. Los océanos están bajo el creciente estrés ambiental derivado de la contaminación, la pesca excesiva y la degradación de las costas y los arrecifes de coral. Aproximadamente 70% de la contaminación marina se origina en tierra. Los países deberán comprometerse a controlar y reducir la degradación del medio ambiente marino. Deberán:
- Construir y mantener sistemas de tratamiento de aguas servidas y evitar la evacuación de aguas servidas cerca de las pesquerías de mariscos, tomas de agua y lugares para bañarse.
- Adoptar prácticas de explotación de la tierra que ayuden a reducir la escorrentía de tierra y desechos a los ríos y finalmente al mar. Usar plaguicidas y fertilizantes menos nocivos para el medio ambiente.
- Controlar y prevenir la erosión y sedimentación de las costas debido a los usos en tierra, como la construcción no planificada.
Protección y ordenación del agua dulce. En muchas partes del mundo hay escasez generalizada, destrucción gradual y contaminación creciente de los recursos de agua dulce. Entre las causas cabe citar las aguas servidas y los desechos industriales inadecuadamente tratados, la pérdida de áreas naturales de cuencas de captación, la deforestación y las prácticas agrícolas deficientes, que vierten plaguicidas y otros productos químicos en el agua. Los criterios siguientes son fundamentales:
- La manera de suministrar agua potable y saneamiento básico a todos los habitantes es aplicando el criterio de “algo para todos en lugar de más para algunos”. Este criterio puede aplicarse a través de servicios de bajo costo instalados y mantenidos a nivel de la comunidad.
- Es menester que las naciones identifiquen y protejan los recursos hídricos y se ocupen de que el agua se use de manera sostenible. Deberán aplicar programas eficaces de prevención y control de la contaminación del agua. Hay necesidad especial de tecnologías apropiadas de saneamiento y evacuación de desechos para las ciudades de bajos ingresos y alta densidad de población.
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