Table of Contents
Capitulos
- La fertilidad continúa en descenso
- El uso de anticonceptivos
- La mezcla de métodos anticonceptivos
- Conocimiento y disponibilidad de la anticoncepción
- Otras influencias directas en la fertilidad
- Preferencias en cuanto a la fertilidad
- Las mujeres jóvenes
- La supervivencia y la salud de los niños
- La salud materna
Temas principales

Publicación del INFO Project, Center for Communication Programs, the Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health, 111 Market Place, Suite 310, Baltimore, Maryland 21202, USA.
Volumen XXXI, Número 2,
Primavera de 2003
Serie M, Número 17
Temas especiales |
Las diferencias de edad en
relación con la fertilidad
Las tasas de fertilidad difieren de acuerdo a la edad de las mujeres. Estas diferencias son reflejo de preferencias reproductivas, la habilidad de actuar según estas preferencias, el comportamiento sexual y la fecundidad. Los patrones de edad de la fertilidad varían considerablemente entre regiones y países y entre los diferentes grupos dentro de los países (26).
En la mayoría de ellos, la fertilidad llega al punto máximo entre las mujeres de 20 a 24 años. No obstante, en casi la mitad de los países encuestados en África Subsahariana, este punto se extiende hasta los 29 años. Además, en estos países africanos las mujeres siguen teniendo hijos a mayor edad que en ninguna otra parte. En los países subsaharianos, las mujeres de más de 40 años contribuyen a la TFT un promedio de 0,5 hijo (98) (ver el cuadro A). Puede que la falta de disponibilidad y uso de la esterilización a través de gran parte de la región contribuya a explicar este patrón (93).
En la mayor parte de las regiones, la fertilidad ha descendido primero entre los grupos más jóvenes y los grupos de más edad. Sin embargo, en África Subsahariana, el patrón es algo diferente ya que en la mayoría de países la fertilidad ha descendido uniformemente en todos los grupos de edad. La excepción es Senegal, donde gran parte del descenso de 1,5 hijos en la TFT entre 1978 y 1997 se dio entre las mujeres de 30 años o menos, debido en parte al aumento de la edad al momento de casarse (124).
En los lugares con las tasas de fertilidad más altas, las mujeres generalmente tienen sus primeros partos a la edad de 20 años. Pero una fertilidad alta entre las adolescentes (entre 15 y 19 años) no necesariamente significa que la TFT de un país será alta (113). En Bangladesh, por ejemplo, la mayoría de las mujeres tienen su primer parto alrededor de los 18, pero la TFT de 3,3 hijos por mujer está entre las más bajas de Asia porque muchas mujeres dejan de tener hijos cuando son relativamente jóvenes (69).
Los niveles de fertilidad varían según los logros educativos de las mujeres, el lugar de residencia y otras características socioeconómicas. Esas diferencias son, a menudo, considerables.
Educación de la mujer. En la mayoría de los países encuestados, cuantos más años de estudios tiene una mujer, menor es su fertilidad. En lo que respecta a las mujeres, el logro educativo tiene un efecto más fuerte en la fertilidad que la educación en los hombres, u otras características del hogar, tales como la riqueza (5, 57).
En Malawi, entre las mujeres sin educación la TFT es de 7,3, mientras que entre aquéllas que terminaron su educación secundaria es sólo 3,0. En forma similar, en la República Dominicana la fertilidad entre las mujeres sin educación es el doble que entre las mujeres con educación secundaria, con TFT de 5,0 y 2,5, respectivamente (ver el cuadro B).
En general, el nivel educativo de las mujeres tiende a tener impacto en las tasas de fertilidad de todas las edades (115). La educación incide en la fertilidad mediante varios factores interrelacionados, incluyendo la condición socioeconómica de la mujer, situación dentro del hogar, edad al momento de casarse, tamaño deseado de familia, acceso a información y servicios de planificación familiar y uso de la anticoncepción (61).
Las mujeres con más educación habitualmente tienen aspiraciones personales más altas, y la educación puede abrirles las puertas hacia mayores logros y desarrollo personal (53), poniendo menos énfasis en la maternidad como la principal recompensa de la vida. La educación mejora la condición de la mujer (5, 30). Las mujeres que tienen mayor educación generalmente tienen mayor control de los recursos y mayor autonomía para tomar decisiones (53, 57).
