CONTENIDO

        Capítulos
  1. La tierra y sus habitantes
  2. La contaminación y los riesgos para la salud
  3. La alimentación del mundo en el futuro
  4. El agua dulce: sangre vital del planeta
  5. Océanos en decadencia
  6. Los bosques: pulmones de la tierra
  7. La diversidad biológica en peligro
  8. Hacia un mundo habitable

TEMAS PRINCIPALES


Publicación del Population Information Program, Center for Communication Pro-grams, The Johns Hopkins University School of Public Health, 111 Market Place, Suite 310, Baltimore, Maryland 21202, USA.


Volumen XXVIII, Número 3
Otoño de 2000
Serie M, Número 15
Temas especiales

Hacia un mundo habitable

Para asegurar un mundo habitable en el futuro se requiere practicar el desarrollo sostenible. Esto plantea la necesidad de llevar a cabo una gran empresa: habilitar a los habitantes del mundo para que satisfagan sus necesidades sin privar a las futuras generaciones de los recursos requeridos para que ellas a su vez satisfagan las suyas (259). Actualmente la humanidad está usando aproximadamente un tercio más de la productividad biológica de la tierra que la que puede regenerarse. Para lograr un desarrollo sostenible las personas deben aprender, en efecto, a vivir del “interés ecológico” del mundo en lugar de utilizar el “capital ecológico” (ver el recuadro Cómo medir el impacto de la población).

Continúa el debate acerca de la mejor manera de lograr un desarrollo sostenible (6, 8, 91, 189). Mientras tanto, en varias áreas se ha alcanzado algún progreso. Es particularmente importante:

  • mejorar la eficiencia energética;
  • planificar mejor las ciudades;
  • acabar con las subvenciones ambientalmente destructivas;
  • adoptar la gestión de los recursos hídricos;
  • salvar los bosques;
  • llevar a cabo una segunda revolución verde;
  • ordenar las zonas costeras y las pesquerías;
  • contener la contaminación, mejorar la salud;
  • salvaguardar la diversidad biológica; y
  • estabilizar la población mundial.

Mejorar la eficiencia energética

El uso más eficiente de la energía está adquiriendo el más alto grado de prioridad y convirtiéndose en el desafío más grande que enfrenta el mundo (50, 80). El 20% de la población que vive en los países más ricos consume aproximadamente 60% de la energía comercial del mundo (222). Los países industrializados, empero, usan la energía más eficientemente que los países en desarrollo, que por lo común no tienen los medios para invertir en tecnologías economizadoras de energía o en medidas de control de la contaminación (69, 222, 226, 261).

Desde la crisis del petróleo de 1973, los países desarrollados han adoptado tecnologías energéticas eficientes y eficaces en función de los costos. Estas tecnologías incluyen sistemas de calefacción y enfriamiento más eficientes, mejor aislamiento e iluminación y artefactos que usan mucha menos energía por unidad de rendimiento (69, 70, 248). La eficiencia energética también está aumentando a medida que los procesos industriales hacen menos uso intensivo de energía y los servcios públicos de electricidad encuentran que la conservación de energía, o “negawatts,” los beneficia (248). Otra mejora en términos de conservación es el aprovechamiento de fuentes de energía renovable, como la energía eólica, solar y geotérmica que, comparadas con los combustibles fósiles, son cada vez más competitivas en cuanto al precio. Más aún, causan poca o ninguna contaminación (60, 180).

Las medidas siguientes también podrían ayudar a conservar energía:

  • Estimular el diseño y uso de edificios de bajo consumo de energía (69). En la India, por ejemplo, Development Alternatives, una organización no gubernamental, ha diseñado una casa sencilla de material con apariencia de adobe que no necesita aire acondicionado. Está hecha con bloques especialmente diseñados que permiten la circulación del aire y unas nuevas tejas para el techo hechas de microconcreto, sin productos químicos ni fibras sintéticas (13).
  • Eliminar las subvenciones gubernamentales para combustibles fósiles. En 1991 las subvenciones directas para combustibles fósiles en todo el mundo ascendieron a un total de US$220.000 millones. Si se eliminaran estas subvenciones antieconómicas, costeadas con dinero de los impuestos públicos, y se ofrecieran alicientes tributarios (subvenciones) para la generación de energía eólica y solar se fomentaría el desarrollo de estos tipos de energía (70).
  • Fomentar en la industria los programas de eficiencia energética. Casi todos los países industrializados tienen programas voluntarios para fomentar la eficiencia energética en los lugares de trabajo. Los países en desarrollo también están iniciando esos programas. China, por ejemplo, ha introducido gratificaciones para el personal por las ideas sugeridas que lleven a un uso más eficiente de la energía. Desde 1990 estos programas han permitido ahorrar unos US$6.000 millones merced a la mayor eficiencia energética, lo que ha redundado en un aumento de la capacidad de competencia de las industrias (69).
  • Invertir en transporte público. El estímulo al uso de transporte público en remplazo de los vehículos individuales en las zonas urbanas es una tarea difícil pero cada vez más necesaria en vista del crecimiento de las poblaciones urbanas y el aumento de vehículos que circulan en ellas. Si se encontrara la manera de elevar el número de usuarios del transporte público, se contribuiría apreciablemente a la reducción de la contaminación y al ahorro de energía.
  • Introducir “hiperautomóviles”. Los hiperautomóviles —vehículos que pueden recorrer una distancia de 128 a 161 kilómetros con 3,8 litros de gasolina— ya se hallan en existencia, pero no se han producido en gran cantidad por la falta de demanda. Sería una buena inversión facilitar su adquisición, tal vez mediante el ofrecimiento de reembolsos del gobierno a los compradores. Estos vehículos son especialmente necesarios en las zonas urbanas envueltas en smog (248).

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