La educación puede transformar las actitudes y llevar al cuestionamiento de las creencias y prácticas tradicionales, como las que apoyan la fertilidad alta (30, 53). En India, por ejemplo, es menos probable que las mujeres más educadas declaren tener preferencia por hijos varones (33) (ver Preferencias de género abajo).
Las encuestas confirman que las mujeres con mayor educación generalmente desean tener menos hijos que las mujeres menos educadas. También es más probable que usen planificación familiar y, por ende, logren la meta de no tener más hijos de los que desean (30, 100, 115, 131).
Los descensos de la fertilidad han seguido la tendencia de ocurrir primero entre las mujeres con más educación y alcanzar luego a aquellas con menor educación (5, 57, 69, 89, 115). No obstante, hoy en todo el mundo millones de mujeres con escasa escolaridad formal están utilizando la anticoncepción y teniendo menos hijos. Este hecho refuta el argumento de que es necesario difundir ampliamente la educación formal para obtener descensos substanciales en la fertilidad (97).
JHU/CCP
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En Bangladesh, la mayoría de las mujeres tienen sus primeros hijos muy jóvenes. Pero también muchas de ellas dejan de tener hijos a temprana edad a medida que se extiende el alcance de la planificación familiar. Debido a ello, se ha visto un descenso considerable de la fertilidad. |
Residencia rural o urbana. Junto con la educación de la mujer, las diferencias más sistemáticas de fertilidad entre los grupos reflejan en qué lugares viven las mujeres: si en zonas urbanas o rurales (35, 69, 76). En todos los países encuestados desde 1990, la TFT es más baja en las zonas urbanas, fluctuando de una diferencia de apenas 0,1 hijo por mujer en Mauricio hasta 3,4 hijos en Uganda (ver el cuadro B).
Históricamente, en países donde la fertilidad era alta y la transición demográfica
aún no había comenzado, normalmente las diferencias de fertilidad entre las zonas
urbanas y rurales eran mínimas. En países que atravesaban por la transición, sin
embargo, las diferencias urbanas y rurales crecieron porque los descensos de la
fertilidad a menudo ocurrían en las zonas urbanas. Los residentes urbanos generalmente
tienen mayor interés en la planificación familiar, mayor acceso a los anticonceptivos
modernos y mejor educación. Los niños de las zonas urbanas no representan una
ventaja económica para la familia, los costos de vida son altos y las normas sociales
que favorecen las familias grandes son más débiles que en el campo. A medida que
avanza la transición demográfica, las diferencias urbanas y rurales en cuanto
a la fertilidad decrecen. La norma de la familia pequeña se adopta a través del
país y la información y servicios de planificación familiar se hacen más ampliamente
disponibles. De este modo, los descensos de la fertilidad se difunden de las zonas
urbanas a las rurales y la fertilidad baja en todo el país (34, 87, 90, 91). De
los 30 países subsaharianos encuestados, sólo en 3 (Chad, Malí y Níger) la fertilidad
de las zonas urbanas permanece tan alta como para considerarla “anterior a la
transición demográfica” —es decir, una TFT por encima de 5,2 hijos por mujer (124)
(ver el cuadro B).
En las zonas rurales, sin embargo, la TFT continúa por encima de 5,2 en todos
excepto siete de los países subsaharianos: Cabo Verde, República Centroafricana,
Comoras, Kenia, Mauricio, Sudáfrica y Zimbabwe. Por lo tanto, en aquellos países
subsaharianos donde un menor porcentaje de la población vive en zonas urbanas,
los descensos de la fertilidad en el ámbito nacional han sido más lentos que en
los países más urbanizados de la región (28).
Preferencias de género. En África Subsahariana,
el Sudeste de Asia y América Latina y el Caribe, los niveles de fertilidad prácticamente
no se ven afectados por el deseo de la pareja de tener un hijo de un determinado
sexo (8). En partes del Cercano Oriente y Norte de África y partes del Sur de
Asia, sin embargo, la preferencia por hijos varones pone una presión hacia elevar
los niveles de fertilidad. En vista de que muchas parejas siguen teniendo hijos
hasta que nazca un varón, la fertilidad es más alta de lo que sería sin esta preferencia
de género.
Por ejemplo, un estudio de datos provenientes de seis países con marcada preferencia
por hijos varones (Bangladesh, Egipto, India, Nepal, Pakistán y Turquía), calculó
que el número de mujeres embarazadas en el momento de la encuesta sería de 9%
a 21% inferior si no hubiera esa preferencia por varones (8). Si no la hubiera
en India, la tasa de fertilidad nacional bajaría en 8% (78).
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